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Todos, en alguna que otra ocasión, hemos actuado de forma impulsiva. ¿Quién no ha pitado a otro vehículo en un atasco, ha enviado un email o mensaje ‘en caliente’ o ha lanzado algún objeto en un momento de estrés o enfado sin pararse a reflexionar sobre las consecuencias de sus actos? Sin embargo, el pensamiento impulsivo puede producirnos varios segundos de alivio y semanas, meses o años de consecuencias negativas.

Según el psicólogo Louis Leon Thurstone, el pensamiento impulsivo es el principal enemigo de la inteligencia. Ahora bien, también hay que señalar que no siempre es así y que, en cualquier caso, puede afrontarse con herramientas de control y gestión de las emociones. Te contamos qué es la impulsividad, sus características, tipos y consecuencias.

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¿Qué es la impulsividad?

Una de las primeras menciones sobre el pensamiento impulsivo se remonta al siglo XIX, cuando David Ferrier y Alexander Brain se refieren al mismo como “la parada de las funciones o del funcionamiento de un órgano por acciones que otra función u órgano realiza sobre él”.

Posteriormente, Otto Fenice, a mediados del pasado siglo, ya asocia el pensamiento impulsivo con un intento de controlar la ansiedad, la culpa y la depresión por medio de una acción, llegando en 1997 a la definición de Gordon Logan, recogida en Impulsivity and inhibitory control, que concibe a las personas impulsivas como “aquellas que tienen dificultades en inhibir un comportamiento”.

Por su parte, Scott J. Dickman, otro de los impulsores del pensamiento impulsivo y autor de Functional and dysfunctional impulsivity: Personality and cognitive correlates, explica la impulsividad como “la tendencia a recapacitar menos que la mayoría de la gente con iguales capacidades antes de realizar una acción”.

Tipos de pensamiento impulsivo

No obstante, aunque en términos generales, el pensamiento impulsivo se asocia con una actitud negativa, Dickman llegó a la conclusión de que esta conducta también puede presentar connotaciones positivas, distinguiendo dos tipos bien diferenciados:

  • Impulsividad funcional: Se refiere a la adopción de decisiones rápidas, pero con un riesgo calculado, en aras de obtener un beneficio personal.
  • Impulsividad disfuncional: En este caso, la toma de decisiones es totalmente irreflexiva y sin calcular en ningún grado las consecuencias, pudiendo originar consecuencias desastrosas.

Características de las personas impulsivas

En este sentido, los sujetos guiados por un pensamiento impulsivo disfuncional presentan según el trabajo Trastorno de control de los impulsos, de Santiago Battle Vila, las siguientes características:

  • Son incapaces a priori para oponerse a la tentación de llevar a cabo la acción perjudicial para sí mismos o los demás.
  • Antes de iniciar la respuesta, notan un proceso de activación que les genera un aumento de la tensión y falta de control de los nervios.
  • Mientras llevan a cabo el impulso sienten placer, gratificación o liberación.
  • Se trata de una conducta egodistónica, es decir, está vinculada a los deseos inmediatos del sujeto.
  • Tras el comportamiento, la persona impulsiva siente arrepentimiento o culpa.

Factores inductores del pensamiento impulsivo

Si la sensación que permanece tras el pensamiento impulsivo es, como decimos, arrepentimiento o culpa, ¿a qué se debe esta respuesta irreflexiva? Existen tres variables que explican la impulsividad, según las investigaciones en la materia:

  • Factores psicosociales: los acontecimientos vitales, tanto en el plano familiar, personal o profesional, suelen ser los principales detonadores de la impulsividad.
  • Factores biológicos: los estudios neurocientíficos también han detectado causas orgánicas que desencadenan un mayor pensamiento impulsivo.
  • Influencias socio-cognitivas: las habilidades de gestión de las emociones adquiridas durante el desarrollo personal contribuyen a que la persona sepa manejar o no los impulsos disociales.

Por su parte, el psicólogo Raymond W. Novaco establece cuatro emociones desencadenantes del pensamiento impulsivo en un determinado momento:

  • Frustración ante un acontecimiento desagradable e inesperado, como el rechazo de una empresa o un aviso de despido.
  • Irritación generada por determinadas circunstancias externas, como el tráfico en la autovía o el repiqueteo de las teclas del compañero de oficina.
  • Sentirse provocado por algún comentario o actitud de otra persona, como un comentario irónico del jefe o que un compañero entre sin saludar.
  • La falta de certeza o justicia en un determinado hecho, como un ascenso injustificado a otro trabajador.

¿Cómo saber si somos impulsivos disfuncionales?

Para confirmar que, a pesar de que alguna vez actuemos sin pensar en las consecuencias, no sufrimos un pensamiento impulsivo disfuncional que pueda considerarse un trastorno del comportamiento, el trabajo Social, Emotional and Behavioral Disorders, de Copeland y Love, aconseja analizar los siguientes puntos:

  • ¿Buscamos experiencias excitantes y arriesgadas constantemente?
  • ¿Tenemos baja tolerancia a la frustración y el aburrimiento?
  • ¿Actuamos antes de pensar?
  • ¿Somos desorganizados y apenas planificados las actividades?
  • ¿Nos mostramos olvidadizos o impuntuales por esta falta de organización?
  • ¿Cambiamos de actividades con bastante frecuencia?
  • ¿Somos incapaces de esperar nuestro turno para hablar en reuniones grupales?
  • ¿Necesitamos una alta supervisión para evitar problemas?
  • ¿Sufrimos las consecuencias de actuar de forma inapropiada?
  • ¿Gozamos de una gran creatividad aunque nuestros trabajos suelen ser solo esbozos sin pulir?

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