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¿Qué pasaría si la distribución de las funciones en la compañía se realiza en virtud de las habilidades y fortalezas de cada trabajador? Esto es lo que propugna el sistema de gestión por competencias, un modelo organizacional basado en el aprovechamiento de las cualidades de cada uno de los miembros de los equipos  -tanto procedentes del talento como de la experiencia– como clave para el éxito de la organización.

El capital humano es el motor de la empresa, pero aunque la compañía cuente con piezas del engranaje de la más alta calidad, el vehículo no arrancará si la Dirección no ha sabido ubicar a cada una de ellas en el lugar adecuado. Es decir, una organización puede contar con los perfiles más destacados del sector y fracasar por una ineficaz gestión de la plantilla.

 

Guía: Claves para el éxito en la gestión de personas

 

Eso sí, cuando la compañía consigue establecer las funciones de cada puesto de trabajo, definir las habilidades y conocimientos que estos requieren y asignar a ellos a los empleados que mejor se adaptan a los roles, consigue crear equipos de alto rendimiento que reportan numerosos beneficios:

  1. Mejora el desempeño de los trabajadores y de la empresa. En este modelo, cada colaborador realiza las funciones que mejor sabe hacer y, por lo tanto, será más productivo en su puesto de trabajo, lo que se traduce en un aumento de la eficiencia de la organización. Además, los empleados verán cómo cumplen los objetivos y se sentirán parte fundamental de la empresa, lo que potenciará, a su vez, su motivación y satisfacción, y redundará en el clima laboral de la compañía.
  2. Facilita la evaluación del desempeño de la plantilla. Gracias al sistema de gestión por competencias, la Dirección de la empresa o el departamento de Recursos Humanos pueden conocer las habilidades y conocimientos de los diferentes integrantes de la organización, así como las metas a desarrollar en los diferentes puestos de trabajo, simplificando la evaluación del desempeño. Dado que el modelo permite concretar qué requiere la empresa y qué ofrece el empleado, se pueden determinar con facilidad las fortalezas y debilidades y establecer planes de mejora continua adaptados a cada caso.
  3. Propicia un sistema de recompensa y remuneración más justo. Al poder obtener resultados muy concretos y detallados sobre el desempeño de cada profesional, la compañía puede establecer parámetros objetivos y cuantificables para premiar a los trabajadores, ya sea mediante promociones, remuneraciones o gratificaciones.
  4. Retiene y atrae el talento. Cuando los trabajadores se sienten motivados y valorados por la organización, las tasas de retención del talento se incrementan y se reducen las de absentismo y rotación del personal. Además, el buen funcionamiento organizacional de la compañía impacta directamente en la imagen de marca y se convierte en un potente atractivo para los profesionales mejor cualificados.
  5. Impulsa la capacidad de adaptación de la empresa. El hecho de contar con un inventario de competencias definido enriquece la visión de conjunto de la compañía sobre los recursos disponibles y las posibles mejoras, de modo que los equipos están preparados en todo momento para adaptarse a las nuevas necesidades del mercado.

 


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