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Podemos analizar una y otra vez el cociente intelectual de los directivos sin que consigamos descubrir cuál es la clave del éxito o fracaso de unos y otros. Y es que para saber por qué unos líderes triunfan y otros no, debemos cambiar el punto de atención del IQ al  EQ (cociente emocional), donde juega un papel fundamental el autocontrol emocional.

Así, las investigaciones científicas desarrolladas en las últimas décadas coinciden en que los ejecutivos exitosos son aquellos que, entre otras habilidades emocionales, consiguen mantener la calma, la autoconfianza y la responsabilidad incluso en situaciones críticas. Como señalan David R. Carus y Peter Salovey en El directivo emocionalmente inteligente: la Inteligencia Emocional en la empresa, “las emociones no son solo importantes, sino que resultan absolutamente necesarias para tomar decisiones correctas, para emprender la acción más adecuada a la hora de resolver problemas, para asimilar los cambios y para tener éxito”.

Por eso, es necesario conocer como ejecutivos qué es la inteligencia emocional, cuáles son las implicaciones en la misma del autocontrol emocional y cuál es el impacto de un liderazgo emocional en el desempeño profesional.

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Inteligencia emocional: el punto de partida

Desde que Howard Gardner desarrollara en 1983 su Teoría de las inteligencias múltiples, numerosos autores, como Wayne Payne o Stanley Greenspan, han profundizado en el concepto de inteligencia emocional.

Entre ellos, Peter Salovey y John Mayer, en su obra Emotional Intelligence. Imagination, Cognition, and Personality, describen la inteligencia emocional como “la habilidad de las personas para percibir (en uno mismo y en los demás) y expresar las emociones de forma apropiada, la capacidad de usar dicha información emocional para facilitar el pensamiento, de comprender y razonar sobre las emociones y de regular las emociones en uno mismo y en los demás”.

Por su parte, Daniel Goleman, uno de los principales impulsores de la inteligencia emocional, concibe esta habilidad como “la capacidad de motivarse a sí mismo, de perseverar en un empeño a pesar de las frustraciones, de controlar los impulsos, diferir las gratificaciones, regular los propios estados de ánimo, controlar la angustia, empatizar y confiar en los demás”, según recoge en su libro Emotional Intelligence. De hecho, según sus estudios, el cociente intelectual solo representa el 20% del éxito de los profesionales, mientras que el 80% restante procede de otros factores, en gran medida, la inteligencia emocional.

El autocontrol emocional: uno de los pilares de la inteligencia emocional

Dentro de la inteligencia emocional, como ya hemos podido apreciar en las anteriores definiciones, ocupa un puesto muy importante el autocontrol emocional. Tanto es así que par Goleman, “los jefes que fracasan soportan mal la presión y tienden al mal humor y los ataques de cólera”.

En consecuencia, Goleman identifica cinco elementos compositivos de la inteligencia emocional: la conciencia de uno mismo, la motivación, la empatía, la capacidad de relación y, también, el autocontrol emocional.

Por su parte, Peter Salovey y David Sluyter, en Emotional Development and Emotional Intelligence, incluyen también esta habilidad dentro de las cinco dimensiones básicas de las competencias emocionales, junto a la cooperación, asertividad, responsabilidad y empatía.

Pero, ¿qué es el autocontrol emocional? Según explica este último autor en su trabajo La práctica de la inteligencia emocional, este término hace referencia a la “capacidad de manejar adecuadamente las emociones y los impulsos conflictivos”, es decir, el manejo de los sentimientos en condiciones especiales.

En este sentido, las personas que son capaces de controlar sus emocionales permanecen equilibradas, positivas e imperturbables en las situaciones más estresantes, gobiernan sus impulsos y gestionan sus emociones conflictivas, mantienen la concentración a pesar de las presiones y toman decisiones a partir de un razonamiento claro.

Influencia del autocontrol emocional en el trabajo

Uno de los ejemplos contrastados más claros del impacto del autocontrol emocional en el desempeño laboral nos remonta a la década de los 60, momento en el que la Universidad de Standorf, con Walter Mischel como coordinador, realizó un sencillo pero clarificador experimento: el test de las golosinas.

En la prueba se les facilitaba a niños de cuatro años una golosina, que podían comer inmediatamente, pero explicando que si esperaban 20 minutos para hacerlo, conseguirían una más. Doce años después, se analizó a los participantes, concluyendo que aquellos menores que tuvieron el autocontrol emocional para esperar a la segunda gominola eran más competentes socialmente, más emprendedores y más capaces de afrontar las frustraciones de la vida.

Junto a este trabajo, existen centenares de estudios que ratifican la interrelación entre autocontrol emocional y éxito personal y laboral. Por ejemplo, otra investigación llevada a cabo sobre casi 1.800 estudiantes de control aéreo determinó que el éxito o fracaso de los mismos dependía más de los niveles de ansiedad que sufrían que con los resultados de los tests de inteligencia.

Así, otros estudios señalan que, sin el adecuado autocontrol emocional, las situaciones de estrés y los desafíos profesionales se traducen en profecías del fracaso laboral. De hecho, como señala Goleman, “el precio que puede llegar a pagar una empresa por la baja inteligencia emocional de su personal es tan elevado, que fácilmente podría llevarla a la quiebra”.

No obstante, la inteligencia emocional, en general, y el autocontrol emocional, en particular, son capacidades que pueden desarrollarse. Para ello, en la Escuela Europea de Management, contamos con un amplio catálogo formativo, con más de 19.000 recursos, con el que mejorar estas habilidades, tanto a nivel general, como sobre aspectos concretos, a través de la plataforma Crossknowledge.

 

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