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Las metas, en cualquier aspecto de la vida, es lo que da sentido a nuestras acciones y las compañías no están exentas de este fenómeno, necesitando incorporar objetivos empresariales que establezcan el camino a seguir.

No obstante, el desarrollo del plan estratégico de la organización es una de las piezas clave en el éxito de la compañía pues son esos objetivos empresariales los que van a determinar qué quiere llegar a ser la entidad.

 

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Coloquialmente suele decirse “cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad” y esta expresión puede trasladarse al ámbito empresarial, pues unos objetivos poco o demasiado ambiciosos, unas metas erróneas o mal definidas o unas expectativas erróneas pueden llevar a la compañía a una situación de crisis.

Dada la importancia de los objetivos empresariales como elementos determinantes en la configuración del futuro de la organización, ¿cómo pueden establecerse estos parámetros correctamente? Los siguientes siete pasos contribuirán a la definición del plan estratégico:

  1. Perfilando las metas. La primera fase consiste en esbozar cuáles son los objetivos empresariales que se persiguen en todos los sectores de la organización: incremento de las ventas, internacionalización del servicio, incorporación de una nueva línea de productos, mejora del índice de satisfacción de la plantilla… Ahora bien, en todo caso, las metas deben reunir las siguientes características:
    • Específicas: no basta con decir que la empresa quiere mejorar las ventas, sino que debe concretar cuánto, por qué y cómo.
    • Cuantificables: los objetivos marcados debe ser medibles, porque de lo contrario resultará imposible determinar si se han alcanzado o no.
    • Realistas: no por fijar metas excesivamente altas, la compañía va a resultar beneficiada; los objetivos debe ser alcanzables para no perder el rumbo durante su logro y no causar la desmotivación general del capital humano.
    • Relevantes: lo que supone que provoquen un impacto positivo en la empresa.
    • Temporalizadas: es necesario establecer una fecha límite para su consecución, que impida una dilación constante de la meta.
  2. Analizando el impacto. Tras establecer los objetivos estratégicos en sí, el siguiente paso será la determinación de los beneficios que dichas metas van a conllevar y la identificación de las áreas o personas a los que favorecerán. Por ejemplo, el acceso al mercado internacional supondrá un crecimiento del x% en las ventas y del x% en los ingresos, lo que repercutirá en los dividendos de los accionistas.
  3. Elaborando el cronograma. No todos los objetivos empresariales requieren el mismo plazo para su ejecución, por lo que los directivos tendrán que acordar de forma pormenorizada los plazos y límites temporales de cada medida. Así, la apertura de una nueva sede puede llevar de seis meses de planificación y desarrollo, mientras que la reducción de la tasa de rotación necesitará periodos más extensos para generar resultados reales.
  4. Identificando las debilidades. Un modo de que no surjan imprevistos durante la ejecución de los objetivos empresariales es realizar un profundo análisis de los posibles obstáculos a los que se puede enfrentar la empresa. Por ejemplo, la normativa del país al que se quiere exportar puede ser muy estricta, por lo que es importante conocer los impedimentos legales.
  5. Definiendo los recursos exigidos. ¿Qué recursos exige cada objetivo? En este punto, se trata de concretar tanto las habilidades y conocimientos exigidos a las personas que se van a encargar de desarrollar el plan como de los recursos materiales necesarios para llevarlo a cabo.
  6. Establecimiento de redes empresariales. El plan estratégico también debe recoger aquellas entidades o instituciones con las que se pueden crear vínculos profesionales que contribuyan al logro de las metas, como los distribuidores del producto en el nuevo mercado internacional o la consultora de Recursos Humanos que ayudará a la medición de la satisfacción del personal.
  7. Pormenorizando el plan. Una vez que contamos con los objetivos empresariales bien definidos, habrá que desarrollar con el máximo detalle el plan de acción de cada uno, surgiendo así sub-metas a las que se aplicará el mismo proceso. Por ejemplo, para el lanzamiento de un nuevo producto será necesario realizar un estudio de campo, el desarrollo de un prototipo, una encuesta de percepción del consumidor…

 


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