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Guía: Claves para el éxito en la gestión de personas

“Los seres vivos son manojos de hábitos”. Esta es la idea inicial del trabajo de William James, uno de los referentes de la Psicología moderna y la Neurociencia social, quien ha analizado en profundidad cómo cambiar de hábitos gracias a la plasticidad del cerebro.

Todos tenemos hábitos, buenos y malos, en nuestro día a día. En el ámbito laboral también, como por ejemplo, confirmar las reuniones con los participantes, enviar notas de agradecimiento, llegar 5 minutos tarde por las mañana, realizar un listado de tareas pendientes para el día siguiente, organizar el escritorio antes de salir, dejar la puerta abierta a pesar de estar la calefacción encendida… Sin embargo, está en nuestra mano transformar los hábitos negativos por otros positivos.

¿Qué son los hábitos?

Según la Real Academia de la Lengua Española, el hábito es el “modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes u originado por tendencias instintivas”.

Por su parte, Pierre Bourdieu, en Raisons pratiques, define los hábitos como “el conjunto de esquemas generativos a partir de los cuales los sujetos perciben el mundo y actúan sobre él”, mientras que Jesús Guerrero, en su blog, los concibe como “una acción repetida de forma constante o periódica por parte de una persona, ya sea consciente o inconscientemente”.

En este sentido, cabe destacar la clasificación que James recoge en su libro Principios de Psicología de los hábitos en dos tipos:

  • Los instintos, que responden a la naturaleza innata de la persona.
  • Los actos de razón, que se generan como consecuencia de educación posterior.

De ahí que Virginia Aspe y Ana Teresa López, en Hacia un desarrollo humano: valores, actitudes y hábitos, definan el segundo tipo de hábitos como “la capacidad que el hombre tiene de disponerse de un modo distinto de cómo es por su naturaleza aunque no vaya en contra de ella”.

Y aunque pasen casi desapercibidos por la naturalidad con la que son aplicados, una investigación de la Universidad de Duke sostiene que son los hábitos, y no decisiones puntuales, los detonantes del 40% de las acciones que llevan a cabo las personas cada día.

¿Para qué sirven los hábitos?

¿Por qué compruebas que un correo importante está enviado o revisas tu agenda a primera hora de la mañana? El profesor de Psiquiatría, Neurociencia y Psicología de la Universidad de California Larry Squire explica que el cerebro humano tiende a crear los hábitos para ahorrar energía y optimizar el tiempo.

Así, en su investigación, analizó el comportamiento de una rata que buscaba comida en un laberinto: las primeras veces, se activaban considerablemente los ganglios basales, pero cuando el animal ya conocía el camino, este trabajo se reducía considerablemente, disminuyendo el esfuerzo. De este modo, “si dejamos que utilice sus mecanismos, el cerebro intentará convertir casi todas las rutinas en un hábito, porque así ahorra energía”, añade José Antonio Marina en su artículo Los hábitos, clave del aprendizaje.

Como consecuencia, la introducción de hábitos en el día a día de las personas generan los siguientes efectos:

  • Simplifican los movimientos requeridos para obtener un determinado resultado.
  • Reduce el margen de error, al adquirir mayor perfección con la práctica.
  • Disminuye la fatiga mental o física de los individuos.
  • Permite rebajar la concentración consciente al automatizar la conducta.
  • Mejora la capacidad de corregir rápidamente errores o desviaciones.

¿Se puede cambiar de hábitos?

Sí, como hemos comentado, los hábitos pueden ser modificados por las personas, tanto de forma interna como externa. De hecho, según recoge Maxwell Maltz en Psico-cibernética: el secreto para mejorar y transformar su vida, el proceso de adaptación de los individuos a un nuevo patrón requiere de un periodo de tan solo 21 días de media.

Por su parte, la investigadora de la University College London Phillippa Lally y su equipo, en How are habits formed: Modelling habit formation in the real world, estudiaron el plazo que necesitaban un centenar de personas en asumir una nueva acción saludable y cambiar de hábitos. Aunque este proceso duró entre 18 y 254 días, según los participantes, la media para crear o cambiar de hábitos se situó en 66 días.

Esto es gracias a la plasticidad del cerebro, es decir, la capacidad de la mente para adaptarse a los cambios, modificar la estructura física del cerebro, incorporando nuevos circuitos neuronales, y aceptar las nuevas pautas de forma gradual como algo natural, según las teorías de James.

En este sentido, “una vez que la estructura ha cedido a los cambios y adopta una nueva configuración, la propia inercia actúa como condición para la permanencia, tanto de la nueva forma como de los hábitos manifestados y adquiridos en el nuevo estado”, aseveran Carlos María Alcover y Fernando Rodríguez Mazo en Plasticidad Cerebral y Hábito en William James: un Antecedente para la Neurociencia Social.

Por ello, para cambiar de hábitos es necesario realizar una acción consciente que nos lleve a repetir el comportamiento deseado durante un periodo suficiente para que el cerebro lo asuma como la respuesta natural.

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