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Es el patito feo de los estilos de liderazgo desglosados por los autores Paul Hersey y Ken Blanchard. Puestos a autodefinirse, la gran mayoría de los directivos se asignarán el rol de líder participativo, transformador, inspirador…, pero pocos se verán como poseedores de un liderazgo autocrático por las connotaciones negativas que se le han asignado al concepto.

Sin embargo, este modelo de management no es ni tan feo, ni tan malo; todo dependerá de las circunstancias en las que se desarrolle, como establece la teoría del liderazgo situacional.

 

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¿Qué es el liderazgo autocrático?

En concreto, el liderazgo autocrático es aquel en el que el directivo o jefe de área toma las decisiones de forma individual, imponiendo sus criterios y opiniones por encima de todos, y presenta un carácter dominante, exigente, controlador y restrictivo.

Entre sus rasgos distintivos podemos resaltar los siguientes:

  • Suele contar con sólidas capacidades técnicas, gran sentido de organización y un profundo conocimiento de su sector y la empresa, aunque hace poca demostración de habilidades sociales, mostrándose solitario en el día a día.
  • Está muy enfocado a la consecución de objetivos, manteniéndose fiel a la empresa, pero para lograrlos no permite que sus subordinados participen en los procesos, limitándose a seguir las directrices que el superior indica.
  • Él mismo define las metas y cómo deben ser ejecutadas del modo más eficaz, trasladando a los trabajadores las indicaciones oportunas.
  • Se considera poseedor del poder absoluto, por lo que otorga las recompensas o castigos en función de sus propias pautas.
  • No delega funciones en su equipo, asumiendo toda la responsabilidad.

Ventajas y usos del liderazgo autocrático

Sin embargo, el liderazgo autocrático despliega importantes ventajas:

  • Favorece la eficiencia de los equipos. Al ejercer un férreo control sobre los empleados, los proyectos tienden a cumplirse en plazo y forma.
  • Consigue un mejor desempeño cuando está presente. Según los resultados de un experimento, coordinado en 1939 por el psicólogo Kurt Lewin en la Universidad de Iowa, los líderes autocráticos consiguieron un mejor funcionamiento de los equipos cuando estaban bajo su supervisión que los líderes democráticos.
  • Dispone de una alta capacidad de respuesta. Dado que la toma de decisiones se limita a su persona –a lo que se suma la seguridad y confianza en sí mismo-, el este tipo de líder afronta las crisis e imprevistos de forma ágil y resolutiva.
  • Simplifica el trabajo. Como encargado de planificar, decidir y supervisar, los procesos de ejecución se simplifican, lo que contribuye a la consecución de los objetivos.

Por tanto, a la hora de seleccionar el modelo de management que ejerceremos, es un error descartar a priori el liderazgo autocrático, pues en algunas situaciones resulta ser el más indicado. Es el caso de las siguientes:

  • Cuando contamos con equipos con bajas habilidades, poca experiencia y falta de motivación. En este escenario, resulta determinante que exista una persona que asuma el mando y dirija el grupo hacia la obtención de resultados.
  • Si ponemos en marcha un nuevo proyecto. En este caso, es posible que el desconocimiento sobre cómo llevar a cabo la nueva misión cause desconcierto entre los trabajadores y bloquee al equipo, por lo que el liderazgo autocrático contribuirá a iniciar el proceso hasta que los empleados adquieran las competencias para llevar a cabo de forma autónoma.
  • En caso de crisis en la empresa. Debido a su capacidad de respuesta, el liderazgo autocrático es una buena fórmula para afrontar con éxito situaciones adversas sobrevenidas en las que no hay tiempo suficiente para llegar a respuestas consensuadas.

 

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