902 207 792 · skype:escuela_europea_management info@escuelamanagement.eu

La norma ISO/IEC 27002 de la Organización Internacional de Estandarización define la confidencialidad como el acto de “garantizar que la información es accesible solo para aquellos autorizados a tener acceso”. La duda es ¿quiénes están autorizados y a qué contenidos?

 

Guía: La importancia de la dirección general en la gestión de personas

 

La transparencia en el sector empresarial ha ido en aumento en las últimas décadas. Hemos pasado de un oscurantismo absoluto, donde la Dirección General no compartía prácticamente ninguno de sus planes o medidas, a una comunicación constante, en la que la plantilla está perfectamente informada de lo que pasa en la compañía.

Esta evolución se ha producido, en parte, por la mayor conciencia de los directivos sobre la influencia de la comunicación en la satisfacción y motivación de los trabajadores, pero también obligada por la irrupción de las nuevas tecnologías e internet, que facilitan el acceso a una ingente cantidad de datos.

Ante este escenario, la Dirección General debe buscar un equilibrio entre lo que comparte con sus empleados y lo que guarda para sí misma en aras del buen funcionamiento de la organización. En este sentido, cabe destacar algunos puntos en los que los jefes y directivos deben mantener silencio:

  • Los estados de ánimo negativos. Los líderes son los encargados de inspirar y motivar a la plantilla, de modo que si se encuentran ocasionalmente estresados, agobiados, pesimistas o apáticos evidenciarlo puede contagiar al equipo, provocando una disminución del rendimiento. Así, lo mejor es reservar las quejas y lamentos para el ámbito privado.
  • Las filias o fobias con los empleados. Como cualquier persona, los directores generales congeniarán mejor con unos colaboradores que con otros. Sin embargo, esta atracción o rechazo hacia ciertos trabajadores no debe expresarse libremente, pues causará malestar entre unos y otros miembros del equipo. Incluso aunque el trato sea equitativo, el hecho de revelar las preferencias personales puede dar pie a críticas.
  • Comentarios en contra de la compañía. Por muy en desacuerdo que se halle el directivo con las decisiones adoptadas por la empresa, es conveniente que sus opiniones no trasciendan al resto de la plantilla o al exterior. No se trata de realizar una defensa férrea de todo, pero si el directivo considera que se ha cometido algún error debe comunicarlo de forma asertiva, sin dañar la imagen de la compañía. Al fin y al cabo, representan a la organización y deben ser símbolo de cohesión para guiar al resto del equipo.
  • Medidas que no están completamente decididas. En el discurso de la Dirección General hay que evitar los “Estamos pensando…” o “Vamos a…”. Cualquier acción que vaya a poner en marcha la compañía (ya sea una adquisición, una ampliación, despidos o contrataciones, etc.) solo debe ser comunicada a la plantilla una vez que sea una decisión en firme y ejecutable. Hablar de posibilidades supone generar desconcierto en los colaboradores y sembrar la semilla de la duda sobre la competencia de los directivos si, finalmente, no se lleva a cabo la medida.

No obstante, la clave para conseguir una comunicación equilibrada de la Dirección General y el capital humano de la empresa pasa por establecer un plan de actuación previo en el que se decidan los parámetros que determinen una u otra opción. No existen fórmulas mágicas para ello, pero al menos aportará coherencia a las decisiones.

 

New Call-to-action