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Igual que el entrenador del equipo de fútbol debe elaborar una alineación adecuada en cada partido y desarrollar una estrategia de juego con la que obtener la victoria, los directivos tienen la misión de establecer la organización empresarial que mejor se ajuste a los objetivos y características de la compañía.

Esta función requiere de grandes dosis de visión estratégica, pues va a determinar el éxito o fracaso de la organización. Volviendo al ejemplo futbolístico, una mala organización supondría situar a los delanteros en posiciones de defensa o aplicar una táctica defensiva cuando el equipo va perdiendo y necesita marcar para clasificarse.

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Para poner en marcha la organización empresarial, los líderes de las compañías tendrán que tener en cuenta los siguientes puntos:

  1. Objetivos de la empresa. Antes de estructurar la organización, el directivo tendrá que conocer cuáles son las metas que quiere conseguir, pues en función de estas tendrá que reforzar más unos departamentos respecto a otros o asignar más recursos a una determinada área de negocio.
  2. Niveles de organización. ¿Cuál va a ser el esquema jerárquico de la empresa? Se trata de diseñar el modelo organizacional, estableciendo los distintos niveles de mando, las diferentes áreas de actividad y la interconexión y dependencia entre las mismas. Así, por ejemplo, una pequeña empresa podrá dividirse en tres niveles, con el director general, responsables de departamento y trabajadores, mientras que una multinacional contará con un mayor número de cargos intermedios. Ahora bien, también se puede combinar una estructura vertical con otra horizontal, donde la responsabilidad sea compartida por los distintos miembros.
  3. Liderazgo. Junto al modelo organizacional, los directivos deben establecer cuál es el estilo de liderazgo que mejor se adapta a la empresa. Así, en una compañía donde existe un alto nivel de empoderamiento, se hará necesario un liderazgo delegador, mientras que si los equipos cuentan con poca experiencia es más recomendable usar un estilo directivo.
  4. Asignación de roles. Una vez que la compañía dispone del organigrama, los directivos –en colaboración con el departamento de Recursos Humanos- tendrán que determinar quién ocupará cada puesto laboral, desde los jefes o cargos intermedios hasta los empleados en función de las habilidades y destrezas de cada uno de ellos.
  5. Tareas pendientes. Con los objetivos estratégicos definidos, los directivos también deben concretar las tareas encomendadas a los empleados de forma pormenorizada, de modo que cada colaborador sepa qué tiene que hacer y cuál es el plazo para llevarlo a cabo.
  6. Recursos. Otra de las tareas de los líderes empresariales será evaluar cuáles son los recursos de los que dispone la organización y cómo se van a repartir entre los distintos proyectos y departamentos, en relación con los objetivos marcados. Por ejemplo, si la empresa está trabajando en el lanzamiento de un nuevo producto, tendrá que potenciar el área de marketing, mientras que si está buscando una mejora de la satisfacción del cliente reforzará el equipo de atención al consumidor.
  7. Comunicación. Dentro del desarrollo de la organización empresarial también habrá que definir cuáles son los canales de comunicación a través de los cuales la empresa se va a comunicar con los colaboradores y viceversa. ¿Se van a establecer reuniones periódicas entre Junta Directiva y cargos intermedios para evaluar los avances logrados? ¿Los empleados pueden enviar sus ideas a través de un buzón de sugerencias? ¿Se necesita fijar encuentros interdepartamentales para coordinar los proyectos?
  8. Clima laboral. Tampoco hay que olvidar que la cultura organizacional y el clima laboral forman parte de la estructura de la empresa, ya que estos aspectos van a afectar a las relaciones que se dan a nivel de capital humano y la cohesión de los equipos. Por tanto, el gerente tendrá que diseñar el ambiente que quiere para su compañía y establecer políticas que permitan su implantación.
  9. Documentación. Se trata de establecer cómo se va a llevar a cabo la recogida de datos respecto al funcionamiento de la organización empresarial. De este modo, los directivos podrán evaluar la eficacia de su sistema, detectando las fortalezas y debilidades del mismo.
  10. Evaluación. Como parte de la mejora continua en la que deben basarse las empresas, el trabajo del líder debe estar sometido a una revisión constante, corrigiendo los defectos lo antes posible y optimizando de forma paulatina el modelo de organización empresarial elegido.

 

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