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Guía gratuita: Cómo potenciar el desarrollo personal y profesional

¿Por qué ante determinados acontecimientos respondemos de forma tan dispar unas personas de otras? Esto se debe a que la realidad es un concepto subjetivo: cada individuo interpreta unos mismos datos de forma distinta en función de sus filtros mentales, llegando a conclusiones que pueden ser totalmente equidistantes.

Por ejemplo, dos compañeros de trabajo, en una sala de reuniones, reciben una noticia de su superior: hay un nuevo proyecto y quiere que sean ellos quienes se encarguen de planificarlo. A la salida, el primer profesional se siente entusiasmado con el reto y orgulloso de haber sido nombrado para tal fin, mientras que el segundo se muestra desmotivado ante la propuesta y la concibe como un castigo. ¿A qué se debe esta diversidad de opiniones?

“No vemos el mundo como es; vemos el mundo como somos”. Anaïs Nin

Los filtros mentales como distorsiones cognitivas

Los filtros mentales se integran dentro de las distorsiones cognitivas desarrolladas por Albert Ellis y, posteriormente, por Aaron T. Beck, y concebidas como “fallas del pensamiento que el ser humano utiliza constantemente para interpretar la realidad de forma irreal”, según las define Matthew McKay en su obra Autoestima. Evaluación y mejora.

En este sentido, dentro de la docena de distorsiones cognitivas que las personas aplicamos consciente o inconscientemente, los filtros mentales hacen referencia a la valoración de un hecho o experiencia a partir de un solo elemento -generalmente negativo- ignorando los otros. Como consecuencia, el sistema de filtros mentales, que hemos ido conformando desde que nacemos y bajo el cual vivimos, “está formado por experiencias que hemos vivido, valores adquiridos, aprendizajes que hemos realizado y todas aquellas ideas que nos han transmitido sobre la vida, que tomamos como certezas y nos hacen pensar, sentir y actuar de mantera determinada”, explica David Solá en Del caos emocional a la paz interior: Cómo lograr una sanación integral.

Se trata de creencias, ideales, valores, experiencias, vivencias, antecedentes familiares, cultura, estados emocionales, hábitos de pensamiento, esquemas mentales, ideas preconcebidas, expectativas, etc. “Todos ellos se ocupan de transformar la realidad en ‘nuestra realidad’”, sostiene la psicóloga Raquel Ribes.

Filtros mentales negativos

Nadie está exento de interpretar los hechos bajos sus propios filtros mentales en mayor o menor medida, sin que ello suponga un trastorno conductual. Sin embargo, es cierto que este tamiz personal con el que se interpreta la información dificulta la comunicación interpersonal, pues cada individuo verá un acontecimiento bajo su propio prisma y, si no se practica una escucha activa, las posiciones pueden permanecer inamovibles sin lograr un consenso o entendimiento.

Por ello, José Luis Espíndola Castro, autor de Análisis de problemas y toma de decisiones, advierte de la necesidad de conocer cuáles son los filtros mentales negativos que pueden generar consecuencias graves para su autor:

  • Pensamiento impulsivo. Lo ejercitan aquellas personas que toman decisiones y actúan sin reflexionar sobre las consecuencias, ni tener en cuenta el punto de vista de los demás.
  • Pensamiento egocéntrico. Alguien egocéntrico se caracteriza por pensar que todo lo que ocurre está relacionado con su persona, siempre aporta su experiencia personal para resolver problemas y confunde la realidad con sus deseos o temores.
  • Pensamiento arrogante. Este filtro mental negativo lleva a los sujetos a sentirse como superiores respecto a los demás, por lo que imponen su criterio y rechazan cualquier propuesta que no provenga de sí mismos.
  • Pensamiento sujeto a prejuicio. Es aquel, apunta el autor, bajo el que se actúa influido por una idea exagerada, falsamente generalizada o equivocada, de la realidad.
  • Pensamiento apático. Provocan desidia ante cualquier circunstancia y llevan a los sujetos a buscar el mínimo esfuerzo.

Cómo controlar los filtros mentales

Aunque muchas de estas ideas están insertadas en lo más profundo de nuestra mente, es posible dominar en gran medida estos filtros mentales, de modo que podamos ver la realidad de una forma más objetiva.

De este modo, no solo podremos tener una imagen más fidedigna sobre los hechos, sino que también podremos comprender mejor a las otras personas, al desarrollar una escucha activa y reflexiva como parte de nuestras habilidades sociales. Como apunta Óscar Velasco en El éxito es una habilidad que se aprende: Cómo lograr todo lo que te propongas: “cuando limpiamos nuestra percepción, de este modo, se facilita mantener las relaciones humanas en óptimas condiciones”.

Así, Tim Dugger, en Escucha eficaz: la clave de la comunicación, facilita tres claves para controlar los filtros mentales:

  • Identificarlos. A la hora de comunicar o escuchar, es importante analizar lo que estamos transmitiendo o percibiendo con objetividad y tratar de localizar esas distorsiones. Por ejemplo, cuando la empresa pone en marcha un nuevo proyecto en el que no nos incluye, puede que pensemos que ya no confía en nosotros o que no nos valora pero, realmente, hasta que no abordemos este tema con el superior no sabremos a qué se debe. Quizá la causa real sea que el trabajo requiere de unos conocimientos técnicos de los que no disponemos o que la compañía esté pensando en nosotros para otra iniciativa más ambiciosa.
  • Separarse de ellos mental o físicamente para minimizar su influencia. El siguiente paso requerirá un esfuerzo por nuestra parte para comprender que nuestra realidad no es la única existente y evitar dejarnos llevar por los filtros mentales. Un buen ejercicio es plantear todas las opciones posibles sobre la causa y efecto de la comunicación. Por ejemplo, en el caso de estar hablando con otra persona, es necesario reflexionar sobre los motivos que impulsan a ese sujeto a decir o hacer algo. Así, no podemos pensar que un compañero ha cometido un error por su ineptitud, sino que es posible que esté pasando una mala racha, que el fallo fuera imprevisible para cualquiera o que ni siquiera fuera una equivocación en sí misma.
  • Concentrarse en mantener la mente abierta mientras estamos escuchando. En definitiva, debemos aplicar un criterio casi científico a la hora de llegar a conclusiones, aportándonos pruebas y datos para llegar a un razonamiento lo más acertado posible y sin perder de vista que nuestro pensamiento no es el único válido. Hay que despojarse de toda la experiencia previa y plantear cada asunto como si de un papel en blanco se tratara.
De este modo, mantendremos una actitud positiva y receptiva ante cualquier circunstancia, que nos permitirá desarrollar una visión holística con la que comprender mejor el mundo y poder actuar en consecuencia. Como dijo Harla Coben: “No es que crea en ellos pero, en caso de duda, mejor mantener la mente abierta”.
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