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¿Has notado que necesitas más tiempo que antes para solucionar una fórmula matemática? ¿Te cuesta recordar números de teléfono o claves personales? ¿Sientes que ya no eres tan perspicaz en tus comentarios o que olvidas lo que tenías que hacer en cuestión de segundos? No te preocupes, porque puedes mejorar la agilidad mental siguiendo una serie de sencillos hábitos.

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¿Qué es la agilidad mental?

Etimológicamente, el término agilidad hace referencia a la aptitud de las personas de ejecutar de forma rápida y eficaz una tarea. Así, cuando hablamos de agilidad mental estamos circunscribiendo esta habilidad al plano intelectual.

En este sentido, la agilidad mental puede definirse como la capacidad de cambiar de sistema de referencia, de planificar, de iniciar una actividad, de reflexionar de manera creativa y de adaptarse a las exigencias de los cambios. Se trata, según el investigador William von Hippel, de “la capacidad de sacar las cosas de la memoria según sea la circunstancia particular a la que se enfrente la persona”.

Por ejemplo, cuando un individuo es capaz de coger al vuelo ese objeto que cae repentinamente o saltar un obstáculo inesperado, decimos que tiene una gran agilidad física, mientras que denota agilidad mental quien es capaz de ofrecer respuestas rápidas y correctas a determinados problemas intelectuales.

¿Para qué sirve ser ágil mentalmente?

En un entorno cambiante y exigente como el actual, la capacidad de adaptación y la flexibilidad son dos de las habilidades más demandas en el ámbito profesional. Las empresas buscan profesionales que reaccionen rápido y con creatividad.

Ahora bien, mejorar la agilidad mental no solo influye en nuestro IQ, sino que también refleja una mayor inteligencia social y desarrollo personal, según sostienen Leah D.Sheppard y Philip A.Vernon en Intelligence and speed of information processing: A review of 50 years of research. Como apunta Von Hippel, “la velocidad de respuesta es crítica para un montón de interacciones sociales que realizamos”.

De hecho, hay estudios que correlacionan la agilidad mental con el carisma, como la investigación Quick Thinkers Are Smooth Talkers: Mental Speed Facilitates Charisma, llevada a cabo por la Universidad de Queensland (Austrialia), en la que sus autores explican que “las personas que tienen esta capacidad la utilizan para tomar la iniciativa en conversaciones, reuniones o fiestas y tienden a llamar mucho la atención y a caer bien a los demás”, convirtiéndose en personas más sensibles socialmente.

¿Se puede mejorar la agilidad mental?

Gracias a la plasticidad del cerebro, las neuronas son capaces de aprender y adaptarse a los cambios. Con voluntad, cambio de hábitos y un entrenamiento adecuado y autodirigido, las células nerviosas pueden entrenarse y mejorar la agilidad mental. Se trata de enseñar a las neuronas nuevas formas de comportarse que son absorbidas y memorizadas, convirtiéndose en una respuesta automática.

En este sentido, el investigador sobre Neurociencia Néstor Braidot, en su libro Mejora tu agilidad mental en una semana, propone una serie de ejercicios o prácticas para optimizar nuestra capacidad de respuesta en tan solo siete días:

  • Ejercicio físico. Según el estudio Healthy Lifestyles Reduce the Incidence of Chronic Diseases and Dementia: Evidence from the Caerphilly Cohort, el ejercicio regular reduce el riesgo de demencia en un 60%. El deporte favorece la generación de nuevas neuronas al tiempo que permite reducir el estrés y ‘limpiar’ las células existentes, lo que desemboca en una mayor velocidad mental.
  • Buena alimentación. Como señala Braidot, los hábitos alimenticios que aumentan el riesgo cardiovascular están relacionados con la pérdida de volumen cerebral. Por tanto, seguir una dieta rica en ácidos grasos poliinsaturados potencia la creación de nuevas neuronas.
  • Ejercicio mental. El cerebro actúa como un músculo más, por lo que ejercitarlo a través de actividades como la lectura, la música, el aprendizaje de idiomas o, simplemente, las relaciones sociales, contribuye a que consigamos un máximo rendimiento.
  • Meditación. La práctica de meditación tiene un impacto positivo en la densidad cerebral, según la investigación Mindfulness practice leads to increases in regional brain gray matter density. Como decíamos antes, reducir el estrés facilita la interconexión neuronal, por lo que dedicar unos minutos al día a relajarnos nos ayudará también a mejorar la agilidad mental.
  • Descanso. Si estuviéramos horas corriendo sin interrupción, nuestro cuerpo finalmente desfallecería; lo mismo le ocurre al cerebro: necesita descanso para formatearse y recuperar la concentración, memoria y aprendizaje, como si de un ordenador se tratara.
  • Actitud. El estado emocional también es clave para mejorar la agilidad mental. Como señala el autor, “la actitud y el estilo de vida son factores decisivos para el buen funcionamiento de la memoria”.
  • Entrenamiento. Si a estos hábitos le sumamos un entrenamiento neurocognitivo enfocado hacia la mejora de la velocidad de respuesta mental los resultados no tardarán en llegar. Se trata de realizar ejercicios especialmente ideados para desarrollar la concentración, la memoria y la capacidad de respuesta, como memoramas, enigmas, matrices numéricas y otros juegos para entrenar la agilidad de nuestra mente.

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