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A finales del siglo XIX y principios del XX, el ingeniero industrial Frederick Winslow Taylor decidió observar a los obreros de las fábricas para investigar desde un punto de vista empírico los problemas que presentaban las empresas dedicadas a la producción a gran escala. Surge así lo que es la administración denominada científica.

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Qué es la administración científica

Junto a otros pensadores como Charles Babbage, H. Robinson Towne o Joseph Wharthon, Taylor puso en marcha una nueva rama del conocimiento que aunaba dos campos hasta entonces separados: el sector empresarial y la investigación científica.

Esta disciplina, también llamada taylorismo, consiste en la aplicación de una evaluación puramente matemática a los procesos empresariales con el objetivo de descubrir los fallos que se producen durante la actividad de las compañías y diseñar soluciones que optimicen el rendimiento de la organización.

Los inicios de lo que es la administración científica supusieron una revolución en cuanto a la forma de ver los negocios y la Ciencia del Trabajo que impulsó Taylor y sus colegas está aun férreamente implantada en las empresas. Las evaluaciones de personal, los sistemas de ingeniería de la calidad o los modelos MTM de medición del tiempo son el resultado de esas primeras investigaciones.

Conclusiones y principios de Taylor

Tras su trabajo de observación, el experto nacido en Filadelfia llegó a cuatro conclusiones que no dejaban muy bien parada a la administración gerencial de las empresas coetáneas:

  • No existía un sistema efectivo de trabajo.
  • No se ofrecían incentivos económicos para motivar a los empleados.
  • Los directivos adoptaban decisiones sin una base científica que las respaldara.
  • No se tenían en cuenta las destrezas de los trabajadores a la hora de asignarlos a sus respectivos puestos.

Ante este panorama, Taylor desarrolló otras tantas pautas, recogidas en su obra Principios de la administración científica, sobre las que debería basarse la actividad empresarial para no repetir los errores desvelados a través de sus investigaciones:

  • Reorganización del trabajo. El primer consejo que realizó Taylor a los gerentes fue remplazar los sistemas de trabajo ineficientes por otros métodos más optimizados, reduciendo los tiempos de producción, la maquinaria necesaria, la idoneidad de los procesos…
  • Selección adecuada del trabajador. En lugar de asignar roles sin tener en cuenta las habilidades de los trabajadores, Taylor propuso la evaluación previa de sus capacidades y la ubicación de los empleados en función de estas. De este modo, se mejoraría el desempeño del profesional, al estar más motivado y satisfecho con su trabajo, redundando en la productividad de la compañía.
  • Cooperación entre directivos y plantilla. Otro de los problemas descubiertos por Taylor fue la falta de cohesión entre los gerentes y los operarios. Estos dos colectivos perseguían metas distintas, cuando es necesario que actúen bajo un mismo propósito para conseguir un buen funcionamiento de la organización. Por ello, el autor propuso incentivar a los empleados que trabajaran mejor, de forma que estuvieran implicados en la empresa, y la creación de una red de cargos intermedios que supervisaran directamente a los equipos y les asesoraran e instruyeran durante los procesos.
  • División del trabajo entre los responsables y los colaboradores. El cuarto principio de Taylor hace referencia a la necesidad de que los gerentes se responsabilizaran de la planificación y dirección, mientras que los trabajadores se dedicaban a la ejecución de las decisiones, logrando una mayor eficiencia.

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