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¿Eres de los que te dejas llevar por tu instinto o de los que recapacita cada paso que da? Durante siglos, ha existido una dicotomía entre emoción y racionalidad a la hora de tomar decisiones, pero ¿y si no fueran dos polos contrarios, sino dos realidades que coexisten y se retroalimentan?

Los pensamientos, emociones y conductas, no se experimentan en forma aislada, sino que se superponen significativamente”, señala Mayra Cci Ponce en Pensamiento racional.

Emoción y racionalidad a la hora de tomar decisiones: ¿enemigos o aliados?

Pensamiento racional Vs. pensamiento intuitivo

Cuando hablamos de pensamiento racional nos referimos a la aplicación de la lógica para tomar una decisión, es decir, llevamos a cabo un proceso de análisis de la situación basado en datos y hechos fehacientes mediante un proceso lineal y secuencial. En cambio, en el pensamiento intuitivo, son las emociones –y no hechos probados- las que determinan la solución.

Por ejemplo, en un proceso de selección, el reclutador puede encontrarse con un candidato que ha superado con creces los tests y entrevistas, pero que –sin saber muy bien por qué- no llega a satisfacer al profesional de Recursos Humanos. Si se deja guiar por la racionalidad a la hora de tomar decisiones, optará por contratar a este aspirante que los datos señalan como el más adecuado; pero si hace caso a su instinto, no contará con él.

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El problema que surge en estos casos es que se ha generalizado que la razón o la lógica son más exactas que la intuición. Sin embargo, el pensamiento intuitivo no se traduce en una decisión al azar, sino que se genera a partir de toda la información que, a lo largo de los años, hemos acumulado y que, de forma inconsciente, nos aporta claves para evaluar la situación y hallar una respuesta correcta.  “Desde tiempo inmemorial hemos pensado que los humanos somos libres a la hora de tomar una decisión y, sin embargo, estamos descubriendo que nuestra parte consciente, la que puede describirse a la hora de tomar una decisión, no es más que la puntita del iceberg de un inconsciente individual y colectivo que nos determina y del que no sabíamos casi nada”, comenta Eduardo Punset en su libro El alma está en el cerebro.

Por tanto, como evidencian las investigaciones llevadas a cabo por Gerd Gigerenzerm, autor de Why Heuristics Work, la auténtica cuestión no es si debemos confiar en nuestros instintos, sino cuándo.

El exceso de información en la toma de decisiones

Esta capacidad para prestar atención a la intuición cobra cada vez más fuerza, dado el mayor flujo de información a la que nos vemos sometidos. Y es que la racionalidad a la hora de tomar decisiones es eficaz cuando disponemos de todos los datos necesarios, pero ¿es esto siempre posible?

Como apunta Elisabeth Corrales Navarro en La intuición como proceso cognitivo, las personas estamos sometidas a un proceso de decisión constante, por lo que, si estudiáramos cada opción con rigor científico, no logaríamos llevar a cabo ningún proyecto. Imagina si tuviéramos que justificar cada cosa que hacemos a lo largo del día: ¿por qué elegimos una camisa y no otra?, ¿por qué vamos en bus y no en coche?, ¿por qué paramos a tomar un café rápido en el camino y no lo hacemos en casa?… Llegaríamos a nuestros puestos de trabajo exhaustos.

“La información que la mente humana puede asimilar tiene un límite, que a menudo corresponde al número mágico de “siete más menos dos”, la capacidad de memoria de corto plazo. Por eso, hoy en día, el principal desafío de la inteligencia humana es ir más allá de la información recibida”, explican Mauricio De Anda Hernández, María García Feijoo y Almudena Eizaguirre Zarza en el ensayo Razón e intuición: Prácticas en la toma de decisiones de las empresas de economías emergentes.

La relación entre intuición y racionalidad a la hora de tomar decisiones

Como consecuencia, intuición y racionalidad a la hora de tomar decisiones se dan la mano conformando un todo, un proceso que comienza en nuestro sistema límbico de forma inconsciente y agrega argumentos lógicos conscientes para alcanzar la mejor alternativa. “Tomar decisiones por lógica podría ser algo intuitivo en el ser humano”, asegura el científico psicológico Win de Neys, autor de The smart System 1: Evidence for the intuitive nature of correct responding on the bat-and-ball problem.

Como señala el profesor de la Universidad de California del Sur, Antoine Bechara, “son las emociones –que subyacen a la activación de reacciones del cuerpo– las encargadas de proveer un conocimiento valioso, implícito o explícito, para elegir”, por lo que “para que sea un proceso racional, debe estar precedido de una elaboración previa de las emociones”.

Y es que en el pensamiento lógico hay mucho inconsciente, pero detrás del inconsciente y la toma de decisiones intuitivas también hay razonamiento. Por ello, en la Escuela Europea de Management profundizamos en las limitaciones de los modelos racionales de decisión y abordamos las claves para la toma de decisiones alternativas a través del Curso Online Desarrolla tus Habilidades Personales.


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