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La visión del empresario de éxito como un directivo altamente agresivo, capaz de cualquier cosa para conseguir sus objetivos, está cambiando por una nueva perspectiva de los negocios, orientada hacia el mundo de los valores y principios. La razón son las evidencias demostradas del impacto de la ética empresarial en la buena marcha de las compañías.

En un entorno altamente interconectado, los ejecutivos empiezan a darse cuenta de que, si quieren contar con la confianza de los grupos de interés (trabajadores, clientes, accionistas, proveedores…), deben actuar con ética y responder de sus acciones ante la sociedad. ¿A qué se debe este cambio de mentalidad?

Concepto de ética empresarial

Según la Real Academia de la Lengua Española, la ética es “un conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida”. Extrapolando esta definición al ámbito de los negocios, la ética empresarial hace referencia a la aplicación del compendio de valores a la actividad de una compañía.

En este sentido, según la European Business Ethics Network (EBEN), la ética empresarial es “una reflexión sobre las prácticas en los negocios que implican normas y valores de los individuos, de la empresa y de la sociedad”.
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Así, según Floriano C. Roa, en su obra Business Ethics and Social Responsibility, señala que la ética empresarial “estudia, evalúa, analiza y cuestiona los estándares éticos, políticas administrativas, normas morales y teorías éticas que los gerentes y estrategas usan para resolver asuntos morales y dilemas éticos que afectan a la empresa”.

No se trata tan solo de incorporar unos principios genéricos a la empresa con planteamientos globales y abstractos desprovistos de contenido, sino de “concretar los principios generales de las características peculiares de las organizaciones como ámbito específico de actuación humana», apostilla Manuel Guillén Parra en La ética empresarial: una aproximación al fenómeno.  

El auge de la ética empresarial

Aunque ya el padre del Capitalismo, Adam Smith hablaba de que el sistema no funcionaría bien a no ser que cuente con la cooperación moral de los participantes, el origen del concepto de ética empresarial, como tal, no es demasiado antiguo. Solo debemos remontarnos unas décadas atrás, hasta el escándalo del Watergate, que sacudió Estados Unidos en los 70, para encontrar la aparición de esta perspectiva de management en la que toman protagonismo los valores de las compañías y la responsabilidad social corporativa. Una corriente que no ha hecho más que consolidarse a la luz de los continuos casos de corrupción que han salpicado el mundo empresarial desde entonces.

Según James Donnelly, James Gibson y John Ivancevich, autores de Dirección y Administración de empresas, este creciente interés por la ética empresarial surge por la confluencia de tres circunstancias:

  • El surgimiento de grandes escándalos corporativos que han evidenciado la ausencia de valores por las corporaciones.
  • La mayor conciencia por parte de los directivos de que una actuación sin ética puede ser muy costosa para las compañías. Como han puesto de manifiesto los casos anteriores, con pérdidas millonarias y quiebras corporativas.
  • La propia inquietud de los ejecutivos por disponer de un código ético, que les ayude a la toma de decisiones en situaciones de compleja solución.

En este escenario, surge una conciencia social que reclama una mayor ética empresarial. Según explican Laura J. González, Roberto C. Murcia y Eira López en su trabajo Análisis sustantivo: impacto de la ética en el mundo empresarial contable, “actualmente la sociedad demanda que las empresas lleven sus negocios con transparencia, cuiden el medio ambiente y sean responsables de su comportamiento y ,por lo tanto, las empresas reconocen la necesidad de introducir prácticas éticas en la gestión empresarial y en la toma de decisiones de toda la organización”.

No se trata de un cambio del modelo productivo, sino de un nuevo enfoque del mismo. En palabras de Amartya Sen, autora de El papel de la ética empresarial en el mundo contemporáneo, “el tema de la ética empresarial se ubica en el contexto, no tanto de la supervivencia del capitalismo, como de su naturaleza y de la necesidad de cambiar. Todo lo cual genera resistencias por parte de los defensores del capitalismo sin restricciones”.

“La vida es más satisfactoria cuando tenemos una relación en la que nuestros principios guían las decisiones sobre el dinero. El resultado es una mayor felicidad personal y mayores beneficios económicos para nosotros, para otros y para la sociedad en su conjunto”, asegura Patricia Aburdene, autora del best-seller Megatrends 2000, en su libro Conscious Money: Living, Creating, and Investing with Your Values for a Sustainable New Prosperity.

Como señala Antonio Argandoña en La ética en los negocios, una buena empresa ha de ser ética. ¿Por qué? “Una empresa ética tiene ‘otra’ manera de ver los problemas, ya que considerará siempre las consecuencias que sus decisiones tienen sobre todas las personas implicadas. Verá aspectos relevantes que otras empresas no ven, quizá no para la rentabilidad a corto plazo, pero sí para la consistencia de su políticas y acciones, la implicación de sus stakeholders o la creación de confianza entre ellos y la organización”…

Razones para apostar por la ética empresarial

De hecho, son numerosos los estudios que ponen de manifiesto esta relación entre ética empresarial y éxito corporativo. Todos ellos evidencian el alto impacto que genera una actuación basada en valores sobre diferentes aspectos del negocio, especialmente en un entorno globalizado donde todo está interconectado.

En concreto, la ética empresarial conlleva los siguientes beneficios:

  1. Gestión. En base al artículo La importancia de la implantación de los valores en la gestión empresarial, de Randstad, “los valores son cada vez más relevantes a la hora de definir proyectos empresariales y están cada vez más arraigados en la gestión de las compañías”.
  2. Mejor toma de decisiones. Según exponen Balachandran y V. Chandrasekaran en Corporate. Governance, Ethics and Social Responsibility, la ética empresarial ayuda a los directivos a adoptar mejores decisiones, pues al tener en cuenta su impacto en todos los grupos de interés, serán bien recibidas por los stakeholders y reforzarán la confianza y respeto hacia la organización.
  3. Consecución de objetivos. Según el Barómetro de Valores y Ética Empresarial publicado por la Fundación Generación Empresarial, el 83% de los profesionales cree que los valores corporativos son fundamentales para conseguir las metas de la compañía.
  4. Atracción del talento. Uno de los pilares clave en el ámbito empresarial actual es la atracción y retención de los mejores profesionales. Pues bien, las nuevas generaciones dan mayor importancia a la ética profesional, hasta el punto de que el 86% de los millenials considera como requisito prioritario para entrar a trabajar en una compañía que esta actúe de forma ética, según un estudio de la Universidad de Bentley.
  5. Desempeño laboral. Ronald J. Burke, en Culture′s consequences: organizational values, satisfaction and performance, pone de manifiesto que el código ético de una empresa tienen un gran efecto en el desempeño del trabajo y la productividad de la plantilla.
  6. Fidelización de los consumidores. Según el informe Good Purpuse Study, de Edelman, siete de cada diez consumidores recomendarían aquellas empresas por los valores que dirigen su actividad.
  7. Rentabilidad. John Kotter y James Heskett, en Corporate Culture and Performance, evidencian que existe una relación directa entre la ética empresarial y el éxito económico de las organizaciones. De hecho, según desvela el estudio Firms of Endearment, elaborado por Raj Sisodia, las organizaciones, que se preocupan por sus valores y su impacto en los stakeholders, generaron un rendimiento acumulado 14 veces superior al del índice S&P 500 durante el periodo 1998-2013.

Por tanto, como explica Schwerin, en su artículo What’s Wrong With The World And How To Fix It, “muchos negocios reconocen las ventajas de incorporar un código ético a su cultura, no por razonas altruistas, sino porque saben que es esencial para lograr una prosperidad sostenible”.

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