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¿A quién no le ha pasado en algún momento de su vida que se ha visto desbordado por las numerosas posibilidades existentes y hubiera preferido solo tener dos opciones entre las que elegir? La Ley de Hick afirma que, a mayor número de alternativas, mayor tiempo de respuesta, un paradigma aplicable en cualquier ámbito de la vida –personal o laboral- y que nos ayuda a valorar la importancia de la simplicidad.

En el sector empresarial estamos sometidos a un proceso de decisión constante con cada vez más alternativas, gracias en gran medida a la evolución de las tecnologías, lo que puede generar una mayor incertidumbre y perjudicar a nuestra propia eficiencia. ¿Cómo puede un líder aplicar la Ley de Hick en beneficio de la empresa?

Contenido de la Ley de Hick

El punto de partida de la Ley de Hick se remonta a finales del siglo XIX, cuando Julius Merkel publicó su tesis doctoral (1885) en la que evidenciaba que, cuando un estímulo forma parte de un grupo mayor de estímulos posibles, las personas necesitan más tiempo para dar una respuesta. Para ello llevó a cabo un experimento con una especie de piano formado por 10 teclas (una por cada dedo de las dos manos) que correspondían a los números del 1 al 5 y del I al V. Así, si a los participantes se les decía que iban a ver el número 1 o I, el tiempo que tardaban en pulsarlo era inferior al que necesitaba cuando se les daban todas las variables (del 1 al 5 y del I al V).

Con esta base, William Edmund Hick y Ray Hyman profundizaron a mediados del siglo XX en esta teoría a través de nuevos experimentos en los que relacionaron el rendimiento en una tarea con la información transmitida, llegando a la conclusión de que se podía calcular el tiempo que una persona necesitaba para adoptar una decisión según el número de alternativas existentes a través de la siguiente fórmula:

Tiempo de reacción = a + b log2(n)

(donde a y b son constantes determinadas empíricamente).

En este sentido, como recoge el APA. Diccionario conciso de Psicología, de la American Psychological Association, la Ley de Hick supone “el hallazgo de que el tiempo requerido para clasificar un estímulo como parte de un conjunto particular aumenta de manera proporcional con el número de estímulos en el conjunto”.

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Es decir, “dados un conjunto de estímulos con igual probabilidad de aparición y manteniendo constante el nivel de desempeño del sujeto, el tiempo de transmisión se incrementará en una cantidad constante cada vez que se duplique el número de estímulos”, añaden Addie Johnson y Robert W. Proctor en su libro Atención: teoría y práctica.

Por ejemplo, imaginemos un equipo de desarrollo de producto que se enfrenta a la decisión de elegir el color de un nuevo artículo. Si las opciones son blanco o negro, los trabajadores tardarán mucho menos en emitir su opinión que si pueden seleccionar cualquier tono de la paleta cromática.

Los elementos que determinan la decisión

Ahora bien, lo que la Ley de Hick consigue es calcular el tiempo de reacción de las personas, no la calidad o nivel de acierto de sus decisiones. De acuerdo con Edith Sánchez, autora del artículo La Ley de Hick y la toma de decisiones, para que la decisión sea correcta hay que tener en cuenta cuatro factores:

  • Experiencia. El hecho de contar con un conocimiento empírico contribuye a que una persona adopte soluciones adecuadas.
  • Buen juicio. Entendido como la mezcla de sentido común y capacidad de razonamiento, los individuos con buen juicio serán más propensos a sopesar las consecuencias desde el realismo y tomar buenas decisiones.
  • Creatividad. La habilidad para usar el conocimiento existente para formular nuevas alternativas es también un elemento esencial en la resolución de problemas.
  • Habilidades cuantitativas. Se refiere a la capacidad para evaluar datos cuantitativos sobre un asunto en cuestión, permitiendo usar esas cifras para lograr una correcta decisión.

Aplicación de la Ley de Hick

La aplicación de la Ley Hick en cualquier sector es simple: reduce el número de estímulos y obtienes un proceso más rápido de toma de decisiones. Así lo decidieron al diseñar el número de botones del microondas, por ejemplo.

Aunque su campo de acción está más extendido en el ámbito del diseño y web y los vídeojuegos (permitiendo controlar la navegabilidad del usuario), también es muy útil en el sector empresarial y el proceso de toma de decisiones.

Cuando los directivos o jefes de equipo involucran a los empleados en la adopción de medidas, es importante no perder de vista la Ley de Hick, porque si presentamos multitud de posibilidades frente a ellos, los estamos exponiendo a una sobre-elección y lo más probable es que necesiten mucho tiempo para debatir y decidir cuál es mejor para ellos.

¿Cómo podemos ajustar la Ley de Hick en el trabajo? La clave está en eliminar las opciones menos deseadas para la compañía o los propios trabajadores, las menos ventajosas y aquellas que son de partida inviables. De este modo, nos aseguramos de que los equipos no solo toman decisiones que presenten un mayor equilibrio entre riesgos y beneficios, sino que también lo hacen con mayor celeridad.

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