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¿Qué hay detrás de cada una de nuestras decisiones? Si profundizas sobre qué te llevó a estudiar una determinada carrera, a elegir a una pareja o a comprar un jersey en lugar de otro, verás que las decisiones emocionales están más presentes de lo que ‘a priori’ piensas. Por supuesto que habrá argumentos racionales en estas elecciones, pero en el fondo también encontrarás otros motivos menos lógicos, ¿verdad?

Las emociones, una constante en la toma de decisiones

Aunque tradicionalmente hemos creído que nuestra parte racional guía nuestra conducta en la mayoría de ocasiones, lo cierto es que la emoción es la que está detrás de prácticamente todas nuestras decisiones. “Las emociones entran en la espiral de la razón y pueden ayudar en el proceso de razonamiento en vez de perturbarlo sin excepción, que era la creencia común”, señala Antonio Damasio en El error de Descartes.

Decisiones emocionales: ¿crees que eres tan racional como piensas?

Así lo ha evidenciado este neurocientífico, Premio Príncipe de Asturias 2005, en sus investigaciones, mediante las cuales ha descubierto que, en todo acto de toma de decisiones, participa la emoción en mayor o menor medida, por lo que todas nuestras acciones tienen su origen en decisiones emocionales. “Nuestro cerebro, sobre todo en un entorno social, no es una máquina analítica, sino un órgano que tiende a la fabulación”, expone Sergio Parra en Tus decisiones son más emocionales que racionales, aunque no te des cuenta.

De hecho, tras estudiar a personas que habían sufrido daños cerebrales que afectaba a la zona en la que se generan las emociones, Damasio descubrió que estos pacientes, al no poder experimentar estados de ánimo normalizados, tampoco eran capaces de decidir, concluyendo que la lógica, el pensamiento racional, no es suficiente para optar entre varias opciones.

Estas decisiones emocionales se deben a lo que el experto llama marcador somático, una especie de huella emocional que determina nuestra forma de actuar.  “Aunque seamos capaces de realizar un examen racional sobre las marcas y modelos de coches y sobre nuestras exigencias sobre el automóvil que queremos adquirir, es probable que sintamos cierta predilección (tal vez inconsciente) por alguna marca o modelo por encima de otros, y aunque racionalmente no existan motivos suficientes para que esto sea así”, ejemplifica Bertrand Regader en el artículo Los 8 tipos de decisiones.

Los atajos heurísticos

Esto se produce porque, como señala Eva María Rodríguez en Cómo influyen los sentimientos en la toma de decisiones, nuestra mente está preparada y predispuesta para tomar las decisiones de manera rápida y utilizando solo una parte de la información.

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Son los llamados atajos heurísticos, unos sesgos cognitivos que nos permiten adoptar posiciones respecto a cualquier asunto de forma rápida y eficiente. “Se trata de un proceso que funciona por debajo de la conciencia y que acorta el tiempo de toma de decisiones, permitiendo a las personas funcionar sin tener que realizar una búsqueda exhaustiva de la información”, añade la autora. Por ejemplo, debido al lenguaje corporal en una entrevista de trabajo, el reclutador obtiene una impresión sobre el candidato nada más verlo, dirigiendo su comportamiento –consciente o inconscientemente- en función de si esa percepción ha sido positiva o negativa.

El resultado de este afecto heurístico es que, si los sentimientos que despierta una determinada situación son positivos, tenderemos a infravalorar los riesgos y sobrestimar los beneficios, y viceversa. Por ejemplo, un amante de los animales sentirá la necesidad de acercarse a un perro cuando lo ve en la calle, pero la reacción de otra persona, que fue mordida en el pasado, será alejarse el máximo posible.

Cómo controlar las decisiones emocionales

Ahora bien, aunque la presencia de pensamiento intuitivo en la toma de decisiones, es inevitable y, en muchos casos, deseable, en otras ocasiones estas decisiones emocionales pueden acarrearnos consecuencias negativas. Por ejemplo, responder a alguien cuando estamos muy enfadados o dejarnos seducir por una bonita apariencia sin estudiar los pros y contras son momentos en los que es importante introducir el pensamiento racional.

¿Qué podemos hacer para que nuestros sentimientos no nos lleven a actos de los que posteriormente nos arrepintamos? En el libro Un segundo de ventaja, Rasmus Hougaard, junto a Enrique Escauriaza y Celia Pipó, recomienda aprovechar ese breve instante que sigue a la emoción para realizar un diagnóstico de las decisiones emocionales y valorar, de forma lógica, si es la respuesta adecuada.

Se trata, en definitiva, de hacer un ejercicio de gestión emocional, dándonos tiempo para evaluar esas respuestas iniciales y analizar la situación desde una perspectiva más racional.

Para conseguirlo, la Escuela Europea de Management imparte el Curso Online Executive en Desarrollo Personal, donde los participantes pueden conocer las técnicas para lograr un mayor control emocional y optimizar la toma de decisiones, entre otros contenidos dirigidos a potenciar las habilidades personales y competencias interpersonales del alumnado.

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