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El éxito profesional requiere de una mejora continua que permita conquistar nuevas fortalezas y superar debilidades. Sin embargo, en muchas ocasiones, las personas nos aferramos al ‘Yo soy así’ sin ser conscientes de que esta resistencia para cambiar la mentalidad no es más que un mecanismo de defensa mental y emocional para permanecer en la zona de confort.

En la mayoría de las situaciones de estancamiento intervienen las barreras mentales como límites al desarrollo personal. No se trata tanto de una cuestión de poder, como de querer o creer poder. ¿Realmente no puedes relacionarte más con tus compañeros o te mantienes aislado por el miedo a ser rechazado? ¿Seguro que no puedes aportar más ideas o te intimida que éstas sean cuestionadas? ¿No puedes aspirar a puestos de mayor responsabilidad o temes fracasar si lo intentas? Ahora bien, incluso estas reticencias para cambiar la mentalidad pueden ser superadas.
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Por qué es tan difícil cambiar la mentalidad

En un hallazgo reciente, la investigadora Kitty XuLos, de la Universidad Johns Hopkins, ha descubierto a qué se debe que las personas seamos tan reacias a cambiar la mentalidad. Según el estudio, en el que se han usado resonancias magnéticas, invertir una decisión u opinión requiere de una comunicación cruzada  de dos zonas diferentes del cerebro, por lo que modificar una idea adquirida resulta muy complejo, incluso unos milisegundos después de tomar una decisión.

En este sentido, como explica el neuropsicólogo Andrés Rada, “la razón de las conductas y sentimientos del ser humano está relacionada con lo ‘adictos’ que nos volvamos a dichas emociones, es decir, cada vez que pensamos, fabricamos sustancias químicas que recorren nuestro cerebro a través de las neuronas y llegan a todo el organismo manifestándose por medio de emociones”. Como consecuencia, en el momento en que te sientes de la manera que estás pensando, empiezas a pensar de la manera en que te estás sintiendo, produciendo más sustancias químicas en el cerebro que nos reafirmaran dicha emoción sin que podamos eliminarla ya que se convirtió en acto repetitivo inconsciente”, añade el doctor Joe Dispenza, autor de Breaking the Habit of Being Yourself.

Esto provoca una espiral negativa de autoafirmación que, aunque se trate de ideas o comportamientos errados, impide la reinvención de uno mismo. ¿Cómo podemos romper este círculo vicioso?

La Matriz de inmunidad al cambio

Para lograr romper con las cadenas mentales y emocionales que nosotros mismos nos imponemos, Robert Kegan y Lisa Laskow Lahey, de la Universidad de Harvard, han desarrollado un exitoso modelo plasmado en su libro Inmunidad al cambio.

Su propuesta parte de la premisa de que los seres humanos somos resistentes o ‘inmunes’ al cambio debido a que nuestro propio sistema ha desarrollado una serie de defensas protectoras. El problema surge cuando estos escudos no solo nos alejan de los problemas, sino que también nos ‘protegen’ de aspectos positivos y ocasionan que confundamos los propios sentimientos.

Tras 30 años de estudios en el campo de la conducta humana y el aprendizaje, estos investigadores proponen la Matriz de Inmunidad al Cambio, un proceso de cuatro fases para la mejora continua de cualquier individuo mediante el autoanálisis profundo de las creencias irracionales, pero tenidas como verdaderas, que sabotean nuestros esfuerzos y nos impiden cambiar la mentalidad e introducir cambios positivos a nivel personal y profesional.

¿Cuáles son estos pasos para cambiar la mentalidad?

  • Definir la agenda oculta. Los expertos recomiendan comenzar el ejercicio reflexionando sobre lo que estamos haciendo –o evitando hacer- en lugar de afrontar el compromiso, es decir, descubrir qué queremos conseguir y qué acciones estamos adoptando para evitarlo. Por ejemplo, si el objetivo es convertirnos en un líder con ‘don de gentes’, podremos anotar como sabotajes nuestra negativa a acudir a la comida de empresa o el hecho de permanecer en el despacho toda la jornada sin relacionarnos con los trabajadores.
  • Identificar los compromisos ocultos. Para Kegan y Lahey, existen una serie de compromisos ocultos que impiden cambiar la mentalidad al entrar en contradicción con nuestro objetivo. Así, ser más sociables puede chocar contra nuestra autodefensa para no ser herido por los demás.
  • Reconocer los grandes supuestos. En este punto, se trata de buscar la auténtica razón que da lugar a los compromisos ocultos y las acciones de sabotaje que impiden cambiar la mentalidad. Siguiendo con el ejemplo, este miedo a ser herido procede de un sentimiento de debilidad, es decir, el temor a no poder recuperarnos del daño emocional.
  • Planificar un cambio adaptativo. El último paso del proceso consiste en buscar una solución alternativa que compatibilice nuestros objetivos y necesidades emocionales en entornos de bajo riesgo, aumentando de forma paulatina ese acercamiento hacia lo que queremos conseguir. Se trata de comenzar, por ejemplo, saliendo 10 minutos al día del despacho para saludar a los empleados y preguntar cómo se encuentran y qué tal llevan el trabajo.





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