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La mejora del medio ambiente, la reducción de costes en el tratamiento de residuos o la mayor eficiencia en el uso de las materias primas son algunos de los aportes que genera la implantación de un sistema de gestión ambiental en la compañía, pero no son los únicos.

Frente a la concepción –ya descalificada- de que una política ambiental es exclusiva de aquellas empresas denominadas ‘verdes’, lo cierto es que el SGA, como modalidad de sistema de gestión de calidad que es, de se configura como un potente instrumento para mejorar los resultados de la organización en múltiples ámbitos, pues el mercado y la sociedad actual están más concienciados en este aspecto y demandan un compromiso de desarrollo sostenible por parte de las compañías.

 

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Entre los beneficios que se desprenden de la puesta en marcha de un sistema de gestión ambiental destacan los siguientes:

  • Mejora de la reputación e imagen de marca de la empresa. Uno de los efectos de incorporar un SGA en la compañía es el impacto positivo que esta herramienta produce en la percepción que tiene el resto de la sociedad sobre la organización, de modo que resulta más atractiva para los inversores y accionistas, así como para los proveedores y consumidores. De este modo, un sistema de gestión ambiental aumenta el compromiso de los stakeholders en un entorno cada vez más globalizado, al tiempo que evita el riesgo de represalias o boicots por una mala praxis medioambiental.
  • Aumento de las ventas. Como consecuencia de la mejora de la reputación, las compañías sostenibles se sitúan en una posición más privilegiada respecto a los competidores no concienciados con el medio ambiente, hasta el punto de que las firmas con políticas ambientales lograron un incremento medio de las ventas del 4% el pasado año, frente al 1% obtenido por el resto de empresas, según el estudio The Sustainability Imperative sobre hábitos de consumo, publicado en octubre de 2015 por Nielsen.
  • Incremento de la satisfacción de los empleados. Los trabajadores, como el resto de la sociedad, están cada vez más sensibilizados con el medio ambiente, de modo que gracias a la introducción de medidas ambientales las organizaciones impulsan la satisfacción y el compromiso de la plantilla, lo que repercute en la productividad global de la compañía.
  • Reducción de costes. Al evaluar los procesos de la empresa y desarrollar un protocolo de actuación, el sistema de gestión ambiental facilita el control de los recursos disponibles y las materias primas, provocando un ahorro del gasto en consumo. Es el caso, por ejemplo, de IBM, que logró disminuir en 513 mil millones de dólares su gasto eléctrico entre 1990 y 2013. También el presupuesto destinado a las pólizas de las compañías de seguros quedará aminorado por las medidas aplicadas.
  • Optimización de los procesos. La monitorización de la empresa a través del sistema de gestión ambiental también se traduce en una mayor eficacia durante el desempeño de la actividad. Dado que el SGA define y documenta los procesos, la empresa puede detectar los fallos operativos y solventarlos rápidamente.
  • Cumplimiento de la legislación. El sistema de gestión ambiental permite poner al día a la empresa en cuanto al cumplimiento de la normativa vigente, con la consecuente evitación de sanciones, demandas o multas, e incluso prepara a la empresa para la legislación futura.
  • Mayor acceso a ayudas y subvenciones. El hecho de aplicar la normativa medioambiental vigente se configura como un pasaporte para que la empresa pueda solicitar y obtener financiación procedente de las entidades públicas y privadas.

 

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