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Lee este número y trata de recordarlo cinco segundos después (sin mirar): 6747202. ¿Lo has conseguido? Acabas de hacer uso de tu memoria de trabajo u operativa, una habilidad para recordar a corto plazo que es imprescindible para poder desarrollar cualquier tarea diaria.

Es decir, la memoria de trabajo y operativa, a modo de analogía, funcionaría como la memoria RAM de un ordenador, esa información que se guarda en el pc mientras no se apague la computadora, a diferencia del disco duro, equivalente a la memoria a largo plazo, que almacena todos los datos de forma permanente. Ahora bien, ¿hasta qué punto es importante esta capacidad cognitiva y cómo podemos mejorarla?

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Concepto de memoria de trabajo u operativa

Alan Baddeley y Graham Hitch, dos de los principales estudiosos del concepto, conciben la memoria de trabajo u operativa, en Working memory. The psychology of learning and motivation, como “el conjunto de estructuras y procesos que permiten a los animales mantener temporalmente la información activa, posibilitando el procesamiento y la manipulación de la misma cuando esta ya no está accesible a los sentidos”.

Según Edward Awh y E.K. Vogel, autores de Interactions between attention and working memory, se trata del “primer estadio que interviene en el proceso mnésico y permite que la información nueva pueda ser adquirida y retenida en un período breve”. Así, en Memoria y funciones ejecutivas, J. Tirapu-Ustárroz y J.M. Muñoz-Céspedes describen el concepto como “la capacidad para mantener la información, la orientación y/o inhibición de respuesta inapropiada de acuerdo con las circunstancias y para monitorizar la conducta según los estados motivacionales y emocionales del organismo”.

Por su parte, M.C. Etchepareeborda y L. Abad-Más, en Memoria de trabajo en los procesos básicos del aprendizaje, se refieren a la memoria de trabajo u operativa, también llamada mediata, como “la que guarda y procesa durante breve tiempo la información que viene de los registros sensoriales y actúa sobre ellos y también sobre otros”.

Por lo tanto, esta capacidad va más allá de una simple retención de datos, transformándose en elemento esencial para llevar a cabo determinadas funciones cognitivas complejas, como el razonamiento, la planificación o la toma de decisiones. Gracias a este proceso cognitivo somos capaces, por ejemplo, de mantener una conversación, al recordar lo que ha dicho nuestro interlocutor; de anotar unas instrucciones después de que nuestro superior haya explicado el proyecto; de poder contestar el teléfono, mientras ordenamos los papeles del escritorio; o de relacionar unos conceptos con otros, posibilitando el aprendizaje.

Componentes de la memoria mediata

Según Baddley y Hitch, la memoria de trabajo, operativa o mediata, está conformada por los siguientes componentes de almacenamiento:

  • Sistema ejecutivo central:Constituye el elemento principal del proceso, pues es el encargado de decidir a qué le prestamos atención y en qué medida. En concreto, este sistema distribuye la atención que se asigna a cada una de las tareas a realizar y vigila la atención de la tarea y su ajuste a las demandas del contexto. De este modo, cuanto mayor dominio tenemos sobre una tarea, menos atención requiere y, por tanto, más fácil es compatibilizarla con otras. De ahí que, cuando empezamos a conducir, nos cueste trabajo mantener una conversación o cambiar la emisora o que, al aparcar, bajemos el volumen de la radio.
  • El bucle fonológico. Su misión es mantener disponible la información que escuchamos o leemos durante un periodo de tiempo y, por ello, está vinculado con funciones puramente lingüísticas, como la comprensión, la lectoescritura o la conversación. Esto nos permite anotar un teléfono unos segundos después de que nos lo digan.
  • Agenda visuoespacial:Este componente es el responsable de elaborar y manipular la información visual y espacial y nos ayuda, por ejemplo, a leer un mapa o, simplemente, a no perdernos de regreso a casa.

¿Para qué sirve la memoria de trabajo u operativa?

Pese a la fugacidad de la memoria de trabajo u operativa, su impacto en el desempeño de cualquier persona es vital. En concreto, según especifica R. Conrad en Acoustic confusions in immediate memory, esta capacidad tiene un gran efecto sobre la manera de aproximarnos a las tareas cognitivas:

  • Es el elemento que nos permite comprender lo que vemos, escuchamos y leemos.
  • Sirve como almacén de la información a corto plazo mientras se codifica el resto.
  • Aporta coherencia a un texto completo.
  • Nos ayuda a mantener los objetivos y subobjetivos en la resolución de problemas.
  • Nos permite obtener diferentes enfoques en la resolución de problemas.
  • Es el mecanismo por el que procesamos rápidamente la información.
  • Funciona como herramienta para las tareas de razonamiento.

¿Cómo mejorar la memoria de trabajo?

Vistas las funciones que ejerce la memoria de trabajo u operativa en el proceso cognitivo, es lógico pensar en la importancia de su desarrollo y mejora. Al optimizar nuestra memoria a corto plazo, fortalecemos las conexiones neuronales, lo que nos permite obtener respuestas cerebrales más rápidas y eficientes cuando hacemos uso de ella.

Así, Milton J. Dehn, en Working memory and academy learning. Assessment and intervention, sostiene que esta memoria a corto plazo puede ser un factor igual de determinante que la memoria a largo plazo en el rendimiento académico o profesional.

¿Cómo podemos ampliar nuestra memoria de trabajo u operativa? Estos son algunos consejos que contribuyen a tal fin:

  • Realizar ejercicios de retención, como leer o escuchar números, nombres o párrafos cortos y tratar de recordarlos.
  • Leer en voz alta, puesto que cuando nos expresamos en voz alta es más fácil recordar y comprender lo que estamos leyendo.
  • Realizar resúmenes. Los esquemas y diagramas nos ayudan a visualizar lo que es más importante y, por tanto, a retener mejor la información.
  • Ser ordenado. Como señalan Etchepareborda y Abad-Mas, la información bien estructurada se codifica con mayor facilidad.

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