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Grandes estrategas que adolecen de empatía; profesionales meticulosos que se bloquean en situaciones de estrés; trabajadores altamente creativos con  problemas de organización; o empleados que consiguen mejorar el ambiente de una empresa pero no saben cómo gestionar los conflictos. Cada persona presenta unos rasgos particulares, con sus fortalezas y debilidades. No obstante, es posible mejorar la personalidad sin perder la identidad.

La personalidad, clave en el éxito profesional

Recientemente, el premio Nobel James Keckman y su equipo han publicado una investigación, a partir de cientos de test de personalidad estandarizados realizados en Reino Unido, Estados Unidos y Países Bajos, en la que pone de manifiesto que el éxito no está tan relacionado con el cociente intelectual como creíamos. En cambio, rasgos de la personalidad de los participantes, como la constancia o la inquietud, sí influían notablemente en los mejores resultados personales y profesionales futuros de los individuos.

Estos resultados son reveladores y muy positivos, pues a diferencia del CI –que se mantiene más o menos estable a lo largo de la vida-, la personalidad es fácilmente alterable. De hecho, todos conocemos a personas que han cambiado su carácter por determinadas circunstancias.  ¿Y si somos nosotros los que intentamos moldear nuestros rasgos de personalidad hacia una versión mejorada de nosotros mismos?

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Tipos de personalidades

La personalidad es definida por Lawrence A. Pervin y Oliver P. John, en Personalidad: teoría e investigación, como “las características que dan cuenta de los patrones consistentes de sentir, pensar y actuar y que cumplen la función de adaptación del individuo al entorno, mostrando su forma habitual de afrontar las situaciones”.

Aunque existen muchas clasificaciones sobre los tipos de personalidades existentes, una de las más utilizadas en la Psicología Organizativa es la que distingue entre estos cuatro grupos de caracteres:

  • El líder. Este sujeto enfoca su trabajo a obtener buenos resultados, para lo que desarrolla una gran capacidad de análisis y visión global, agilidad mental y rápida toma de decisiones. En cambio, su necesidad de lograr grandes metas lo convierte en una persona muy competitiva, controladora e incluso agresiva, presentando una ausencia notable de empatía, espíritu colaborador e inteligencia emocional.
  • El social. Al contrario que el caso anterior, la personalidad social tiende a propiciar las conexiones interpersonales y, por ello, posee grandes habilidades comunicativas y empatía. Asimismo, impulsa el desarrollo y crecimiento de los demás, aunque suele evitar los conflictos y su toma de decisiones se basa en su intención de contentar al resto, siendo fácilmente influenciable.
  • El espíritu libre. Demanda grandes dosis de libertad y aventura, acompañadas por un alto entusiasmo y creatividad en todos los aspectos de su vida, lo que le hace perder el interés rápidamente por tareas monótonas. Rechaza las normas y convencionalismos, por lo que puede resultar indisciplinado y desorganizado.
  • El organizado. Adoran el trabajo metódico y bien hecho, mostrando una gran capacidad de planificación, organización, responsabilidad y eficacia. Entre sus debilidades destacan sus dificultades para afrontar imprevistos o cambios, su rigidez y su escasa propensión al ocio.

Como vemos, cada tipo de personalidad posee fortalezas y debilidades y, además, los individuos no están sujetos a un único modelo, sino que suelen presentar uno primario y otro secundario.

5 pasos para mejorar la personalidad

Por tanto, para mejorar la personalidad no hay que convertirse en otra persona, sino que es conveniente analizar cuáles son los rasgos que nos caracterizan, identificar las fortalezas y debilidades y trabajar para potenciar las primeras y minimizar las segundas.

En este sentido, en el libro Las 15 leyes indispensables del crecimiento: vívalas y alcance su potencial, John C. Maxwell propone una hoja de ruta para llevar a cabo este proceso:

  • Emparejar la motivación con nuestra personalidad. No todos nos motivamos de la misma la misma forma o haciendo lo mismo, por lo que el éxito en nuestro objetivo por mejorar la personalidad pasará por personalizar el proceso en función de nuestros intereses y necesidades. “Hay docenas de perfiles de personalidad y sistemas que las personan usan, con sus respectivas fortalezas, por lo que para mejorar la personalidad es conveniente sintonizarla con aquello que motiva a cada uno”, señala el autor.
  • Practicar constantemente. Asimismo, una vez que hemos comenzado a dominar nuevas habilidades o comportamientos, debemos practicarlos cada día sin falta, pues “las disciplinas repetidas con persistencia llevan a grandes logros obtenidos lentamente con el tiempo”.
    • Comenzar por lo sencillo. Es vital que nos marquemos metas inmediatas y alcanzables, pues de otro modo terminaremos desanimados por no lograr los ambiciosos objetivos.
  • Ser pacientes. Muchas personas no saben lo cerca que están de conseguir logros significativos porque abandonan demasiado pronto. Como dijo el poeta Saadi, “todo es difícil antes de volverse fácil”.
  • Valorar el proceso. No convirtamos este proyecto para mejorar la personalidad en una tediosa obligación; si aprendemos a disfrutar con el aprendizaje y a valorar en el presente, a través de un enfoque de ‘las pequeñas victorias’, lograremos dar grandes pasos en el mañana.

En la Escuela Europea de Management, conscientes de la importancia de la mejora continua a nivel profesional y personal, contamos con el Curso Online Executive en Desarrollo Personal, con el que podrás perfeccionar tus rasgos hacia una personalidad que atraiga el éxito.




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