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Ir año tras año al mismo destino de vacaciones, salir a comer al restaurante de siempre, obviar cualquier opción de promoción en la empresa o no afrontar las oportunidades para mejorar las habilidades y competencias. Todas estas situaciones denotan que vives en tu zona de confort, un lugar inicialmente seguro que puede convertirse en una existencia marcada por la apatía, la desmotivación y la insatisfacción. ¿Seguro que quieres seguir en ella?

¿Qué es la zona de confort?

Alasdair A. K. White, autor de From Comfort Zone to Performance Management, define la zona de confort como “un estado en el que la persona actúa desde una postura de ansiedad neutral, llevando a cabo una serie de comportamientos para conseguir un nivel constante de rendimiento sin sentido del riesgo”.

En el ámbito profesional, la zona de confort se refiere “al conjunto de competencias y habilidades que el individuo maneja con soltura, proporcionándole buenos resultados sin correr riesgos”, según sostiene Diego Vicente, profesor de la IE Business School.

La zona de confort actúa como una estrategia adaptativa humana encaminada a no sufrir miedos o inseguridades; somos capaces de controlar todo cuanto acontece en nuestro día a día. En esta situación, nuestra ‘felicidad’ procede más de la ausencia de situaciones adversas que de la existencia de acontecimientos positivos en sí mismos. Disfrutamos de calma y tranquilidad, pero no sentimos satisfacción, orgullo o entusiasmo. Como consecuencia, lo que hoy percibimos como confortable, a la larga, puede desembocar en estados emocionales negativos.

En este sentido, los psicólogos Robert M. Yerkes y John D. Dodson, a quienes debemos el término de zona de confort, realizaron a principios del siglo XX un experimento en el que relacionaron este estado de comodidad y seguridad con un rendimiento constante, pero también con un estancamiento personal y profesional. De ahí que los autores de The Relation Of Strenght of Stimilus To Rapidity Of Habit-Formation puntualizaran que para mejorar el rendimiento es necesario experimentar cierto grado de ansiedad, al que denominaron nivel de “ansiedad óptima”. 

Más allá de las fronteras de la comodidad

Por tanto, la zona de confort está rodeada, a modo de círculos concéntricos, de otros espacios donde entran en juego la exploración, el aprendizaje y el desarrollo personal.

Así, tras las fronteras de nuestro refugio se encuentra la zona de aprendizaje, un área que nos permite ampliar nuestra perspectiva y capacidad de actuación, incorporando nuevas experiencias y conocimientos. De hecho, muchas personas siempre están en continua evolución, tratando de aprender cosas nuevas cada día, lo que enriquece su vida en todos los sentidos.

Más allá de la zona de confort y de aprendizaje nos introducimos en la zona de pánico, llamada así porque las consecuencias y resultados son totalmente imprevisibles. En este punto, los riesgos se multiplican, pero también la satisfacción y motivación incrementan exponencialmente. Es el lugar de los grandes sueños y retos y por ello es también conocida como la zona mágica.
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Además, no debemos olvidar que el hecho de abandonar la zona de confort y adentrarnos en áreas inexploradas es que el viaje se transforma en una conquista, incorporando a la zona de confort esos nuevos conocimientos y ampliando el espacio en el que nos sentimos seguros.

Razones para abandonar nuestro refugio

¿Para qué necesitamos ampliar nuestra zona de confort? Aunque este estado nos pueda resultar un refugio óptimo en el que cobijarnos, permanecer demasiado tiempo en este espacio puede condenarnos a una existencia llena de frustración, tristeza y apatía, minar nuestra autoestima y motivación, hacernos sentir estancados, inseguros y poco habilidosos, entre otros perjuicios.

Sin embargo, ampliar los dominios de nuestra zona de confort nos ayudará en los siguientes aspectos:

  1. Mejor adaptación a los cambios. Salir de la zona de confort nos ayuda a mejorar nuestras competencias emocionales y nos entrena para lo inesperado, por lo que podremos afrontar con solvencia los problemas y obstáculos que se presenten en nuestro camino.
  2. Mayor eficacia y productividad. Amotinarse en la zona de control acaba haciéndonos caer en una actitud donde intentamos hacer lo mínimo posible para no tener que afrontar nuevos retos. Por ello se convierte en la morada de los mediocres; los grandes profesionales se caracterizan por sumar constantemente nuevas habilidades y buscar desafíos en los que aplicarlas con entusiasmo, entrega y productividad.
  3. Amplitud de miras. Cruzar la zona segura nos adentra en nuevos mundos y perspectivas, permitiéndonos tener una visión más completa de la realidad y ser más flexibles y empáticos. Cuando te instalas en un solo punto de vista, sin darte cuenta, dejas de percibir muchos ángulos de la realidad, tal vez más provechosos o interesantes. Salir de la zona de confort te permite aproximarte a nuevas formas de mirarte y de mirar tu vida y ser más flexible y empático.
  4. Aumento de la autoestima. Conforme avanzamos hacia las zonas de aprendizaje, descubrimos que somos capaces de mucho más de lo que inicialmente pensábamos, lo que catapulta nuestra confianza en nosotros mismos y, por tanto, la satisfacción personal.
  5. Favorecimiento de las relaciones sociales. La mayor empatía, unida a una mayor satisfacción personal, nos permite mantener vínculos más sólidos y positivos con el resto de personas.
  6. Erradicación de los miedos. El miedo a lo desconocido es el principal causante de permanecer en la zona de confort, pero cuando rompemos el círculo vicioso y superamos la indecisión y la inseguridad los temores empiezan a desvanecerse, sintiéndonos más cómodos ante situaciones de incertidumbre.
  7. Mayor independencia. La seguridad que ganamos conforme nuestra zona de confort aumenta de tamaño nos hace ser más autonómos, comprendiendo que los demás son un apoyo con el que complementarnos, no un muro tras el que resguardarnos.
  8. Crecimiento de la creatividad. La monotonía llena la zona de control, donde las acciones y comportamientos se repiten una y otra vez. Sin embargo, la inteligencia –y dentro de ella, la creatividad- es un músculo que necesita ser ejercitado. Solo si buscamos nuevas situaciones podremos generar nuevas ideas.
  9. Más vitalidad. Romper dicha monotonía convierte nuestra vida en algo más interesante y digno de ser vivido. Abandonar la zona de confort nos ayuda a saborear más intensamente nuestra existencia.
  10. Mejor envejecimiento. Sí, salir del área de seguridad también contribuye a conservar mejor las capacidades cognitivas con el paso del tiempo, según un estudio de la Universidad de Texas, pues nos obliga a mantener la mente activa.

Si te has convencido de la importancia de salir de la zona de confort, te proponemos que comiences esta aventura ampliando tus conocimientos y capacidades con el Curso Online de Habilidades Personales de la Escuela Europea de Management, con el que satisfarás tus ganas de mejorar a nivel profesional y personal.

 





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