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Liderar no es mandar, pues el líder consigue que los demás le sigan, sin necesidad de imponer su criterio. Como dijo el general Eisenhower, “el liderazgo es el arte de conseguir que alguien haga algo que tú quieres porque él quiere hacerlo”.

Liderazgo frente a rango jerárquico

John Kotter define el liderazgo como “la actividad o proceso de influenciar a la gente para que se empeñe voluntariamente en el logro de los objetivos del grupo”, mientras que Fred E. Fiedler lo describe como “la capacidad de persuadir a otro para que busque de forma entusista objetivos definidos; es el factor humano que mantiene unido a un grupo y lo motiva hacia sus objetivos”.

En cualquier definición de liderazgo hay un elemento común: la voluntad de los subordinados de ser guiados por esa persona. En cambio, los jefes o mandos dirigen a las personas, no porque los empleados así lo consideren, sino porque la compañía lo ha colocado en una situación de superioridad jerárquica. En consecuencia, ni todos los líderes son jefes, ni todos los jefes ejercen el liderazgo.

Por tanto, liderar no es mandar, pues como explica Enric Soria Pazos en un artículo de Inmerco, “el liderazgo no es algo que se otorgue o se imponga, sino que se conquista y, por tanto, para que exista, es necesario que se produzca el reconocimiento por parte de los seguidores o colaboradores en el caso de una empresa”.

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Claves que reflejan por qué liderar no es mandar

Warren Bennis, uno de los mayores gurús de liderazgo, con más de una veintena de exitosos libros sobre la materia –como el aplaudido On Becoming a Leader-, respalda en todas sus obras que liderar no es mandar e incluso ha llegado a afirmar que la mayor parte de las organizaciones están “sobreadministradas y sublidereadas”.

En este sentido, el reputado experto apunta las siguientes diferencias entre un auténtico líder y un jefe, con independencia del estilo de liderazgo que se ejerza:

  1. Enfoque a personas Vs. interés en sistema y estructura. Quizá la mayor diferencia, que confirma el hecho de que liderar no es mandar,  reside en  el origen de esta situación. En el liderazgo son las personas, los colaboradores, quienes confieren a los directivos su autoridad ( poder informal). En cambio, los mandos jerárquicos obtienen el poder (formal) por su posición según la estructura organizativa, sin que ello lleve aparejado de forma automática el apoyo y respeto de la plantilla.
  2. Confianza Vs. control. Como consecuencia de esta legitimidad como responsables empresariales, Bennis resalta que este respaldo del que gozan los líderes es una cualidad que tienen que ganarse a partir de la creación de entornos de confianza y respeto mutuos. En cambio, los directivos carentes de liderazgo no son seguidos por los empleados, por tanto deben imponer sus decisiones a través del control.
  3. Innovación vs. administración. El líder se interesa por todo y está dispuesto a arriesgarse, a experimentar y probar nuevas y originales ideas que permitan a la empresa avanzar y progresar. Por el contrario, los jefes tratan de no cometer errores, promueven comportamientos y proyectos garantizados por la experiencia. Se limitan a evitar o reducir los errores en su gestión. Su atención se focaliza en el mantenimiento de la compañía, en lugar de buscar la mejora continua.
  4. Investigación Vs. conformismo. Para Bennis, los líderes dominan el contexto, mientras que los mandos se someten a las circunstancias. El líder va más allá de lo cotidiano, desafiando abiertamente el statu quo y perseverando a pesar de todas las dificultades con el único fin de que se alcancen las metas de la organización.
  5. Visión a largo plazo Vs. visión a corto plazo. Para desarrollar un verdadero liderazgo es necesario guiar a los equipos hacia el futuro, marcar un rumbo y tener una  visión a largo plazo. Los superiores jerárquicos se centran en el aquí y ahora; sus objetivos son a corto plazo.
  6. Qué y por qué Vs. cómo y cuándo. El líder sabe con claridad qué es lo que quiere hacer personal y profesionalmente y por qué, lo que le abre el camino para llegar a este punto. En cambio, los mandos orgánicos se limitan a establecer el cómo se va a llevar a cabo un determinado proyecto y cuándo va a estar listo, sin mirar más allá.
  7. Futuro Vs. presente. Enlazado con el punto anterior, la visión estratégica del líder siempre apunta al futuro, mientras que los mandos circunscriben la toma de decisiones al momento actual. Como señala Burt Nanus, aquellos que lideran no pierden de vista el horizonte, y buscan conseguir metas encadenadas por la visión  y que supongan retos y desafíos.
  8. Lo correcto Vs. correctamente. Dado que el poder del líder ha sido otorgado por el resto de profesionales, debe mostrar un comportamiento íntegro y coherente para mantener la confianza depositada en él (credibilidad). En el caso de los mandos, sus valores y honradez no afectan a su posición asignada jerárquicamente. Los primeros hacen lo correcto; los segundos hacen las cosas correctamente.

¿Eres líder o mando?

Tras ver estas diferencias te estarás planteando en qué situación te encuentras. En este sentido, en su libro Conducir gente es tan difícil como arrear gatos: ¿los líderes se pueden hacer?, Bennis establece tres sencillas cuestiones para determinar en qué situación nos podemos situar:

  • ¿Los empleados se sienten importantes? Si ejercemos un auténtico liderazgo, el personal piensa que lo que hace tiene un propósito y un sentido y se sienten parte de una meta superior.
  • ¿Te resulta estimulante tu trabajo? “Los líderes convierten el día a día en una tarea estimulante, desafiante e incluso placentera, lo cual resulta atractivo y confiere energía a los colaboradores. El líder genera la Motivación de Logro mediante una técnica de modificación de conducta, denominada Identificación. Liderar no es mandar y, a largo plazo, es mucho más eficaz motivar al personal que controlarlos mediante coacción.
  • ¿Representas los valores y la ética de la organización?. El líder debe ser ejemplar, representa los valores y creencias de la Organización, es el marco de referencia para sus colaboradores.

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