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La felicidad no tiene que ver con tener; tiene que ver con serFelix Torán, Valencia

Las personas estamos realmente bien no cuando somos poseedores de bienes materiales más allá de lo necesario, no cuando ostentamos altas cotas de poder o de notoriedad. No digo que eso no sea importante; lo es, pero no es lo verdaderamente importante. Lo que de verdad hace plena a la persona es ser protagonista de su vida, ejercer de tal, sentir que sigue su propio camino y no un camino que otros le han trazado. Y todo ello tiene que ver con la autoafirmación de la persona. Según la R.A.E, es la “seguridad en sí mismo, defensa de la propia personalidad”, y que puede resumirse en tener definidos con la claridad de estos tres aspectos:

  • Quién soy
  • Qué quiero ser
  • Qué quiero alcanzar
  • Camino tras ello!

La autoafirmación significa respetar mis deseos, necesidades y valores y buscar su forma de expresión adecuada en la realidad.
Su opuesto es la entrega a la timidez consistente en confinarme a mí mismo a un perpetuo segundo plano en el que todo lo que yo soy permanece oculto o frustrado para evitar el enfrentamiento con alguien cuyos valores son diferentes de los míos, o para complacer, aplacar o manipular a alguien, o simplemente para estar en buena relación con alguien.

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La autoafirmación no significa beligerancia o agresividad inadecuadas; no significa abrirse paso para ser el primero o pisar a los demás; no significa afirmar mis propios derechos siendo ciego o indiferente a los de todos los demás. Significa, simplemente, la disposición a valerme por mí mismo, a ser quien soy abiertamente, a tratarme con respeto en todas las relaciones humanas. Equivale a una negativa a falsear mi persona para agradar a los demás.

La persona es la única protagonista de su vida. Tras conocerse, se trata de tener un proyecto propio y coherente de vida y enfocarse al mismo con plenitud, ilusión, energía y persistencia. La persona se autoafirma cuando establece su propio proyecto ¡y lo sigue! (puede que lo acabe o no, más eso es otro tema).

Es importante destacar que quien no tiene proyecto, quien no se autoafirma para culminarlo, quien no ejerce su protagonismo, acaba resentido de tanto ir a remolque de los demás y de los acontecimientos. A veces son las personas tóxicas las que nos arrastran a su forma de ser; depende, una vez mas, de nosotros y de nuestra autoafirmación no dejarnos contaminar por ellas. Ello requiere, a veces, “dar un puñetazo” sobre la mesa y vencer presiones de distintas personas (seguramente tóxicas) o de convencionalismos sociales sin fundamento.

Si no es así, nos pasamos la vida luchando por dejar de necesitar la aprobación de los demás, por dejar de vivir esperando a que otros nos digan lo bien que lo hacemos, por dejar de pensar que todo es por nuestra culpa, por dejar de depender de lo que opinen los otros… Detrás de ello hay una clara falta de autoestima; superar esa falta es el primer paso para autoafirmarse.

También contribuye a la autoafirmación trabajar sobre las creencias y desprenderse de aquellas que consideremos no aportan valor, son irracionales, son perniciosas. Es decir, ejercer, de nuevo, el protagonismo propio. Eso también forma parte de la autoafirmación.

La autoafirmación supone tener capacidad para expresar nuestras opiniones, plantear quejas y en general hacernos valer a la vez que cuidamos la relación con cada persona. Se trata de un delicado equilibrio en el que tenemos que tener claros nuestros derechos asertivos como personas y, simultáneamente, respetar los de los demás para no deteriorar la relación. A mucha gente resulta complicado expresar sus opiniones, denegar favores o peticiones y en general comportarse de forma asertiva. En la mayoría de los casos esto se traduce en sentimientos de culpa y de no ser tenido en cuenta, que minan la confianza en uno mismo e impiden que nos desarrollemos plenamente como personas.

Por el contrario, la persona que se autoafirma ha encontrado su camino y lo sigue, tiene valores y los honra cada día; en definitiva, alcanza su plenitud y no tiene la sensación de haber puesto la escalera en la pared equivocada… Las PAUTAS para ello son:

1. Conocerse:

Es responder a la pregunta ¿quién soy?. Ello pasa por meditar sobre las fortalezas (qué recursos, de todo tipo, tengo), las debilidades (qué áreas de mejora me reconozco, qué aspectos no tengo ni podré tener), cuáles son mis ideas, mis creencias (¿hay alguna irracional que deba apartar de mi?), cuáles son mis gustos, con quién me gusta estar (con qué tipo de personas), etc…

2. Qué quiero ser:

Un tema de identidad personal: ¿cómo quiero verme?, ¿cuál es mi misión en este mundo?. Respondernos a esto es clave para llevar el camino que verdaderamente nos llene. La práctica anterior del autoconocimiento nos llevará a “soñar” y “visualizar” a qué aspiramos.

3. Qué alcanzar:

Ahora se trata de definir el objetivo propio, algo más concreto. A partir de autoconocimiento será fácil establecer metas realistas, ¡y gratas!, que nos hagan sentir ilusión por alcanzarlas y nos den fuerza para actuar hacia ellas. Como es habitual al establecer metas, éstas deberán ser claras, con una fecha a alcanzarlas, y verdaderamente relevantes; el conocimiento de lo que somos nos ayudará a establecerlas verdaderamente relevantes.

4. Camino tras ello:

La consecuencia natural de lo anterior es la acción. Si nos conocemos hemos podido visualizar lo que queremos ser, y tras ello hemos establecido las metas a alcanzar. Solo falta, dentro de la autoafirmación, recorrer el camino que conduce a la meta. Camino que no estará exento de dificultades (no hay que olvidar que se trata de un cambio, y que eso suponer salir de la zona de confort…), pero que, si hemos hecho bien todo lo anterior, podremos llevar a cabo con la energía e ilusión que supone ejercer el propio protagonismo.
En definitiva, ejercer la autoafirmación es vivir de forma auténtica, hablar y actuar desde mis convicciones y sentimientos más íntimos, es una forma de vida, una regla admitiendo que en ocasiones puede haber circunstancias particulares en las que está justificado que decida no hacerlo (por ejemplo, cuando me enfrento a un atracador). A veces la autoafirmación se manifiesta presentando voluntariamente una idea o haciendo un cumplido, a veces mediante un adecuado silencio que da a entender nuestro desacuerdo, a veces negándonos a sonreír ante un chiste tonto, etc.

 

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