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Estás en una importante entrevista de trabajo, llevas un rato hablando sobre tus éxitos profesionales y tus aportes para la compañía y todo parece ir positivamente hasta que aparece la temida pregunta: ¿Podría decir cuáles son sus debilidades personales? Tranquilo, porque se puede salir de esta fase del cuestionario sin dañar la imagen como candidato.

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Las debilidades personales, tema recurrente en la selección

Las debilidades personales hacen referencia a las carencias de una persona en una determinada área o a conductas negativas. Procrastinar, desorganización, lagunas técnicas, falta de empatía, poca tolerancia al estrés, impuntualidad, indecisión, impulsividad… son algunas de las debilidades personales que sufren los profesionales.

Sin embargo, como dijo Joe E. Brown a Jack Lemmon en el famoso final de Con faldas y a lo loco, “nadie es perfecto”. Por tanto, la clave no está tanto en esconder las debilidades personales durante el proceso de selección como en decidir cuáles exponer y cómo hacerlo.

No debemos olvidar que cuando los reclutadores plantean este tema no pretenden dejar en evidencia al aspirante por sus fallos, sino comprobar cómo estos profesionales se enfrentan a los mismos.

Claves para hablar sobre las debilidades personales en la entrevista

En este sentido, la experta en desarrollo profesional Heather Huhman aporta en una publicación de Business Insider las pautas para superar el proceso de reclutamiento con soltura:

  • Obviar las carencias no vitales. El primer consejo es no revelar fallos que estén directamente relacionados con el puesto en cuestión. Por ejemplo, si esperas entrar a trabajar en una empresa con un funcionamiento vertiginoso no deberías comentar que trabajas mal bajo presión.
  • No aportar fallos irrelevantes. Una cosa es que omitas una carencia que podría poner en peligro tu continuidad en el proceso y otra que hables sobre puntos débiles totalmente ajenos al puesto. Así, a la empresa no le importará demasiado que sientas pánico a hablar en público cuando vas a ocupar un puesto en contabilidad que no requiere de esa habilidad.
  • Evitar las respuestas recurrentes. El “me implico demasiado” o “soy demasiado perfeccionista” son ideas muy repetidas que harán un flaco favor en cuanto a la imagen que de ti se forme el entrevistador.
  • Insistir en su corrección. En cuanto comentes cuáles son esas debilidades personales que te solicitan debes hacer hincapié en cómo has corregido o estás corrigiendo esa carencia. Por ejemplo, puedes decir que no dominas un idioma pero que desde hace un tiempo estás recibiendo clases para mejora, o que flaqueas en ofimática pero estás realizando un curso a distancia.
  • Titubear. Más vale tener un punto flaco y reconocerlo –pues solo así se puede subsanar- que ni siquiera estar seguro de su existencia. Por eso es mejor no usar expresiones como “Yo creo…”, “Me han dicho que…”, “Puede ser…”
  • Preparar las respuestas. Es muy recomendable ir preparado a la entrevista de trabajo, realizando previamente un listado con las debilidades personales y analizando cuáles se podrían utilizar durante la esperada pregunta del reclutador. Eso sí, tampoco conviene pasarse con la planificación hasta el punto de que la respuesta suene a preparada. Busca las ideas claves y desarróllalas con naturalidad en el momento oportuno.


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