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Las grandes empresas no están exentas de grandes tropiezos en sus estrategias internacionales. Que se lo digan a Samsung, la compañía surcoreana que está perdiendo miles de millones de dólares con la salida fallida de su último modelo, el Galaxy Note 7.

El problema

La crisis del Galaxy Note 7 surgió a tenor de varias explosiones de sus terminales publicadas por varios compradores a finales de agosto, menos de un mes después de su presentación a nivel mundial en Nueva York.

Los casos llevaron a Samsung a investigar el tema, anunciando la suspensión de las ventas a principios de septiembre debido, según anunció Koh Dong-Jin, director de la división de telefonía móvil de la empresa, a la existencia de baterías defectuosas en una línea de la producción.

En un primer momento, la compañía reconoció la existencia de 35 casos de fallos en las baterías en Estados Unidos, aunque solo en este país se han denunciado más de 70, los mismos reportados a Samsung en Canadá por la Oficina Estatal de Seguridad del Consumidor.


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Las soluciones

Desde que se diera a conocer los fallos de las baterías, Samsung ha puesto sobre la mesa diversas medidas para garantizar la seguridad de los usuarios y mantener lo más intacta posible su reputación.

En este sentido, la compañía tecnológica instó a los compradores del modelo dañado a que apagaran sus teléfonos de forma inmediata y procedieran a la devolución de los terminales, recibiendo el coste del producto por parte de la empresa o el reemplazo posterior. Por el momento, en torno a 2,5 millones de dispositivos han sido entregados a la organización en Corea del Sur.

Además, como alternativa, también ha desarrollado una actualización del sistema operativo del Galaxy Note 7 que limita la carga de los smartphones al 60%, con el objetivo de evitar el sobrecalentamiento que provoca la explosión de los aparatos.

Para evitar posibles repeticiones, Samsung ha decidido cambiar de proveedor de baterías para reemplazar las de los terminales afectados.

Las consecuencias

La paralización de la estrategia comercial de Samsung y la retirada de los dispositivos ha supuesto un gran varapalo para la multinacional, tanto a nivel económico como de imagen de marca.

Según los escasos datos que se conocen sobre la crisis del Note 7, el gigante asiático habría perdido más de 1.000 millones de dólares, aunque los analistas auguran una cifra de 5.000 millones en ingresos no percibidos, y sufre una caída notoria en las bolsas. En concreto, las acciones de la compañía cayeron a mediados de septiembre un 7% en el indicador surcoreano Kospi.

A esto se le suma la prohibición emitida por la Comisión de Seguridad de Productos del Consumidor de EE.UU. de comercializar el Smartphone en el mercado americano y el veto de varias compañías aéreas acerca del acceso de los terminales a los aviones.

A esto hay que añadir la irrupción del nuevo modelo de Apple, el iPhone 7, el rival directo del Galaxy Note 7, que se está viendo beneficiado por la crisis de Samsung con un repunte en ventas y en precio de sus acciones.

 

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