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Nos sentimos ansiosos ante una decisión difícil; enfadados por no conseguir una meta a pesar de los esfuerzos; o desanimados por que no llega el reconocimiento que esperamos. Todo el mundo se siente frustrado en mayor o menor medida, pero la clave del éxito es saber aprovechar los beneficios de la frustración, es decir, convertir un sentimiento a priori negativo en una oportunidad para desarrollar nuestro potencial.

¿Qué es la frustración?

Uno de los principales precursores del estudio de la frustración, Abram Amsel, define la frustración, en su trabajo Frustration Theory, como “el estado o respuesta del organismo que se desencadena cuando un sujeto experimenta una devaluación sorpresiva en la calidad o cantidad de un reforzador apetitivo, en presencia de señales previamente asociadas a un reforzador de mayor magnitud”.

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Por su parte, James O. y Sandra J. Wittaker, autores de Psicología con aplicación para Iberoamérica, se refieren a este sentimiento como “el truncamiento o interferencia con la conducta dirigida hacia una meta”, mientras que Aguirre Cárdenas, en el artículo Los desajustes emocionales del hombre, asegura que la frustración supone “un desajuste de orden psíquico que se produce al pretender alcanzar determinadas metas y no lograrlo”.

En términos generales, la frustración se concibe como un sentimiento desagradable al no conseguir un objetivo, pudiendo generar, a su vez, episodios de ansiedad, apatía, rabia, bloqueo mental, depresión o ira. Sin embargo, también existen beneficios de la frustración y esta puede convertirse en un impulso de mejora. Como apunta Amanda Fleming en The positive power of frustration, “a veces, solo tenemos que frustrarnos lo suficiente para hacer un cambio”.

¿Por qué nos frustramos?

La frustración aparece por esa pugna entre lo que queremos y lo que realmente obtenemos. Como señala el doctor Ichak Calderon Adizes en el artículo The Benefits of Frustrations “estamos luchando con algo realmente importante y, por lo tanto, significativo, y estamos frustrados porque no podemos encontrar una respuesta fácil a nuestras preguntas”.

Así, la frustración puede presentarse de diferentes formas:

  • Por barrera: cuando un obstáculo nos impide alcanzar una meta. Por ejemplo, cuando tratamos de encontrar un primer empleo y las ofertas solicitan experiencia previa.
  • Por incompatibilidad de dos objetivos positivos: en esta ocasión, la frustración aparece al tener que elegir uno y rechazar el otro. Sería la situación de recibir dos buenas ofertas de trabajo que nos gustan a la vez y tener que decantarnos por una.
  • Por conflicto o evitación: se trata, por el contrario, de tener que optar entre dos alternativas negativas, como aceptar una bajada de sueldo o abandonar la empresa.
  • Por conflicto aproximación-evitación: cuando una decisión conlleva tanto consecuencias positivas, como negativas, como cuando nos conceden ese esperado ascenso, pero esto supone un cambio de residencia a otra ciudad.

Beneficios de la frustración

Ahora bien, aunque pensemos que estos obstáculos no nos están ayudando y nos resistamos a ellos, lo cierto es que estas disrupciones nos ayudan a solucionar problemas y a ser más creativos. Como recomienda Tim Harford en la charla TED How frustration can make us more creative, “necesitamos obtener una mayor apreciación de las inesperadas ventajas que ofrece una situación desfavorable”.

En concreto, los beneficios de la frustración incluyen los siguientes aspectos:

  1. Rendimiento. La Psicología Cognitiva ha puesto de manifiesto en diversas ocasiones que las dificultades a las que se enfrentan las personas contribuyen notablemente a mejorar el rendimiento. Uno de estos estudios es el realizado por el psicólogo Daniel Oppenheimer, que solicitó a un grupo de alumnos que memorizaran un listado de fichas de especies ficticias escritas en dos tipos de letra: una de fácil lectura y otra más ilegible. El resultado fue que los estudiantes que tuvieron que aprenderse la información con la fuente más compleja obtuvieron mejores calificaciones que los que optaron por la letra sencilla y reconocible, ya que tuvieron que superar este obstáculo y frustración para poder leer y comprender los textos, lo que les llevó a aprender más y mejor.
  2. Eficiencia. Pero no solo es que nos esforcemos más, sino que también conseguimos mejores resultados, como demuestra el experimento llevado a cabo por la Psicóloga social Katherine Phillips. En la prueba, separó a los participantes en dos grupos: uno formado por cuatro amigos y otro compuesto por 3 amigos y una persona extraña. Todos tenían que resolver un caso de asesinato, descubriendo al autor entre tres opciones. El primer grupo solo acertó el 50% de las ocasiones, mientras que el segundo lo hizo en un 75% de veces. No obstante, lo curioso es que los primeros admitieron que la experiencia fue positiva y se sintieron satisfechos con su trabajo. En cambio, los segundos no disfrutaron del ejercicio y tampoco consideraron que habían hecho un buen trabajo, pese a los resultados, porque se sintieron llenos de dudas y frustración. Pero fue esta frustración lo que les permitió llegar a mejores soluciones
  3. Creatividad. Por su parte, psicóloga Shelley Carson comprobó otro de los beneficios de la frustración al analizar los logros conseguidos por los alumnos que tenían menos filtros para concentrarse en un tema o conversación. Su trabajo evidencia que, a pesar de la frustración que supone para los alumnos no saber bloquear las distracciones de su entorno, esta dispersión les permitía pensar fuera de la caja y ser más creativos.
  4. Experiencia. La frustración proviene por la no obtención de un resultado cuando se emplean todos los recursos para ello. Ahora bien, si conseguimos separar el sentimiento negativo de este hecho y razonar la situación con resiliencia, conseguiremos aprender sobre nuestros errores y debilidades. Esta información y experiencia es otro de los beneficios de frustración, es decir, la frustración termina en algún momento y nos deja conocimiento y experiencia. Como dijo Randy Pausch, “experiencia es lo que se obtiene, cuando no se consigue lo que se quiere”
  5. Motivación. Por último, no hay motivación sin frustración, pues el interés por conseguir una meta o la satisfacción por haberla logrado nace de una primera etapa de frustración. De hecho, siguiendo la Teoría de la Frustración de Abram Amsel, según las expectativas que nos creemos, nos sentiremos más o menos frustrados y, en función del nivel de frustración, obtendremos posteriormente una mayor o menor motivación y satisfacción.

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