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En reiteradas ocasiones, hemos escuchado a los pequeños empresarios lamentarse del daño que le ocasionan las grandes compañías en el actual entorno globalizado. Además de otros factores, las economías de escala tienen mucho que ver en esta mayor rentabilidad de las multinacionales, pero ¿qué es y cómo funciona este concepto clave de la estrategia empresarial?

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Concepto de economías de escala

Las economías de escala hacen referencia a la mayor reducción de costos que consiguen las empresas cuando tienen una gran producción, tanto por el mayor aprovechamiento de los recursos como por la superior fuerza de negociación que presentan con los proveedores.

Pongamos el ejemplo de un taller de reparación de coches. Si se trata de una gran cadena, con numerosas sucursales repartidas por toda la geografía, necesitarán comprar miles de ruedas para su stock, mientras que en un negocio familiar, ubicado en cualquier municipio, solo requerirá unas cuantas unidades para satisfacer la demanda de sus clientes. ¿Quién crees que conseguirá mejor precio de compra de los fabricantes de ruedas?

Sigamos en el mismo caso. En ambas empresas podemos encontrar una máquina de análisis electrónico de los vehículos que permita detectar los fallos del sistema de los coches. Sin embargo, a pesar de que el desembolso para su adquisición ha sido similar, en la pequeña compañía será empleada un par de veces al día, mientras que en la multinacional la emplearán continuamente durante la jornada, obteniendo el máximo rendimiento del recurso.

El resultado de las economías de escala es que los holdings y grandes empresas, al reducir los costes, pueden abaratar los precios de venta respecto a las pymes, lo que repercute en un aumento de las compras por parte de los consumidores, o aumentar los márgenes de rentabilidad, generando mayores beneficios económicos.

No obstante, las economías de escala no son un recurso exclusivo de las grandes corporaciones. Los pequeños empresarios también pueden trabajar con esta estrategia a través de mecanismos como el renting, el outsourcing, el alquiler a largo plazo, el cooperativismo, las uniones estratégicas con otras compañías para tener más fuerza en el mercado…

Pros y contras de la estrategia

Ahora bien, tanto en el ámbito internacional como el local, antes de desarrollar economías de escala es conveniente plantearse las ventajas y desventajas de este modelo.

Así, en cuanto a los pros de las economías de escala, como hemos visto anteriormente, generan los siguientes beneficios para las compañías:

  • Permiten reducir los costes de adquisición. Cuanta mayor sea la adquisición de materia prima o recursos por parte de las empresas, mayor fuerza tendrán a la hora de negociar los precios con los proveedores.
  • Posibilitan establecer precios más ajustados de sus productos o servicios. Es una mera cuestión matemática: si la empresa A consigue comprar el material por 10 euros la unidad, puede establecer un precio de venta de 12, por ejemplo; pero si el coste de adquisición es de 11, la compañía tendrá que optar por mantener el precio de 12, reduciéndose su margen de beneficio, o aumentarlo a 13 euros para mantener la misma rentabilidad que la competencia.
  • Suponen un incremento de la eficacia. Al sacarle el máximo partido a los recursos, tanto materiales como humanos disponibles, la relación entre gastos de personal, infraestructura y logística con la producción será más positiva.
  • Influyen en la mejora del resto de áreas. Dado que los ingresos de la compañía aumentará con la aplicación de economías de escala (más ventas, más margen de beneficio…), la organización puede dedicar más recursos a implementar mejoras a nivel interno, como formación de la plantilla, renovación de la maquinaria, control de la calidad, actualización de los sistemas informáticos… Esto, a su vez, reforzará la supremacía de la empresa, entrando en una espiral de mejora continua.

Sin embargo, las economías de escala no están exentas de desventajas entre las que se encuentran las siguientes:

  • Incrementan los riesgos. Conforme aumente el volumen de la compañía, los riesgos a los que se enfrenta la empresa son mayores, de modo que un pequeño fallo puede provocar consecuencias catastróficas.
  • Requieren un control exhaustivo. Del mismo modo, el máximo aprovechamiento de los recursos y el ajuste de los precios de compra y venta deben estar sometidos a un constante y pormenorizado análisis, lo que lleva aparejada la inclusión de más puestos directivos o gestores que vigilen que todo se ajusta a lo planeado.
  • Suponen un mayor gasto. Para ser competitivos en las economías de escala, es preciso destinar grandes partidas a la formación del personal, la renovación de la maquinaria y la apuesta por la innovación que permita a la compañía sobresalir en el mercado y captar el interés de los consumidores.

La RSE en las economías de escala

Con la irrupción de la Responsabilidad Social Empresarial y la aparición de empresas con una mayor consciencia sobre el impacto que generan a nivel económico, social y medioambiental, se pone sobre la mesa otra forma de ser altamente competitivos independientemente del tamaño o el volumen de compraventa de la organización.

En estas empresas socialmente responsables, la fuerza para negociar o para atraer a los consumidores no se reduce a una cuestión económica, sino que está vinculada con el propósito, valores y espíritu de la compañía, desarrollando nuevos focos para ser rentables.

Como explica el profesor Raj Sisodia, uno de los fundadores del Capitalismo Consciente, “no se trata de minimizar costes y generar beneficios; se trata de crecer, preocuparse y tener un impacto”.

En este sentido, ¿cómo pueden las empresas de RSE mantenerse en un mercado internacional? Gracias a la fidelidad que reciben de inversores, consumidores y proveedores con los que comparten su código ético y principios.

Por ejemplo, mientras en las economías de escala se apuesta por el precio como vía para atraer a los consumidores, en las empresas socialmente responsables se aporta un valor añadido: la existencia de un ideario común que favorece la fidelidad de los clientes. De este modo, los compradores de las multinacionales tradicionales dejarán la marca cuando obtengan el mismo producto o servicio a un precio mejor en la competencia, pero se mantendrán unidos a la firma en aquellas compañías con las que compartan los valores.

“Es hora de dejar atrás las historias tóxicas sobre el mundo empresarial. Después de todo, una empresa no es una máquina, ni un juego de guerra o un problema de matemáticas. Se trata de la vida de personas reales”, aboga Sisodia.

 


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