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El papel de un formador de formadores es básico en toda sociedad, puesto que de sus capacidades para transmitir conocimientos y valores dependerá el futuro del conjunto de individuos, ya que está legando sus saberes a aquellos que tendrán que hacer lo mismo con otros. Por eso hay una serie de competencias que se antojan indispensables para el correcto desarrollo de su labor.

Antes de poder transmitir conocimientos y competencias a otros formadores, el formador de formadores necesita tenerlas perfectamente incorporadas él mismo. De esta forma, estará más capacitado para la creación de futuros docentes mejor instruidos y con mejores habilidades comunicativas y formativas.

Capacidad de diagnóstico

Un formador de formadores tiene que tener una gran capacidad de diagnóstico. Esto quiere decir que entra entre sus competencias la habilidad para identificar problemas cognitivos y de contenidos. Como es lógico, también debe ser capaz de encontrar las soluciones que den respuesta a las necesidades, algo que quedará plasmado en el plan de formación adecuado.

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Competencia de planificación

Es evidente que un formador de formadores debe tener la competencia de planificación bien interiorizada. Esto significa que el profesional será capaz de organizar de forma adecuada el programa de formación para dar la respuesta necesaria a las lagunas sociales, de educación y de conocimientos que se han detectado.

Capacidad de transferencia de conocimientos

El formador de formadores debe tener la capacidad de transferir a los nuevos docentes los aprendizajes necesarios de manera correcta que les permitan desenvolverse en su futuro puesto de trabajo.

Formador de formadores con personalidad

Como es obvio, hay ciertos aspectos de la personalidad de un formador de formadores que deben estar presentes en gran medida. Por ejemplo, la asertividad y empatía que le permita conocer a los futuros docentes para dar acertada respuesta a sus dudas y necesidades, o una alta sensibilidad interpersonal y la capacidad de manejar grupos de trabajo para tenerlos convenientemente motivados.

Habilidad directiva

El formador de formadores debe presentar una gran habilidad directiva, relacionada directamente con el dominio del método y de la didáctica. De esta forma podrá implementar la metodología adecuada, transfiriendo los contenidos y aprendizajes al grupo.

Capacidad asesora

Como es lógico, cada individuo tiene una serie de necesidades formativas generales y específicas. En este segundo caso, el formador de formadores debe saber asesorar a cada integrante del grupo, tanto en los métodos comunes para cada uno como en los particulares, atendiendo a las peculiaridades de cada integrante del equipo de futuros docentes.

Trabajo en equipo

Una competencia indispensable en el formador de formadores es su capacidad para el trabajo en equipo. Tanto desde el punto de vista divulgativo, siendo capaz de transferir sus conocimientos al grupo de docentes, como organizativo, pudiendo colaborar con otros profesionales de diferentes ámbitos de la realidad.

El formador de formadores es una pieza clave de cualquier sociedad, pues es la figura de la que parte un gran río de conocimientos que se transmitirán a otros docentes, que a su vez, también serán comunicadores de los contenidos. Es evidente que un adecuado desarrollo de estas 7 competencias es básico para que el proceso de aprendizaje sea efectivo y eficaz.

 

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