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Los mapas mentales se han convertido en una útil herramienta para conseguir un aprendizaje significativo, ya sea durante los estudios o en el desempeño laboral, gracias a su capacidad para aumentar la comprensión de una materia, facilitar la memorización de conceptos, promover la asociación de ideas y servir de base para la planificación estratégica.

El poder de los mapas mentales

Esto se debe a que, según apuntan José Roig Zamora y Jessica Araya Ramírez en El uso del mapa mental como herramienta didáctica en los procesos de investigación, los mapas mentales representan la forma natural en que el cerebro funciona en relación con sus dos hemisferios, permitiendo un reequilibrio de las funciones de ambos lados: el derecho, que se relaciona con la imaginación, la creatividad, la visión general de las cosas; y el izquierdo, que considera el lenguaje, el orden, lo racional y la lógica.

Así, los mapas mentales se basan en nuestra manera natural de pensar, el pensamiento irradiante, es decir, propician las asociaciones automáticas de ideas que nos ayudan a conectar conceptos e ideas que, aparentemente, no guardan relación directa.

De hecho, Tony y Barry Buzan, en The mind book, definen los mapas mentales como “una poderosa técnica gráfica que aprovecha toda la gama de capacidades corticales y pone en marcha el auténtico potencial del cerebro”.
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Cómo crear mapas mentales

Ahora bien, para elaborar estas herramientas gráficas de forma adecuada hay que seguir una serie de reglas. En este sentido, José Andrés Ocaña, en el libro Pienso, luego existe mi empresa, establece una serie de parámetros a la hora de crear mapas mentales.

  1. Focalización. El primer paso para elaborar mapas mentales es determinar cuál va a ser el tema central sobre el que va a girar todo el contenido. Puede ser, por ejemplo, los tipos de personas jurídicas –para ese examen sobre modelos empresariales-, el lanzamiento de un nuevo producto –cuando un equipo de trabajo está tratando de sacar al mercado un nuevo artículo- o un destino turístico –si estamos planeando una escapada-.
  2. Organización. De este asunto principal debemos hacer partir una serie de subtemas de forma ramificada, priorizando la información en función de su relación con el tema central y su relevancia. Es decir, debemos estructurar el material de manera deliberada, haciendo partir de la idea ‘madre’ el resto de ideas secundarias.
  3. Agrupamiento. Estas ideas secundarias deben estar también agrupadas por su temática, agrupándose o expansiéndose a través de subcentros sucesivos.
  4. Contenido multicanal. Un consejo para elaborar mapas mentales es incluir en los mismos diferentes formas de información, desde imágenes y colores, hasta vídeos o sonidos, pues así permitimos activar el mayor número de sentidos posibles.
  5. Imágenes. Los elementos visuales no deben faltar en los mapas mentales, pues son más recordados que las palabras escritas. Como señala el doctor John Medina en Brain Rules, si escuchamos un fragmento de información, solo recordaremos el 10% de su contenido tres días después, pero si le añadimos una imagen, retendremos el 65% del mensaje.
  6. Uso de colores. También los colores y elementos gráficos (como líneas, flechas, cuadros…) juegan un papel esencial en los mapas mentales, siendo recomendable utilizar diferentes tonos y símbolos para facilitar la memorización. Por ejemplo, como asegura el trabajo Curso básico de mapas mentales, de la Diputación Foral de Guipúzcoa, las líneas curvas son menos aburridas que las rectas y despiertan mayor interés.
  7. Palabras claves o nodos. Del mismo modo, a la hora de conectar ideas, es mejor que nos decantemos por palabras clave o nodos, pues son más fáciles de recordar que una frase completa.

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