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La calidad de las conversaciones marca el rumbo de las relaciones personales

y de las acciones que se emprenden en grupo. Es, pues, importante, cuidarlas. Y para ello es clave que las practiquemos con atención, con orientación a los demás, con deseos claros de conectar. Algo que no siempre ocurre, en este entorno presidido tantas veces por la inmediatez, la urgencia, el corto plazo, lo tangible.

Calidad en Gente

 

Cuando se producen conversaciones de calidad, cuando se da la unión entre atención e interés de los participantes, afloran las ideas, la creatividad, no se está a la defensiva ni al ataque sobre las ideas propias o las ajenas.

Todo ello no impide que en las conversaciones, además de los aspectos emotivos, haya un componente racional de calidad, de lógica, que nos hará rigurosos y ayudará a no cometer fallos y a tomar decisiones inteligentes entre las personas. El equilibrio entre ambos componentes, racional y emocional, producirá relaciones personales gratas y productivas. Algo que todos buscamos, ¡y necesitamos!, tanto en nuestras relaciones profesionales como en las personales.

Ese equilibrio podríamos establecerlo entre momentos “calientes” (discusión) y momentos “fríos” (diálogo”). Los primeros son los desarrollados con lo racional, “de mi para los demás”: expongo mis argumentos, pregunto, oigo lo que me dicen, calibro, decido racionalmente. Los momentos “fríos” son los de diálogo, “de mi para mi”: pregunto, quedo receptivo a dejarme influir por la opinión y los argumentos de los demás, no me defiendo, no me cierro, no me aferro; tengo una conversación pausada, una comunicación no violenta, es la conversación para la creatividad y el ensamble entre las personas. Como apuntamos arriba, la conectividad entre la gente llegará del equilibrio entre los dos tipos de momentos.


Guía: Claves para el éxito en la gestión de personas

la conexión emocional llega de forma natural

Supone la escucha total, no ir con ideas preconcebidas, dar protagonismo a la otra persona, huir de los ataques y de la confrontación por la confrontación, así como de hacer por tener la verdad última; en suma, no practicar la llamada comunicación violenta.

En ese marco de equilibrio entre proponer, indagar, escuchar, reforzar, en el que prestamos atención tanto a nuestras intenciones como a las de los otros y al ambiente que preside la conversación, la conexión emocional llega de forma natural, y los beneficios son evidentes.

Lo bueno de todo ello es que todo ello se entrena. Te dejo aquí algunas PAUTAS para que el tiempo que dedicamos a los demás sea productivo para las relaciones personales, para que ese tiempo sea lo que denominamos TIEMPO DE CALIDAD:

  • No poner un límite corto de tiempo
  •  Dejar hablar hasta el final a quien está diciendo, o nos está diciendo, algo
  •  Respetar el tiempo de los demás
  •  Respetar a los demás
  •  Escuchar con interés, y demostrarlo (escucha total)
  •  Practicar la empatía: hablar y compartir desde la perspectiva de la persona con quien nos comunicamos
  •  Prestar atención al mundo interno de la persona con quien nos comunicamos, a sus necesidades (materiales, emocionales) del otro
  •  Dar feed-back constructivo (ni recriminatorio, ni burlesco)
  •  No abusar del feed-back evaluativo ni de dar consejos
  •  No rehuir temas al hablar
  •  Agotar los temas, no dejar ningún aspecto en el tintero
  •  Preguntar con interés
  •  No buscar convencer; solo contar, relatar
  •  No convertir la conversación en una lucha por el poder, la razón o la verdad; que la verdad fluya, venga de quien venga
  •  Equilibrio en la conversación: parecidos tiempos de intervención, transiciones suaves de un turno a otro y de un tema a otro

¿Qué conseguimos con todo ello?. Una conexión emocional plena con las personas, desde la que construir la relación fluida y productiva que pretendemos.

Francisco Bonorra

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