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Según Peter Drucker, uno de los mayores expertos en management de los últimos tiempos, el 60% de los problemas originados en el ámbito empresarial son consecuencia de una mala comunicación. ¿Solución? Aprender a escuchar.

De hecho, la coach ejecutiva Beth Miller sostiene que los tres problemas de comunicación más frecuentes de los directivos son prestar poca atención durante la conversación, tratar de imponer su opinión y no hacer suficientes preguntas sobre el tema para aclarar el mensaje. Sin embargo, aprender a escuchar en el liderazgo es, como sostienen Harry Weger, Gina Castle y Melissa Emmett en Active Listening in Peer Interviews: The Influence of Message Paraphrasing on Perceptions of Listening Skill, uno de los elementos más importantes en la construcción de vínculos interpersonales profundos y sólidos, requisito sine qua non para ser un líder extraordinario.

De ahí que en el Curso Online Executive de Liderazgo y Gestión de Personas de la Escuela Europea de Management se dedique un módulo completo, de los cuatro que conforman el programa, a mejorar estas habilidades comunicativas de los directivos.

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10 consejos para aprender a escuchar

¿Cómo podemos desarrollar nuestras habilidades comunicativas y aprender a escuchar mejor? En este sentido, la escritora e instructora empresarial Dianne Schilling comparte un decálogo para potenciar esta capacidad, publicado en la revista Forbes:

  1. Mira a tu interlocutor y mantén el contacto visual. Una práctica habitual en el ámbito profesional es que los directivos miren su correo, ordenen papeles o revisen su móvil mientras el trabajador le está explicando algo. Por muy ocupados que estemos, hay que poner fin a esta actitud y mirar directamente a la persona que nos habla para poder captar toda la información que nos quiere transmitir.
  2. Mantén la relajación. El que tengamos que mantener el contacto visual no quiere decir que no podamos pestañear o sea necesario mirar fijamente a la otra persona. Al revés, esta intensidad puede generar incertidumbre y desconfianza en nuestro interlocutor, más aún cuando es un subordinado. La clave está en mostrar atención de forma natural, sin distraernos con nuestros propios pensamientos u obnubilarnos con el acento o los gestos del emisor.
  3. Afronta la conversación sin prejuicios. Si cuando toca a la puerta un empleado, lo primero que se nos viene a la cabeza es la idea de problemas, la conversación ya parte desde un punto de arranque negativo, cercenando las opciones de que la comunicación sea eficaz. Se trata, por tanto, de aprender a escuchar sin prejuzgar, criticar y emitir conclusiones prematuras, sino poniendo todos nuestros recursos para intentar comprender a la otra persona.
  4. Trata de visualizar el mensaje. Para evitar que nuestra mente se ponga a la búsqueda de argumentos y respuestas a lo que nos está diciendo el interlocutor, en lugar de centrarnos en su mensaje, Schelling propone imaginar lo que el emisor está contándonos. Así, además de mejorar la focalización, también nos ayudará a recordar posteriormente más información sobre la charla.
  5. No interrumpas. No debemos convertir la conversación en una tertulia del corazón de la tarde; es importante dejar que la persona exponga sus ideas o peticiones de forma continuada, sin interrupciones por nuestra parte.
  6. Las preguntas, en las pausas. Una vez que el emisor ha terminado se explicarlos algún punto, llega la oportunidad de aclarar cualquier término para que la comprensión del mensaje sea lo mejor posible.
  7. Vuelve al tema central. A todos nos ha pasado en reuniones de amigos que lo que comenzó siendo una historia sobre las vacaciones, termina –hilado a partir de las preguntas de los demás- en otro tema totalmente inconexo, dejando olvidado el resumen de ese magnífico viaje. En la empresa, ocurre lo mismo, pero es importante que, como líderes, no releguemos a un segundo plano lo que nos quería decir el trabajador, ya que seguro que para él era importante. Así, si el tema comienza a dar un giro inesperado, debemos tomar las riendas y volver sobre la idea inicial hasta que haya sido expuesta y/o resuelta.
  8. Empatiza. Para aprender a escuchar no basta con que oigamos todas y cada una de las palabras, sino que el estado emocional de la otra persona nos dará incluso más información sobre la intención del mensaje. Debemos prestar atención a lo que el interlocutor siente y ponernos en sus circunstancias para poder lograr una comunicación eficaz.
  9. Confirma que escuchas. Aunque hemos explicado que no se debe interrumpir la exposición, sí que es importante como oyentes mostrar a la otra persona que lo estamos entendiendo. ¿Cómo? Usar pequeñas interjecciones, solicitar que continúe con más detalles, asentir con la cabeza o sencillos sonidos de confirmación bastarán.
  10. Observa la comunicación no verbal. Solo hace falta una llamada de un ser querido para percibir en su voz que no se encuentra bien o que, por el contrario, tiene una buena noticia. Imagina la cantidad de información que recibimos cuando la conversación es frente a frente. Es importante fijarnos en el tono, los gestos, los movimientos y pequeños tics que enriquecerán el mensaje y nos ayudarán a aprender a escuchar.

 

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