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Marshall Goldsmith ha sido elegido como uno de los expertos en coaching ejecutivo más relevantes por la revista Forbes, forma parte de los pensadores más influyentes del mundo empresarial de la lista Thinkers50 2015 y 2011 y The Wall Street Journal lo sitúa entre los diez principales educadores de altos cargos. ¿Dónde radica su éxito?

Este doctor nacido en Kentucky (Estados Unidos) forma parte del selecto grupo de especialistas en coaching ejecutivo junto a otros profesionales como Stephen Covey, Gary Ranker o Kevin Cashman. Durante su dilatada carrera ha enseñado a alrededor de 150 CEOs y sus equipos a ser impulsores del cambio en sus empresas, con un método práctico y personalizado.

Compañías de la talla de Ford Motor, Getty Images, el Banco Mundial, la Asociación Americana del Corazón o Allergan han contado con sus servicios y, gracias a su actividad editorial, cualquier persona puede conocer cuáles son los consejos de coaching ejecutivo de Goldsmith a través de sus libros.

 

Guía: La importancia de la dirección general en la gestión de personas

 

En concreto, en What Got You Here Won’t Get You There, co-escrito con Mark Reiter, el fundador de Marshall Goldsmith Group aborda los 20 malos hábitos que los líderes deben evitar:

  1. Hipercompetitividad. El imperativo que se marcan los directivos de ganar siempre genera graves problemas de comportamiento. Los altos cargos deben aprender a que no siempre pueden o tienen que salirse con la suya.
  2. Querer mejorarlo todo. Una gran parte de los ejecutivos es incapaz de aprobar ideas ajenas sin añadir alguna pincelada con la que exprese que él sabe hacerlo mejor. Estas puntillas, sin embargo, dinamitan el entusiasmo y la dedicación de la otra persona.
  3. Discrepar sobre las críticas. Otra mala práctica de los directivos es su incapacidad para asumir las críticas, incluso si ellos mismos las han solicitado. En lugar de agradecer la sinceridad, se sienten a la defensiva e inician un ataque hacia el emisor.
  4. Emitir comentarios destructivos. Para Goldsmith, los CEOs y altos cargos deben meditar sobre el impacto de sus críticas y si realmente son necesarias o constructivas, evitando convertirse en profesionales insensibles e hirientes.
  5. Comenzar las intervenciones con reproches. Si prestamos atención a cómo interactúan los ejecutivos con el resto de la plantilla, comprobaremos que en muchas ocasiones, tras la aportación del trabajador, la primera palabra del directivo es “No”, “Pero” o “Sin embargo”. En lugar de esto, el coaching ejecutivo alienta a iniciar los diálogos resaltando los aspectos positivos, para no desmotivar al interlocutor.
  6. Recordar constantemente su valía. No hay que pecar de egocentrismo y auto-idolatración. Es mejor dejar que nuestros actos y logros hablen por sí solos.
  7. Hablar en momentos de enfado. Antes de causar graves perjuicios en las relaciones interpersonales, los directivos deben evitar que la ira se apodere de ellos. Lo mejor, retirarse a tranquilizarse y hablar cuando sus emociones estén bajo control.
  8. Negatividad. En lugar de aportar un punto de vista positivo, algunos directivos enmascaran bajo un halo de voluntad de ayudar actitudes negativas, como abordar cualquier propuesta incidiendo en por qué no va a resultar un éxito.
  9. Secretismo. Ya sea voluntaria o involuntariamente, otro de los malos hábitos de los ejecutivos es guardar la información, lo que provoca que los demás tengan que recorrer el camino a oscuras.
  10. No reconocer los logros de los demás. Muchos directivos piensan que no necesitan reconocer el trabajo de los empleados pues es su obligación. Olvidan el poder que aporta el agradecimiento en el rendimiento de los trabajadores.
  11. Asumir éxitos ajenos. ¿Hasta qué punto es el directivo el responsable de un logro? Goldsmith recomienda, como herramienta de coaching ejecutivo, que estos cargos apunten las veces que son elogiados –por otros o por ellos mismos- y evalúen en qué medida han contribuido en el hecho en sí.
  12. Justificar los errores. En lugar de buscar siempre una causa externa para un error propio, los altos cargos deberían asumir su fallo y poner todo su empeño en no volver a cometerlo.
  13. Rememorar éxitos pasados. ¿De verdad creen los ejecutivos que contar reiteradamente sus triunfos anteriores les hacen ser exitosos hoy? Los líderes que quieren cambiar el futuro deben centrarse en el hoy y el mañana, no en el ayer.
  14. Favoritismo. Es habitual encontrar altos cargos que se rodean de aduladores, pero esto solo impide a los directivos detectar sus errores (que los tienen).
  15. No disculparse. Para algunos ejecutivos, las palabras “Lo siento” les queman y las evitan a todo costa, cuando realmente una disculpa es muy beneficiosa para mejorar las relaciones en la compañía.
  16. No escuchar. Goldsmith aconseja practicar la escucha activa, pues la información que reciba el directivo siempre será de gran valor.
  17. Ser desagradecidos. Igual que a los altos cargos les gusta que valoren su trabajo, también deben expresar su gratitud. Como dice Goldsmith, la gratitud es como el aire: debe inspirarse y expirarse.
  18. Matar al mensajero. Culpabilizar al intermediario es otra de las conductas que deben abolir los directivos si desean convertirse en auténticos líderes.
  19. Pasar la responsabilidad: Del mismo modo que en el punto 11 se recomienda compartir el éxito, el coaching ejecutivo propugna que los CEOs y demás superiores jerárquicos asuman su parte de culpa, como responsables que son de los equipos.
  20. Inmovilismo. El “Yo soy así” es quizá uno de los hábitos más nefastos para el liderazgo. Por ello, Goldsmith invita a los directivos a que abran su mente e incorporen la posibilidad de mejorar continuamente su comportamiento.

 


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