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Tendemos a pensar que la experimentación en la empresa debe surgir como forma para ratificar una teoría previa. Sin embargo, en la actualidad, se hace más preciso que nunca realizar pruebas por el mero hecho de experimentar para innovar, de aplicar un enfoque ensayo-error para conectar ideas y generar soluciones disruptivas.

¿Por qué debemos experimentar para innovar?

No basta con promover la innovación dentro de la empresa; esta debe ir acompañada de un proceso de experimentación. El frenético cambio al que asistimos no deja mucho margen al tradicional proceso de planificar-testear-ejecutar, sino que este orden debe sustituirse por probar-planificar-ejecutar. Como señala Meg Busse en Experimentation: A Shortcut to Innovation, “la experimentación puede parecer impredecible o arriesgada, dados los serios problemas que las organizaciones están abordando, pero el mundo está cambiando más rápido de lo que se requiere para generar impacto si utilizásemos métodos conocidos”.

En este sentido, Emilia Saarelainen en Why there’s no innovation without experimentation, establece una serie de ventajas de experimentar para innovar:

  1. Apendizaje. Tradicionalmente, hemos empleado la experiencia y el conocimiento para dar lugar a nuevas soluciones, pero no debemos olvidar el aprendizaje que genera por sí mismo experimentar para innovar. Gracias a un modelo creativo de ensayo-error obtenemos respuestas, probamos suposiciones, recopilamos datos y, en definitiva, recogemos una información esencial de cara a una efectiva toma de decisiones. «Si un equipo experimenta con algo y dice ‘Estos son los hechos, esto no funciona y he aquí por qué’ no es un fracaso; es una experiencia de aprendizaje y, por lo general, un hito importante en el camino hacia el éxito», afirman Michael Dell y Catherine Fredman en Direct from Dell.
  2. Riesgo minimizado. Experimentar para innovar lleva aparajeado un gran número de fracasos, pero fracasos positivos, que nos permiten controlar los riesgos de poner en marcha nuevas ideas. Así, sin pruebas previas, un proyecto puede convertirse en un gran error, costando ingentes cantidades de tiempo y dinero a la compañía; en cambio, mediante la experimentación constante, minimizamos el impacto de los fallos. “Al probar cosas a pequeña escala y tan pronto como sea posible, experimentamos mini fallas temporales que brindan mucha información y, por lo tanto, ayudan a evitar errrores significativos que podrían hacer que los proyectos (no probados) fallen desastrosamente”, apunta la experta.
  3. Ahorro. En consecuencia, experimentar para innovar a través de pequeños ensayos supone un menor coste que si se tratara de testeos a gran escala. Además, corroborar las tesis previas evita realizar grandes inversiones en un proyecto que resulte infructuoso. “Las empresas podrían ahorrar mucho dinero y tiempo si los problemas se detectan y resuelven temprano”, explica Saarelainen.
  4. Mejora de la oferta. Gracias a esta metodología de experimentar para innovar también conseguimos crear servicios y productos que realmente necesitan y desean los consumidores, pues no nos limitamos a ‘adivinar’ qué quiere nuestro target, ni apostamos todos nuestros recursos a una sola carta, sino que contamos con un banco de pruebas previo que nos permite ajustar nuestra oferta a la demanda real.

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¿Cómo potenciar la experimentación en la empresa?

Ahora bien, para que una organización aplique este método de experimentar para innovar, es necesario que los directivos promuevan esta actitud dentro de los equipos. ¿Qué conductas deben primar dentro de un grupo de trabajo disruptivo?

  • Extender la proactividad. Para constituir una empresa innovadora, la experimentación debe una tarea de primer orden; no debemos postergar los ensayos a la espera de tener más evidencias, sino invitar a los empleados a probar cosas nuevas para ratificar, posteriormente, si esa idea funcionaría. “Cree una cultura corporativa inspirada en el valor de la acción”, aconsejan Jeffrey Pfeffer y Robert Sutton en The Knowing-Doing Gap.
  • Premiar la experimentación. En este mismo sentido, es necesario activar una cultura que valore las ganas de probar cosas nuevas. Como señala Alex Miller en Strategic Management, “las normas organizativas y la experiencia empresarial deben reforzar continuamente el oportunismo del que pueden surgir nuevos descubrimientos y alineaciones».
  • Alejarse de al experiencia y el conocimiento. Puede parecer contradictorio, pero la información que tenemos sobre un hecho cualquiera también provoca que aparezcan prejuicios o ideas preconcebidas que limitan la creatividad de los profesionales. Por ello, es importante promover metodologías de ‘ojos limpios’, donde los trabajadores puedan librarse de todas esas suposiciones y experimentar para innnovar con total libertad.
  • Utilizar los datos. Si bien la experimentación no debe estar bloqueada, es preciso tener en cuenta los datos que las pruebas van arrojando para ir descartando ideas y encontrando el mejor camino para innovar.
  • Buscar sinergias. El talento de una organización es finito. Entonces, ¿por qué no aprovechar la sabiduría externa? Al experimentar para innovar es recomendable contar con colaboradores, desde otras compañías o startups, hasta expertos independientes, investigadores y, por supuesto, los propios consumidores.

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