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¿Tienes la sensación de que no demuestras ni la mitad de tu valía durante las entrevistas de trabajo? Es muy común que en los procesos de selección las emociones jueguen malas pasadas y salgamos con la sensación de no haber expuesto todo nuestro potencial. Por ello, desarrollar una correcta gestión de las emociones, previamente, nos permitirá acudir a esa oferta de empleo con mayor seguridad, y obtener mejores resultados.

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Gestión de las emociones, una asignatura pendiente

Según los datos recopilados por Coaching Club durante 2016, uno de cada dos jóvenes asegura que no da ni el 40% de sí mismo durante los procesos de selección debido a una mala gestión de las emociones.

Por muy preparados que estén a nivel académico y competencial, y a pesar de los años de formación en titulaciones y másteres, en torno al 90% de los recién licenciados no han sido capacitados para superar uno de los puntos de inflexión más importantes en la vida de una persona: el acceso al mercado laboral.

El estrés por conseguir el puesto, la tensión ante las indagaciones del entrevistador a través de preguntas difíciles o comprometidas, los nervios generados por la inseguridad o el miedo al fracaso, pueden llevar a un gran candidato a perder el empleo.

¿Cómo afrontar emocionalmente la entrevista?

Aunque hay personas que tienen mayor autocontrol, la gestión de las emociones es una habilidad que puede mejorarse con formación y práctica. En este sentido, para que el proceso de reclutamiento sea un éxito para el aspirante, existen una serie de pautas que contribuyen a convertirnos en dueños de nuestros propios actos.

Los preparativos

Como preparación a la entrevista, la experta en Neurolingüística y autora de obras como Escribe, habla, seduce, Mónica Pérez de las Heras, en un artículo para Infojobs recomienda a los candidatos seguir los siguientes consejos basados en la PNL durante las horas previas al encuentro laboral:

  • Visitar el sitio de la entrevista con antelación. Conocer de antemano el lugar en el que se va a desarrollar el proceso de selección contribuye a que nos encontremos más cómodos después. Por ejemplo, el hecho de saber cómo llegar hasta la calle o cuál es el portal evitará los nervios de estar buscando la ubicación durante el ‘día D’ y contribuirá a que mantengamos la calma por más tiempo.
  • Recrear los posibles escenarios. Una buena técnica para una correcta gestión de las emociones durante la entrevista es visualizarla con anterioridad, imaginándonos las posibles preguntas del reclutador y las respuestas por nuestra parte. De este modo, estaremos preparados para cualquier situación, sin que nos desconcertemos o quedemos bloqueados durante la reunión.
  • Reforzar la autoestima. En los días anteriores a la entrevista es importante que incidamos en nuestras capacidades y no prestemos atención a nuestras limitaciones. Hay que reforzar la idea del “Yo puedo” para acudir al encuentro con más fuerza y seguridad.

En la entrevista

Preparado el terreno, ¿qué podemos hacer una vez cara a cara con el entrevistador? Según Verónica Rodríguez, directora de Coaching Club, en un artículo publicado por el portal RRHHDigital, tenemos a nuestra disposición algunos trucos para salir airosos:

  • Controlar la comunicación no verbal. El lenguaje corporal, las expresiones faciales y la voz aportan la mayoría de la información durante la conversación, así que es importante tratar de que el cuerpo refleje, también, las ideas que tratamos de transmitir. Debemos evitar los movimientos de piernas o repiqueteos de dedos, esquivar las miradas, etc.
  • No titubear. Dudar ante las preguntas del entrevistador denota inseguridad, por lo que es recomendable responder con firmeza y seguridad. De ahí la importancia de haber preparado las respuestas antes.
  • Evitar comportamientos agresivos o a la defensiva. Los reclutadores suelen usar cuestiones comprometidas para poner a prueba nuestra gestión de las emociones, así que lo mejor es mantener una actitud asertiva en cualquier situación.
  • No memorizar las respuestas. Nuestra forma de hablar durante la entrevista debe ser natural. Una cosa es preparar lo que vamos a decir y otra, muy distinta, repetir las ideas como papagayos.
  • Ofrecer un discurso positivo. Cuando surjan temas negativos o indaguen sobre nuestras debilidades, la pauta aconsejada es revertir las respuestas de forma positiva. Por ejemplo, si el entrevistador resalta que no tenemos experiencia con un programa clave, no nos debemos limitar a corroborar ese dato, sino incidir en nuestra capacidad de mejora e interés por el aprendizaje.
  • No mentir. De poco servirá superar la fase de selección si al llegar al puesto de trabajo comprueban que todo lo que hemos asegurado en la entrevista no es cierto. Aportar información falsa nunca es el camino para introducirse en el mercado laboral.
  • Trabajar la calibración y el rapport. Sin llegar a ser exagerados, un buen sistema para ‘conectar’ con el entrevistador es ajustar nuestros gestos y lenguaje a los del reclutador, puesto que las personas tienden a sentir simpatía por aquellos en los que se ven reflejados.

 

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