902 207 792 · skype:escuela_europea_management info@escuelamanagement.eu

Imaginemos que una empresa tiene externalizadas las funciones de contratación, por lo que cuando hay un proceso de selección, un reclutador concreto visita las instalaciones para realizar las entrevistas a los candidatos. De este modo, cada vez que esta persona aparece por la compañía, los empleados saben que pronto contarán con nuevos compañeros, gracias al aprendizaje asociativo.

Este modelo de aprendizaje es el que lleva a que algunas personas predigan un cambio de tiempo por el dolor de su rodilla, intuyan que hay un problema grave en la empresa cuando su teléfono suena el fin de semana o prevean una buena noticia solo viendo la cara de las personas que hay a su alrededor.

Aprendizaje asociativo: el poder de la relación causa-efecto

¿Qué es el aprendizaje asociativo?

En términos generales, el aprendizaje es “cualquier cambio de la conducta, relativamente permanente y estable, que se presenta como consecuencia de una experiencia”, según la definición recogida por Stephen Robbins en Comportamiento organizacional.

No obstante, la adquisición de comportamientos puede producirse de muy diversas formas. De hecho, existen hasta 13 tipos de aprendizaje, como el razonamiento inductivo, el significativo, el implícito, el colaborativo, el observacional o el emocional, entre otros.

Dentro de estos modelos de aprendizaje se encuentra el aprendizaje asociativo, aquel que se centra “en los procesos mentales que permiten a los animales, humanos y no humanos, adquirir información acerca de la estructura causal del ambiente en el que se mueven”, según sostiene Anthony Dickinson, en Contemporary Animal Learning Theory.

En este sentido, Gabriel Solano, en el artículo El aprendizaje asociativo y los antipsicóticos, describe el aprendizaje asociativo como “aquél que es obtenido a partir de la asociación entre un estímulo arbitrario y un estímulo gratificante o punitivo”.

Guía gratuita: Cómo potenciar el desarrollo personal y profesional

Se trata, en palabras de Óscar Castillero Mimenza, autor de Aprendizaje asociativo: tipos y características, del “proceso mediante el cual el ser humano y otros seres vivos establecen una vinculación o asociación entre dos o más fenómenos, de tal modo que aprenden y reaccionan a dicha relación”.

Tipos de aprendizaje asociativo

Dentro del aprendizaje asociativo, existen dos tipologías distintas para que se produzca esa adquisición de conocimiento:

  • El condicionamiento clásico. Se trata de la asociación de dos estímulos en relación con una consecuencia. En este proceso, un estímulo que es capaz de generarnos por sí mismo una respuesta determinada se vincula con otro estímulo neutro, de tal manera que a medida que se ambos hechos se producen de forma conjunta, la respuesta ante el estímulo neutro pasa a ser igual o similar a la que provocaba el primero. El ejemplo más popular de este modelo es el “reflejo condicionado”, experimento realizado por el fisiólogo ruso Iván Pavlov con perros: en una primera fase, el autor daba al animal comida (estímulo) que provocaba que empezara a salivar (respuesta); en una segunda fase, antes de presentar el alimento sonaba una campana (estímulo neutro), de modo que, con el tiempo, al sonar la campana, el perro salivaba al oír el tañido, preparándose para recibir su comida.
  • Condicionamiento operante. La segunda forma de aprendizaje asociativo consiste en la asociación de comportamientos con sus consecuencias. En este caso, fueron Edward Thorndike y, posteriormente, Burrhus F. Skinner quienes evidenciaron científicamente este modelo a través de pruebas en las que unos animales aprendían a salir de una especie de laberinto de cajas mediante el método de ensayo-error reforzado por un castigo o recompensa.

Requisitos del aprendizaje asociativo

No obstante, para que el aprendizaje asociativo tenga lugar, deben darse una serie de circunstancias. Se trata de las llamadas leyes de asociación, consideradas como unas reglas universales para que esta vinculación entre causa y efecto tenga lugar:

  • Contigüidad: los dos fenómenos que deben ser asociados tienen que producirse de forma muy próxima en el espacio y el tiempo.
  • Contingencia: en términos similares, esta ley de asociación establece que existe un límite  en el intervalo temporal  en la presentación de ambos estímulos.Si el tiempo se prolonga demasiado no se produce la conexión asociativa entre ambos estímulos
  • Semejanza: si los dos estímulos producen representaciones mentales parecidas, es más probable que sean vinculados entre sí.
  • Contraste: ocurre lo mismo en el caso contrario, es decir, si esos hechos son completamente contrarios la asociación también se verá facilitada.
  • Frecuencia: cuando la evidencia entre causa y efecto se presenta de forma reiterada, la asimilación por las personas se fortalece.
  • Efecto: estos condicionamientos son más eficaces cuando la consecuencia prevista es entendida como una recompensa (refuerzo positivo), y no como un castigo (refuerzo negativo). “Los seres humanos aprendemos más fácilmente a realizar una acción si va seguida de algo bueno”, señala Chris Ritch en Descubriendo el poder de la mente.

Usos del aprendizaje asociativo

De este modo, gracias al aprendizaje asociativo, las personas somos capaces de anticipar consecuencias a partir de determinados estímulos, debido al establecimiento de relaciones de causalidad entre dos hechos. Es más, como apunta Castillero Mimenza, “no sólo asociamos estímulos, sino también ideas, conceptos y pensamientos, de tal modo que podemos desarrollar nuevos conocimientos incluso sin tener que someternos a una estimulación real”.

Por ello, el aprendizaje asociativo tiene gran cabida en múltiples áreas de nuestra vida, desde la esfera personal al ámbito laboral. Así, en nuestro día a día, asociamos ciertas canciones con hechos positivos o negativos; o, en la gestión del capital humano, los líderes asertivos que practican un constante reconocimiento de los logros de su equipo, logran que los empleados asocien su esfuerzo con este estímulo positivo de alabanza, aumentando su motivación para realizar un buen trabajo; o, en comunicación publicitaria, los profesionales pueden desarrollar una determinada imagen de marca en los consumidores a través del condicionamiento asociativo.

“El objetivo de este aprendizaje es generar significados vinculados estratégicamente a una serie de asociaciones, tanto tangibles como intangibles, con el fin de provocar una respuesta apropiada en relación a sus juicios y emociones”, explican Marian Núñez Cansado, Ana Sebastián Morillas y Daniel Muñoz Sastre en Principios de condicionamiento clásico de Pavlov en la estrategia creativa publicitaria.

¿Quieres saber más sobre el aprendizaje asociativo? Tanto si estás interesado en aplicar este sistema en las ventas y el marketing, como si deseas mejorar tus habilidades personales o tu capacidad de liderazgo, en la Escuela Europea de Management puedes encontrar acciones formativas específicas en estos ámbitos a través de nuestra tarifa plana de formación, impartida a través de la plataforma CrossKnowledge.





New Call-to-action