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Las estrategias organizativas no son una cuestión de azar o de ‘gustos’ de los directivos; deben ajustarse a la perfección al tipo de empresa, a su antigüedad, a sus necesidades, a su modelo productivo, a su tamaño, al entorno en el que se mueve, a su cultura organizacional, a los objetivos que persigue…

¿Te imaginas una compañía de 500 empleados con una estructura totalmente lineal, donde cada integrante respondiese ante un superior inmediato de forma sucesiva? ¿Cuánto tardarían en tomarse decisiones y ejecutarlas? ¿O una empresa con tres trabajadores que se rija por un modelo matricial en el que se formen grupos para cada nuevo proyecto? ¿No serían los integrantes de estos equipos siempre los mismos? Cualquier estrategia de negocio, por muy bien diseñada que esté, no tendrá la máxima repercusión posible si no está sustentada en el organigrama adecuado; sería como correr con unos zapatos cuatro tallas más grandes o cuatro números más pequeños.

La estrategia organizativa en la empresa

Según la definición recogida por Tasneem Hameed en Organizational Strategy and Human Resources, las estrategias organizativas son aquellas dirigidas a la “creación, implementación y evaluación de decisiones dentro de una organización que le permiten alcanzar sus objetivos a largo y corto plazo”. Se trata, por tanto, de definir los patrones de diseño para estructurar una empresa, con el fin de cumplir las metas propuestas y lograr el objetivo deseado.

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No es un tema baladí, pues las estrategias organizativas están inexorablemente ligadas al éxito o fracaso de la compañía. Así, Robert J. Allio, en The Practical Strategist, considera que la estructura organizativa de la empresa es un punto esencial en la implantación estratégica, pues esta última dependerá de que exista un correcto y fluido funcionamiento de los sistemas gerenciales y el organigrama de la corporación.

De acuerdo con Alfonso P. Fernández del Hoyo, autor de El grado de orientación al mercado en la empresa española, “la manera en que las organizaciones se estructuran es un medio o instrumento para obtener un fin, que es ayudar a conseguir los objetivos de implantación, ya que, si la estructura está adecuadamente diseñada para ajustarse a la estrategia, es más fácil coordinar, relacionar y motivar”.

Por tanto, las estrategias organizativas deben estar a disposición de los objetivos de la compañía y amoldarse a los cambios en el entorno que se puedan producir para facilitar la consecución de las metas, según apostilla Alfred D. Chandler en Strategy and Structure.

Tipos de estrategias organizativas

Ahora bien, ¿cuáles son las posibilidades estructurales de las que disponen las empresas? Junto a otros modelos más alternativos surgidos en los últimos años, en términos generales, estas son las estrategias organizativas más empleadas por las compañías:

Estructura jerárquica

Dentro de las estrategias organizativas, sin duda, la más extendida y tradicional es la jerárquica o piramidal. En estas empresas, las relaciones se desarrollan de forma vertical, recayendo el poder de decisión en los altos cargos de las compañías, a los que responden varios jefes de equipos que, a su vez, supervisan a los trabajadores de cada grupo.

Este modelo permite un mayor control, al quedar cada actuación sometida a la aprobación de un superior, y un reparto de tareas especializado, pues cada profesional se encarga de unas funciones y objetivos concretos, aunque también puede provocar una alta burocratización de los procesos y una excesiva concentración de la toma de decisiones en unas pocas personas, mermando el sentido de pertenencia y la implicación de los trabajadores.

Estructura lineal

Siguiendo con las estrategias organizativas más jerarquizadas, la también llamada estructura militar se basa, en su concepción más radical, en el establecimiento de una línea de autoridad a lo largo de toda la empresa, donde cada profesional es, a la vez, mando y subordinado, hasta llegar a los dos extremos del organigrama.

Este modelo es útil en pequeñas empresas, pues aporta gran claridad a la organización y permite actuar de forma rápida y flexible, sin perder el contacto directo entre superiores y colaboradores. Sin embargo, en compañías de mayor envergadura, la extrema jerarquización puede anquilosar la toma de decisiones, al tiempo que reduce el rango de especialización.

Estructura funcional

En este caso, el organigrama empresarial se distribuye en diferentes departamentos encargados de llevar a cabo unas determinadas tareas, dirigidos por un jefe de sección que responde ante la cúpula directiva. Esta distribución puede realizarse en base a diferentes factores:

  • Por funciones: el reparto se lleva a cabo a partir de los diferentes pasos o procesos que tienen lugar en la empresa.
  • Por producto: cada área de trabajo se responsabiliza de un determinado producto o servicio.
  • Por territorio: el reparto de departamentos se hace según la ubicación de los mismos.
  • Por clientes: cada sección se encarga de una parte concreta de la cartera de clientes de la compañía.

Por su propia idiosincrasia, en este modelo prima la especialización de cada área de trabajo y la focalización del personal en unas misiones concretas, reduciendo la duplicidad de funciones. No obstante, entre sus riesgos se encuentra la falta de comunicación o entendimiento entre los diferentes departamentos, creando ambientes de trabajo divididos.

Estructura en staff

Consiste en un nuevo modelo de gestión empresarial, surgido a partir del avance tecnológico en las grandes corporaciones, en el que se combinan las relaciones de autoridad directa con el asesoramiento y consultoría de entidades externas a la organización. Así, la empresa apuesta por el outsourcing en funciones como servicios, seguimiento, recursos humanos o asesoría, destinando su capital humano a las tareas centrales de la compañía.

En este sistema, la organización puede disponer de trabajo altamente especializado y eficiente sin que la autoridad se vea amenazada. En cambio, si no se delimitan bien las competencias de los miembros externos, también puede generar graves conflictos con el personal de la compañía.

Estructura matricial

En este tipo de estructura, el personal se distribuye temporalmente en función de los proyectos que se estén llevando a cabo y, una vez finalizados, se vuelve a rediseñar el reparto de equipos. Además, dentro de cada grupo de trabajo, los empleados están sujetos a una doble autoridad: una general o funcional y otra encargada de controlar el proyecto en cuestión.

Dentro de las estrategias organizativas, este modelo favorece en gran medida la eficiencia en la gestión de los recursos y el fortalecimiento de las relaciones interpersonales. Entre sus contras, hay que destacar los posibles conflictos de autoridad, la necesidad de realizar constantes reuniones y la dificultad para superar la resistencia al cambio de los profesionales de forma periódica.

Estructura circular

Otras compañías apuestan por estrategias organizativas en las que la distribución de la autoridad se realiza a través de círculos concéntricos dirigidos por un superior que van, igual que en el caso anterior, constituyéndose y desmontándose en función de los proyectos. Cada equipo es autónomo y tiene total poder de decisión sobre su campo de acción frente a otros círculos, aunque debe responder ante un cuadro de mando central, que representa la máxima autoridad de la empresa.

En este sistema, el poder de decisión es distribuido entre los diferentes integrantes de la empresa, democratizando la autoridad en la empresa, y su diseño facilita la flexibilidad y adaptabilidad de la estructura a las necesidades de la compañía. Por el contrario, entre sus desventajas destaca la complejidad de la estructura, capaz de generar cierta confusión, conflictos entre círculos y duplicidad de tareas.

Como puedes observar, existen numerosas estrategias organizativas, todas con sus pros y sus contras. Por tanto, la clave del éxito radica en elegir y adaptar cada modelo a las necesidades que la compañía tenga en cada momento. ¿Cómo puedes saber cuáles son? Te invitamos a que conozcas el Curso Online Executive en Dirección General de la Escuela Europea de Management, donde aprenderás todo lo necesario en gestión empresarial.

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