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Seguro que a lo largo de tu vida te has encontrado con más de un colaborador tóxico, esos trabajadores que empercuden el ambiente laboral de cualquier empresa y perjudican el normal desempeño profesional de todos los que están a su alrededor.

Estos perfiles son habituales de las compañías. De hecho, entre el 5 y el 15% de las empresas tienen entre sus filas empleados tóxicos, según el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE).

Lo mejor, ante un colaborador tóxico, es detectar su comportamiento lo antes posible, para controlar y atajar el problema de raíz, evitando que su influencia negativa se expanda por la organización.

En este sentido, Suzanne Benoit, fundadora de Benoit Consulting Services, resalta que en algunas ocasiones estos profesionales solo necesitan un toque de atención para reconducir su actitud, mientras que en otros casos, la toxicidad es tan elevada e irreversible que se hace necesario prescindir de estos trabajadores.

Por ello, la recomendación pasa por reforzar los valores de la empresa, ensalzar las actitudes positivas como técnica para evitar el contagio y tratar de hablar con el colaborador tóxico sobre su conducta. En caso de que persista el comportamiento, optar por el despido como último recurso.

Pero, ¿cómo podemos saber que estamos ante uno de estos casos?

 

Guía: Claves para el éxito en la gestión de personas

Alerta: colaborador tóxico

Aunque existen diversos tipos de colaboradores tóxicos, veamos algunas de las señales más características que se dan en unos u otros perfiles:

  • Critican cualquier decisión que tome la empresa. Desde la promoción de un compañero, el lanzamiento de un producto o la implantación de un nuevo software, hasta el horario de verano o el sabor del café de la máquina. No hay medida, por positiva que sea para la plantilla, que satisfaga a estas personas.
  • Emplean grandes dosis de hipocresía. Aprovechan cualquier oportunidad para mostrar su disconformidad con la empresa a espaldas de los superiores, cambiando su discurso cuando están en presencia de los jefes y directivos.
  • Problemas de socialización. En este punto podemos encontrar dos casos contrapuestos: aquel colaborador tóxico que se niega a participar en los eventos sociales de la organización y aquel que está más pendiente de “pasarlo bien” que de su trabajo, distrayendo a los compañeros de sus tareas y contagiando su actitud.
  • Se sienten intocables. Consideran que son un elemento imprescindible de la empresa, mostrándose soberbios en su relación con el resto de la plantilla –superiores incluidos– y son incapaces de reconocer sus fallos, echando la responsabilidad a terceros.
  • Muestran una alta desmotivación. Su relación con la empresa se limita a cumplir el horario estipulado, sin mostrar ni un ápice de iniciativa o proactividad. Además, su actitud errática los lleva a cometer numerosos errores en su desempeño, afectando al normal desarrollo de la actividad.
  • Difunden rumores. Uno de los tipos de trabajador tóxico más común es aquel que hace correr chismes y cotilleos por la empresa, generando conflictos interpersonales y perjudicando el ambiente laboral.
  • Irradian negatividad. Otra señal de que estamos ante un colaborador tóxico es que esta persona siempre se encuentra de mal humor y resulta grosero o agresivo en el trato, contaminado el clima de la empresa.

 

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