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Un puesto de trabajo en el que no nos eligen, un ascenso que se nos escapa, una mala relación con un compañero de trabajo, un error durante el desempeño laboral… En el día a día, existen numerosas circunstancias que pueden causarnos malestar en el trabajo y, aunque muchas veces, intentamos arrinconar internamente estos sentimientos negativos, las últimas investigaciones ponen de manifiesto la importancia de la aceptación emocional.

¿Qué es la aceptación emocional?

La aceptación emocional consiste en “la ausencia de juicio negativo ante la propia experiencia emocional”, según la definición aportada por Gonzalo Hervás y Rafael Jódar en Adaptación al castellano de la Escala de Dificultades en la Regulación Emocional. Es decir, “no se trata de sacar el sentimiento de la mente, ni de esconderlo en la ella, sino de experimentarlo con aceptación”, señala Carl Rogers, autor de El proceso de convertirse en persona.

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Esta práctica de autoconocimiento y consciencia interna es relativamente fácil cuando las emociones son positivas, pero el proceso se vuelve más complicado cuando estamos ante circunstancias adversas o hechos que no suceden como nos gustaría. ¿Por qué y cómo vamos a aceptar una pérdida, un fracaso, un sufrimiento…?”, plantea Pilar Navarro en el artículo Gestionar las emociones difíciles desde la aceptación. De hecho, resulta tan difícil trabajar la aceptación emocional que un experimento de las Universidades de Virginia y Harvard evidenció que entre un tercio y la mitad de las personas a las que se les solicitó que pasaran 20 minutos a solas meditando sobre sus propios sentimientos decidieron coger el móvil o escuchar música en ese tiempo.

La paradoja de la evitación emocional

Surge así la conducta opuesta: la evitación experiencial, es decir, nos negamos a experimentar pensamientos desagradables e intentamos, por todos los medios, huir de la experiencia emocional aversiva.

Sin embargo, esta ocultación de las emociones causa el efecto adverso al esperado. “Cada vez que uno niega o se resiste a algo, ejerce mayor presión al asunto y, por lo tanto, termina cronificando su propio malestar”, comenta Alicia Escaño Hidalgo en Oportunidades cotidianas para aprender a aceptar emociones.

Por tanto, la aceptación emocional es el único medio para afrontar las situaciones negativas –y positivas, claro-. “Aceptar lo que ha sucedido es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier desgracia”, comentaba ya en el siglo XIX el impulsor del pragmatismo William James, autor de Principios de Psicología. “La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar”, añade Rogers.

Y es que, como puntualiza la psicóloga Montse Jiménez en La aceptación de las emociones, “cuando observas qué se esconde tras esa emoción desagradable, se produce un insight, un darse cuenta de; cuando lo descubres con plena consciencia (mental, emocional y físicamente) es cuando se produce un cambio, una transformación”.

¿Por qué aceptar nuestras emociones, sean cuales sean?

Así lo ha puesto de manifiesto una reciente investigación de la Universidad de California en Berkeley, que ha demostrado la relación entre la aceptación emocional y el bienestar personal a partir del estudio del comportamiento de más de 1.300 personas.

Todos sentimos la presión por aparentar ser felices, tanto procedente de otras personas, como de nosotros mismos. ¿A quién no le han dicho, incluso en circunstancias bastante negativas, eso de “Venga, anímate, que así no consigues nada” o se ha convencido a sí mismo que debe mostrar una actitud positiva para no ‘molestar’ a los demás? Buscamos un estado de felicidad constante y, aunque nadie niega los beneficios del optimismo, esta actitud hedonista no nos resulta beneficiosa y causa mayor estrés y frustración para los individuos.

«Encontramos que las personas que habitualmente aceptan sus emociones negativas experimentan menos emociones negativas, lo que se traduce en una mejor salud psicológica», asegura Iris Mauss, autora principal del estudio The Psychological Health Benefits of Accepting Negative Emotions and Thoughts: Laboratory, Diary, and Longitudinal Evidence. Es decir, aquellos que disponen de una alta madurez emocional ante sentimientos negativos, como la tristeza, la decepción o el resentimiento, presentan menores síntomas del trastorno del estado de ánimo.

Esto se debe a que esta aceptación emocional nos permite no prestarle tanta atención a hechos ante los que no podemos hacer nada, evitando caer en lo que se denomina ‘rumiación’, de modo que, al reconocer esos sentimientos sin juzgar o tratar de cambiarlos, podemos lidiar con el estrés de forma más eficaz y lograr una mayor estabilidad emocional. De hecho, a nivel fisiológico, las personas con elevadas habilidades emocionales perciben los estímulos estresantes como menos amenazantes, de manera que sus niveles de cortisol y de presión sanguínea resultaban más bajos, según la investigación The moderating impact of emotional intelligence on free cortisol responses to stress de Moïra Mikolajczak, Emmanuel Roy, Olivier Luminet, Catherine Fillée y Philippe de Timary.

Para trabajar esta aceptación emocional y cualquier otro aspecto de la inteligencia emocional, en la Escuela Europea de Management impartimos el Curso Online Executive en Desarrollo Personal, un programa diseñado para aportar a los participantes las conocimientos y estrategias necesarios para mejorar sus habilidades personales y competencias interpersonales y potenciar su eficacia profesional y el crecimiento de las oportunidades en el mercado laboral.

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