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Comencemos con un silogismo: los directivos gestionan equipos; los equipos están formados por personas que interactúan entre sí. Por tanto, los ejecutivos deben aprender a relacionarse con los miembros de los grupos de trabajo. De ahí la importancia de las habilidades interpersonales en el trabajo.

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¿Qué son las habilidades personales?

Las habilidades interpersonales hacen referencia al conjunto de capacidades y competencias que desarrolla una persona para conseguir una correcta interacción con el resto de individuos que se salde con resultados positivos.

Da igual donde se produzca esta relación; ya sea online o presencial, con los empleados o los clientes; en una conversación de dos personas o una reunión de accionistas… el grado de desarrollo de estas habilidades interpersonales en el trabajo determinará la eficacia del directivo. Por ejemplo, un profesional con estas ‘soft skills’ será capaz de entender y hacerse entender, podrá gestionar situaciones de crisis, tendrá una visión más completa sobre los hechos, conseguirá la confianza de sus compañeros, etc.

Por ello, es esencial que los altos cargos apuesten por incorporar estas competencias a sus conocimientos técnicos y de gestión.

¿Cuáles son estas capacidades sociales?

Aunque no existe un numerus clausus de habilidades interpersonales en el trabajo, en general, cuando hablamos de este conjunto de competencias sociales nos referimos a la capacidad de comunicación y dar feedback, empatía, asertividad, credibilidad, confiabilidad, transparencia, sociabilidad, control de emociones…

Este grupo de habilidades sociales  conforman uno de los cinco pilares para convertirse en un líder extraordinario, según las investigaciones realizadas por Jack Zenger y Joseph Folkman sobre la base de 500.000 evaluaciones individuales de 360 grados a directivos de todo el mundo.

Dentro de las mismas, el estudio destaca cuáles son las que reúnen los mejores directivos:

  • Comunicación. Conseguir trasladar el mensaje al resto de colaboradores es una de las competencias esenciales de los líderes. De otro modo, cualquier proyecto fracasará, al no haber un entendimiento entre las partes.
  • Confianza. Para que un directivo se convierta en un líder extraordinario necesita el apoyo y el respeto del equipo. Solo desarrollando un nivel de confianza que favorezca la implicación y motivación del grupo se lograrán grandes resultados.
  • Sociabilidad. Ganarse la confianza de una persona es una cuestión de dedicación. Por ello, aquellos ejecutivos que mantienen un contacto mínimo con sus empleados, limitándose a dar directrices, no conseguirán una conexión personal con los trabajadores y, por tanto, la confianza será débil. En cambio, el líder extraordinario interactúa con su equipo, se preocupa por sus miembros y construye relaciones personales que refuerzan la unión.
  • Apoyo. Los grandes directivos desarrollan una cultura del cuidado de sus equipos, procurando que los trabajadores puedan desarrollarse al máximo dentro de la empresa y fomentando su participación dentro de los procesos y toma de decisiones, aumentando el sentimiento de pertenencia.
  • Colaboración. Algunos directivos se equivocan al pensar que dirigen a un grupo de trabajadores, en lugar de considerar que ellos también forman parte del equipo. La habilidad para trabajar codo con codo con los empleados es otra de las competencias imprescindibles de los líderes extraordinarios.

¿Cómo potenciar las habilidades interpersonales en el trabajo?

Aunque existen profesionales con caracteres que favorecen la interacción social, por suerte, las habilidades interpersonales –igual que las técnicas o cognitivas- también pueden desarrollarse. Para ello, sigue los siguientes consejos:

  • Evalúa tus competencias. El primer paso para desarrollar las habilidades interpersonales en el trabajo es conocer las fortalezas y debilidades en este ámbito. Analiza cuáles son tus puntos débiles o, incluso, pide ayuda para identificarlos, y plantea un plan de acción para mejorar estas áreas.
  • Escucha más. Esfuérzate por practicar una escucha activa cuando interactúes con otros trabajadores, es decir, no te limites a indicar lo que hay que hacer y cómo y deja espacio para que los empleados puedan hacerte llegar sus ideas, sugerencias e inquietudes.
  • Participa en las actividades de equipo. No seas de esos directivos a los que la plantilla solo ven al entrar y salir de su despacho y apúntate a los eventos e iniciativas de la empresa.
  • Mejora tu lenguaje corporal. El 93% de la comunicación procede del lenguaje no verbal, así que analiza tus gestos, posturas y tono de voz y trata de desarrollar mejores actitudes corporales.
  • Reconoce los logros. Simplemente agradeciendo el esfuerzo realizado por el equipo y resaltando sus éxitos, grandes y pequeños, reforzarás la confianza de los trabajadores y mejorarás la relación con la plantilla.
  • Busca ayuda especializada. Del mismo modo que cursas un programa formativo sobre gestión del riesgo o diseño de estrategia empresarial, ¿por qué no apuestas por acciones de capacitación de las habilidades interpersonales?

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