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Trabajar bajo presión es uno de los momentos decisivos que indican el grado de competencia de cualquier profesional, especialmente de los nuevos trabajadores que se incorporan a una empresa. De hecho, es habitual que en las entrevistas de trabajo se pregunte sobre las habilidades para gestionar estas situaciones de estrés.

Es posible que estemos desarrollando las tareas diarias con total soltura pero, cuando el nivel de exigencia alcanza sus máximos, nos veamos desbordados y paralizados, incapaces de trabajar bajo presión, situándonos en una situación realmente delicada. Sin embargo, como cualquier otra habilidad profesional, la capacidad de trabajar bajo presión también puede aprenderse y mejorarse. De hecho, en la Escuela de Management contamos con un interesante curso de prueba sobre habilidades personales en el que, además de otras competencias, podrás aprender a gestionar el estrés.

Será nuestra propia interpretación sobre la situación lo que determine nuestro éxito o fracaso al trabajar como presión. Así, según el estudio Manipulating cardiovascular indices of challenge and threat using resource appraisals, de los doctores en Psicología Martin Turner y Jamie Barker, de la Universidad de Staffordshire , los individuos que reaccionan bien bajo presión perciben esta circunstancia como un “desafío”, mientras que aquellos otros que no lo hace perciben la situación como una amenaza”.

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En este sentido, para esos momentos en los que tenemos que afrontar un enorme volumen de trabajo en un corto plazo de tiempo, podemos tener en cuenta los siguientes consejos, publicados por The Guardian a partir de las recomendaciones de expertos en Recursos Humanos y Psicología:

  • ¿Por qué nos sentimos colapsados? El primer paso para solucionar un problema es reconocerlo. Por ello, cuando nos vemos abrumados en el trabajo es importante analizar cuál es el desencadenante: se nos han acumulado tareas pendientes, nuestro jefe nos ha dado un plazo demasiado pequeño para una misión, no hay coordinación entre los miembros del equipo, la cultura organizacional genera estrés… Definida la causa, podremos tomar medidas para ponerle remedio, como mejorar la gestión del tiempo o solicitar el superior que posponga la entrega.
  • No estamos solos. En normal que queramos cumplir con todos los trabajos sin que se perciba en ningún momento que nos sentimos superados, pero antes que sufrir un bloqueo, es mejor expresar nuestras sensaciones. Quizá nuestro jefe no sea consciente del volumen de trabajo que tenemos o lo que implica realizar cada encargo y, comentándole la situación, replantee los objetivos. Al fin y al cabo, somos humanos, no máquinas, y las empresas necesitan empleados que estén al 100% la mayor parte del tiempo, no al 200% un día y los tres siguientes totalmente paralizados.
  • También hay que decir ‘No’. Queremos demostrar nuestra valía aceptando cualquier oportunidad, proyecto o reto que nos propongan, pero ¿podemos con todo? En el momento en el que notemos que nuestras funciones actuales se están viendo afectadas negativamente por las nuevas responsabilidades, es el momento de hacer análisis de conciencia.
  • Veamos los problemas con perspectiva. Muchas veces, el origen del bloqueo ante el desafío de trabajar bajo presión es más una cuestión psicológica que de recursos personales. No es que no podamos llevar a cabo todos los encargos, sino que nuestra mente se colapsa como respuesta psicológica al estrés. En estos casos, es conveniente visualizar la situación con perspectiva, priorizando las tareas más importantes y desarrollando una actitud de atención plena que nos permita ir, uno a uno, dando respuesta a las demandas.
  • Aprendamos a desconectar. A todos nos ha pasado, en ese momento en el que tenemos más trabajo, la inspiración parece haber desaparecido y no somos capaces de hacer ningún avance. El error más común en estos momentos es seguir en este estado de bloqueo mental porque pensamos que no es profesional dejar de lado el proyecto en cuestión en un momento tan crucial. Sin embargo, cuando estamos en este estado de bloqueo, disfrutar de un pequeño periodo de desconexión nos permitirá ‘formatear’ nuestra mente y afrontar después el trabajo mucho más focalizados. ¿Quién no ha visto las cosas desde una perspectiva mucho más positiva tras un rato haciendo running o después de una cena con amigos?
  • Tomemos medidas. Si trabajar bajo presión se convierte en un auténtico problema es conveniente participar en algún tipo de formación para optimizar nuestras habilidades. Si aún así, este hándicap persiste, debemos plantearnos la opción de reinventarnos profesionalmente y buscar una nueva compañía –o la nuestra propia- cuya cultura y filosofía de trabajo se adapte mejor a nuestras expectativas.

 

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