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Según el World Happiness Report 2017, la felicidad de los trabajadores está directamente relacionada con el papel que ejercen sus líderes y, por tanto, desarrollar la positividad en el liderazgo de forma sostenida consigue mejores resultados de los equipos.

“El reciente trabajo ha demostrado que los jefes y supervisores pueden desempeñar un papel importante en la determinación del bienestar subjetivo”, recoge el informe. Ahora bien, ¿hasta qué punto influye el liderazgo positivo en la empresa?

¿Por qué y cómo aplicar la positividad en el liderazgo?

¿Qué es el liderazgo positivo?

Según lo definen Kim Cameron, Carlos Mora, Trevor Leutscher y Margaret Calarco en la investigación Effects of Positive Practices on Organizational Effectiveness, este modelo de liderazgo engloba “las prácticas positivas en las organizaciones que producen cambios deseables en la eficacia organizativa”.

Por su parte, el trabajo Modelos de liderazgo positivo: marco teórico y líneas de investigación, de Javier Blanch, Francisco Gil, Mirko Antino, y Alfredo Rodríguez-Muñoz, considera que la aplicación de la positividad en el liderazgo está conformada por tres elementos básicos:

  1. Posicionar el centro de interés en aquellas fortalezas y habilidades de las personas que reafirman su potencial humano.
  2. Poner el énfasis en los resultados y facilitar un rendimiento individual y organizacional por encima del promedio
  3. Concentrar el campo de actuación en aquellos componentes que pueden concebirse como virtudes esenciales de la condición humana.

 ¿Qué ventajas produce este modelo de liderazgo?

El mayor beneficio de la positividad en el liderazgo se resume en lo que Cameron, cofundador del Center for Positive Organizational Scholarship, llama el efecto heliotrópico. Así, igual que las plantas se mueven en busca de la luz del sol, en las personas se produce un efecto similar hacia un líder positivo. “Todos demostramos una tendencia natural por lo positivo y un rechazo por lo negativo; más aún, los individuos tienden a dar lo mejor de sí mismo en entornos positivos”, explica Eugenio Pérez Freire en el artículo El efecto heliotrópico o cómo gestionar la energía. De ahí que un directivo que incluya la positividad en el liderazgo, es decir, que sea optimista, atento, inspirador y promueva el conocimiento y la energía, obtenga mejores resultados que un líder tóxico, que desarrolle conductas críticas, inflexibles, egoístas y falsas.
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De hecho, según la investigación Positive Leadership and Employee Well-Being, de E. Kevin Kelloway, los equipos de trabajo dirigidos por un líder positivo muestran mayores niveles de bienestar laboral y presentan mayores emociones positivas. A esto, Cameron, en Practicing Positive Leadership: Tools and Techniques that Create Extraordinary Results, añade que la positividad en el liderazgo genera las siguientes ventajas:

  • Incrementa el rendimiento de los miembros de la organización y su compromiso.
  • Mejora la comunicación y las relaciones interpersonales.
  • Posibilita la creación de un clima laboral positivo.
  • Estimula la innovación.
  • Facilita la colaboración entre trabajadores y organizaciones.
  • Aumenta los niveles de satisfacción del cliente.

Además, como apunta Gerry Velasco en El liderazgo positivo, este modelo de management es aplicable en cualquier estilo de liderazgo de los descritos por Goleman, por lo que también se caracteriza por una alta flexibilidad.

¿Cómo se desarrolla la positividad en el liderazgo?

Cameron también expone en su obra los instrumentos que permiten ponerla en marcha en las organizaciones, sustentados en cuatro ejes:

  1. Clima positivo. Son los líderes los que deben trabajar en la construcción de un clima positivo dentro de la empresa que impulse el interés por la mejora continua de la plantilla, facilite la asimilación de la información de los trabajadores y potencie la creatividad y la innovación. Hay que tener en cuenta que, para que exista un ambiente laboral enriquecedor, los hechos positivos deben superar a los negativos, un hecho que, según los estudios de John Gottman, requiere de cinco sensaciones ‘buenas’ por cada acontecimiento ‘malo’. Por ello, para conseguirlo, los directivos deben fomentar el perdón, la compasión y la gratitud en las empresas.
  2. Relaciones positivas. Numerosas investigaciones han puesto de manifiesto la relación existente entre las conexiones personales positivas en el ámbito laboral con una mejora de la salud, la actitud y el desempeño de los profesionales. Así, por ejemplo, al contar con relaciones sólidas en el trabajo, el cuerpo segrega unas hormonas que reducen la presión arterial y el ritmo cardíaco facilitando la gestión del estrés. Como consecuencia, el líder debe proporcionar a los empleados espacios de colaboración, más que de competencia, y potenciar el trabajo en equipo y las relaciones personales dentro y fuera de la compañía.
  3. Comunicación positiva. La asertividad y la transparencia en la comunicación del líder con el capital humano son claves para introducir la positividad en el liderazgo. Así, las empresas que aplican una desviación positiva, mediante comentarios basados en el respeto, la ayuda, la aprobación, la confianza y el reconocimiento, consiguen que los trabajadores estén más implicados y motivados. Se trata, en definitiva, de valorar las fortalezas de los trabajadores –lo que no es incompatible con las correcciones o críticas- y de compartir la información valiosa para los empleados.
  4. Significado positivo. El liderazgo positivo persigue que los empleados conciban sus trabajos como una vocación, proporcionando a los profesionales unos beneficios intrínsecos (confianza, sentido de pertenencia, compromiso, motivación…) que los llevan a buscar la excelencia en su desempeño. Para ello, los directivos deben organizar las plantillas de acuerdo a las fortalezas e intereses de los empleados, promover la capacitación y facilitar la participación de los empleados en la toma de decisiones.

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