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Nos esforzamos por gestionar el tiempo de la forma más eficiente posible, cayendo en ocasiones en una situación de cansancio y hastío que produce efectos contraproducentes. Al fin y al cabo, el día tiene 24 horas y nuestro cuerpo, un límite. Por ello, en lugar de enfocarnos en optimizar la agenda, es más recomendable realizar un manejo de la energía adecuado.

Manejo de la energía Vs. gestión del tiempo

No es poco frecuente pasar la jornada solventando temas y planificando el futuro para llegar a casa exhaustos, sin poder dedicar tiempo a los nuestros o a nosotros mismos Todo ello que genera en nosotros una sensación de tristeza y apatía, que se ve reflejada al día siguiente en nuestro trabajo. Como apunta Víctor Hugo Manzanilla, autor de Despierta tu héroe interior, “muchas veces nos volvemos expertos en cómo manejar prioridades, una agenda, etc. para convertirnos en individuos más eficientes solo para darnos cuenta que la energía no es suficiente para hacer todo lo que nos propusimos”.
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En este sentido, los expertos Tony Schwartz y Catherine McCarthy, directivos de The Energy Project, han investigado cómo esta priorización de la gestión del tiempo sobre el manejo de la energía afecta negativamente a los profesionales y a las empresas. El hecho de tener que dedicar más horas al trabajo afecta física, mental y emocionalmente a las personas, acercándolas paulatinamente a su límite, dando lugar a una menor participación e implicación, más distracción y falta de concentración en los empleados; en consecuencia, mayores tasas de rotación y bajas médicas.

“El problema principal de incrementar el horario laboral  es que el tiempo es un recurso finito. En cambio, la energía puede expandirse sistemáticamente y renovarse periódicamente estableciendo rituales específicos, comportamientos que se practican intencionalmente y se programan con precisión, con el objetivo de hacerlos inconscientes y automáticos lo más rápido posible”, apuntan los autores en su artículo Manage Your Energy, Not Your Time para la Harvard Business Review.

Por ello, las empresas deben reorientar sus políticas de trabajo hacia un enfoque hacia una buena calidad de vida de los empleados, ya sea a través de programas que fomenten una buena alimentación, descanso o  ejercicio físico, como con iniciativas que concilien la vida laboral y personall. De esta forma, mientras la mayoría de las organizaciones invierten en programas de capacitación, son pocas las que ayudan a construir y mantener la energía de los profesionales. Sin embargo, un profesional con hábitos saludables tendrá más energía y estará más motivado en su puesto de trabajo.

El impacto del manejo de la energía

Así lo ha puesto de manifiesto el estudio de Schwartz y McCarthy desarrollado en el Wachovia Bank. Dicho estudio consistió en un programa piloto sobre el manejo de la energías,  en el que participaron un centenar de empleados de distintas oficinas regionales.. La principal conclusión de la investigación fue que un mejor manejo de la energía permite hacer más cosas en menos tiempo a un mayor nivel de compromiso y con máyor sostenibilidad.

En concreto, los participantes mostraron un aumento año tras año en los tres principales productos de préstamos ; el incremento fue de 13 puntos porcentuales por encima de los resultados del grupo de control .Además en los ingresos de los depósitos se superó la ganancia anual del grupo de control en 20 puntos porcentuales durante ese mismo período. A nivel individual, el 68% de los encuestados aseguró que el programa tuvo un impacto positivo en la relación con los clientes y el 71% afirmó que influenció positivamente en su productividad y rendimiento.

¿Cómo incrementar la energía?

¿Cómo podemos reforzar los niveles de energía de los profesionales? En este aspecto, existen cuatro dimensiones que conforman la energía personal: cuerpo, emoción, mente y espíritu.

Por ello, para impulsar el manejo de la energía debemos desarrollar estos cuatro elementos:

  • Hábitos saludables. El primer requisito para un óptimo manejo de la energía es disponer de unos hábitos de vida saludables que nos posibiliten estar al 100% en el  nivel físico. En este sentido, una buena alimentación, dormir lo suficiente o hacer deporte afectan considerablemente a la agilidad mental, la concentración o la memoria, entre otros efectos.
  • Gestión emocional. Si somos capaces de controlar nuestros estados de ánimo, también mejoraremos la calidad de la energía, independientemente de las circunstancias. De ahí que las personas positivas y resilientes muestren un mejor desempeño, pues aprovechan las emociones para sacar todo su potencial.
  • Focalización. En el plano mental, la multitarea es un gran enemigo del manejo de la energía. Querer abarcar muchas misiones y gestionarlas todas al mismo tiempo, realmente reduce la productividad, debido al tiempo que perdemos pasando de un tema a otro. Por ello, es más eficiente concentrarse en una tarea por un periodo de 90 a 120 minutos y después descansar para retomar el siguiente objetivo.
  • Alineación. Aquellas personas que creen en lo que hacen ofrecen mayores niveles de energía. Conectar de con un propósito importa y nos permite ser más persistentes y productivos. De ahí que sea recomendable reflexionar sobre la auténtica aportación de nuestro trabajo como forma para recargar el espíritu.

 




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