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Guía: Descubre cómo gestionar el talento para el liderazgo

Por muy templado que sea el carácter de una persona, nadie está exento de sentir emociones en el trabajo. No es un objeto, como las llaves o el portátil, que podamos dejarnos en casa antes de acudir a la oficina.

Es más, a pesar de que tradicionalmente se ha tratado a las emociones en el ámbito laboral en términos peyorativos, lo cierto es que las últimas investigaciones en la materia destacan que los estados de ánimo deben formar parte del día a día de los profesionales como un instrumento positivo.

La clave está en desarrollar una adecuada inteligencia emocional que nos permita gestionar estos sentimientos, controlando los impulsos negativos y aprovechando los positivos.

Concepto de emociones

¿A qué nos referimos cuando hablamos de emociones en el trabajo? Según Employees’ Emotions in Workplace, del doctor R.Gopinath, se trata de “un estado emocional complejo acompañado por una excitación fisiológica y determinadas conductas manifiestas”.

En este sentido, la investigación Why Does Affect Matter in Organizations?, de Sigal G. Barsade y Donald E. Gibson, diferencia entre varios tipos de lo que denominan ‘afecciones’:

  • Emociones: sentimientos relativamente intensos y de corta duración percibidos por el propio emisor que se centran en un objetivo o causa específica y que, después de la intensidad inicial, pueden transformarse en un estado de ánimo. Por ejemplo, cuando sueltas una carcajada ante un comentarios ocurrente de un compañero.
  • Estados de ánimo: sentimientos algo más difusos y sin estar motivados por una causa específica que presentan una duración superior y, en ocasiones, no son percibidos por el sujeto. Imagina que tienes a un familiar en el hospital; tu estado de ánimo en el trabajo reflejará –seas consciente o no- esa preocupación.
  • Carácter personal: se refiere a la tendencia general, estable y predecible de un individuo a la hora de responder ante determinadas situaciones. Se trata de la personalidad de cada profesional: serios, amables, divertidos, empáticos, distantes…

Impacto de las emociones en el trabajo

Alegría, compasión, miedo, ira, decepción… Los estados de ánimo que puede sufrir una persona son muy variados y su expresión, según la investigación The Emerging Role of Emotions in Work Life: An Introduction, de Cynthia D. Fischer y Neal M. Ashkanasy, se expande en cinco niveles:

  • Dentro de la persona.
  • Como individuo.
  • Entre dos sujetos.
  • A nivel grupal.
  • En el ámbito organizacional.

De hecho, en la últimas décadas se han multiplicado las investigaciones sobre el impacto de las emociones en el trabajo, llegando a la conclusión generalizada de que los estados de ánimos y la disposición general de los profesionales afecta directamente al rendimiento, la toma de decisiones, la creatividad, la capacidad de colaboración, la motivación laboral o el liderazgo, tanto en lo positivo como en lo negativo.

Como consecuencia, los directivos deben asumir la inherencia de las emociones en el trabajo y, en lugar de tratar de erradicarlas de las empresas, deben redirigir sus esfuerzos al desarrollo de la inteligencia emocional de la plantilla.

¿Cómo gestionar las emociones?

Así, Neal M. Ashkanasy y Catherine S. Daus, en Emotion in the Workplace: The New Challenge for Managers, recomiendan a los altos cargos y líderes cinco pautas para desarrollar y mantener un clima emocionalmente positivo en el lugar de trabajo:

  1. En lugar de ver las empresas como espacios puramente racionales, los gerentes deben evaluar el impacto emocional del trabajo de cada empleado y estructurar la asignación de puestos teniendo en cuenta –además de sus capacidades técnicas y sociales- la inteligencia emocional de cada profesional.
  2. Los trabajadores no pueden comportarse como robots en la compañía; crean relaciones e interaccionan, por lo que es esencial que los directivos creen ambientes positivos y emocionalmente estables.
  3. Para potenciar los estados de ánimo positivos de la plantilla, la organización debe ofrecer un adecuado sistema de recompensas y compensación que permita a los empleados sentirse realizados y satisfechos.
  4. Los procesos de selección de nuevos trabajadores deben tener en cuenta la inteligencia emocional de los candidatos y analizar cómo encajará su personalidad dentro de la organización.
  5. La inteligencia emocional es un aspecto que, como la cognitiva, puede entrenarse, por lo que los ejecutivos y responsables de Recursos Humanos deben poner en marcha iniciativas que permitan el desarrollo de una mejor gestión de los sentimientos e impulsos.

 

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