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Las empresas no viven en un mundo aislado, sino que desarrollan su actividad en un entorno altamente interconectado en el que operan multitud de elementos ajenos a ella pero que influyen en su devenir, por lo que parte del éxito de la compañía reside en su capacidad de evaluación y adaptación a ellos, desde la reciente normativa aprobada por el gobierno hasta los nuevos factores tecnológicos de una empresa que irrumpen en el mercado.

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“No puede impedirse que sople el viento. Pero pueden construirse molinos”. Proverbio holandés

Tipos de factores externos

El llamado efecto mariposa, dentro de la Teoría del Caos, formula que el batir de las alas de este pequeño insecto puede notarse en la otra parte del mundo. ¿A qué aleteos debemos prestar atención? En términos generales, los factores externos se clasifican en los siguientes:

  • Factores político-legales. El tipo de sistema institucional del país en el que opera, las ideologías de los partidos políticos en el poder, el empuje de nuevos mercados emergentes o la crisis de otros consolidados, la normativa estatal, comunitaria o internacional… son parámetros que afectan directamente al desarrollo empresarial. Por ejemplo, la estrategia de expansión de una organización tendrá que tener en cuenta cuáles son los países en crecimiento o analizar si la legislación de una determinada zona impide la comercialización de sus productos.
  • Factores sociales y demográficos. La cultura y características demográficas de los mercados son otro de los elementos que van a condicionar la actividad corporativa. Así, una empresa de jamones preferirá ampliar su radio de acción en sociedades donde se consuma cerdo que en países musulmanes donde la religión mayoritaria prohíbe su ingesta, o tendrá que implantar procesos de producción más respetuosos con la materia prima en sociedades en las que exista un profundo sentimiento animalista.
  • Factores económicos. ¿Qué ocurre si se endurecen las exigencias fiscales o suben los tipos de interés? Los vaivenes económicos, desde la inflación, la política monetaria o el tipo de cambio monetario van a condicionar tanto la planificación estratégica como los resultados empresariales. Por ejemplo, una depreciación de euro frente al dólar requerirá medidas por parte de las multinacionales que operen en ambos mercados.
  • Factores tecnológicos. La aparición de innovaciones técnicas en el mercado, tanto de producto como de procesos, van a permitir a las compañías ser más o menos eficientes, de modo que los factores tecnológicos de una empresa se convierten en un gran diferenciador corporativo a la hora de enfrentarse a la competencia. Tendrá mayores posibilidades de éxito una empresa que haya integrado un nuevo software que le permite agilizar el servicio de distribución (reduciendo costes y mejorando la satisfacción del cliente) que otra cuya tecnología se haya quedado obsoleta.

¿Cómo evaluar los factores tecnológicos de una empresa?

Vistos los diferentes aspectos medioambientales que influyen en la actividad empresarial, los directivos tienen que estudiar las diferentes tendencias de forma pormenorizada para adoptar decisiones sobre una base sólida que les lleve al éxito.

En este sentido, una de las herramientas de evaluación de los factores tecnológicos, políticos, sociales y económicos en el llamado análisis PEST, una herramienta con la que examinar el entorno e identificar las posibles oportunidades y amenazas.

El proceso debe implementarse en varias fases, que en el caso de los factores tecnológicos de una empresa se realizarán del siguiente modo:

  • ¿Cuáles son los factores tecnológicos clave? El primer paso es elaborar una lista con aquellos aspectos técnicos de interés del sector, realizando un estudio de previsión a varios años vista, para poder estar preparados cuando llegue el momento. Entre estos parámetros, se encuentran:
    • Nivel de desarrollo tecnológico.
    • Grado de implantación de tecnologías de la información.
    • Grado de obsolescencia tecnológica.
    • Porcentaje del PIB dedicado a I+D+i.
    • Número de investigadores.
    • Número de patentes/año.
    • Impacto de internet y de las tecnologías emergentes.
  • ¿Cuáles tienen un mayor impacto en la empresa? Para dilucidar esta cuestión, Michael Porter desarrolló el modelo de las cinco fuerzas, que recomienda tener en cuenta los siguientes puntos:
    • El poder de negociación con los clientes. Por ejemplo, gracias a internet y el comercio online, las compañías han podido eliminar en muchos casos a los intermediarios, lo que supone una reducción de costes.
    • El poder de negociación con los proveedores. Contar con un software de gestión de pedidos en todas las delegaciones, por ejemplo, nos ayudará a realizar encargos de materias primas unificados con los que podamos obtener mejores precios gracias a la economía de escala.
    • Rivalidad entre competidores. La incorporación de un nuevo proceso técnico que mejore la calidad del producto y abarate su precio servirá a la marca para sobresalir en el mercado.
    • Competidores potenciales. Antes de la irrupción de internet, por ejemplo, las pequeñas empresas tenían un radio de acción muy localizado, pero en la actualidad se integran en el mercado global, por lo que las multinacionales deben tenerlas en cuenta.
    • Productos o servicios sustitutivos. Los directivos también tendrán que estar alertas a nuevos factores tecnológicos de una empresa que permitan ofrecer el mismo servicio pero con una tecnología diferente.
  • ¿Qué elementos son prioritarios? Una vez que hemos recopilado los diferentes puntos, la organización deberá decidir la prioridad que asigna a cada uno de ellos.

 

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