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Seguro que en algún momento has escuchado a alguien decir con orgullo que le gusta ser perfeccionista. Es obvio que la búsqueda de la excelencia es una cualidad positiva y que solo se puede alcanzar el éxito cuando te exiges el máximo rendimiento, pero ¿hasta qué punto el perfeccionismo es un valor añadido?

Como apuntan Robert E. Kaplan y Robert B. Kaiser en su libro Fear Your Strength: What You Are Best at Could Be Your Biggest Problem, “todas las fortalezas pueden convertirse en debilidades cuando se usan en exceso”. En esta carrera hacia la perfección para conseguir el reconocimiento de los superiores, satisfacer tu propio ego o promocionar dentro de la compañía, es fácil que quedes atrapado por unos inalcanzables estándares, provocando serios efectos negativos en tu desarrollo profesional.

La paradoja del perfeccionismo

Ser perfeccionista presenta atributos positivos, como marcarse grandes retos, esforzarse al máximo para obtener resultados, buscar la excelencia, adquirir constantemente nuevas habilidades y competencias, tener el trabajo al día, trabajar de forma organizada, prevenir los errores…

Sin embargo, las personas perfeccionistas también suelen ser rígidas en su pensamiento, muy críticas consigo mismas y sometidas a un sentimiento permanente de ansiedad y el sufrimiento, según señala Beatriz G. Portalatín en el artículo La paradoja del perfeccionismo. De hecho, según un estudio realizado por la Universidad de Brock (en Ontario), este tipo de personas son más propensas a sentirse mal y sufrir falta de sueño, dolor y fatigas y es considerado por la investigación Is There An Antidote To Perfectionism? como un factor de riesgo de suicidio.

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Así, según la Real Academia de la Lengua Española, el perfeccionismo consiste en la “tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado”. Y es en ese adverbio, indefinidamente, donde radica el principal problema de ser perfeccionista pues, llevado al extremo, genera serias consecuencias para los profesionales.

10 alertas de ser perfeccionista en exceso

¿Dónde está el límite? Según el Consejo de Coaches de Forbes Coaches Council, existen 10 señales que te advierten de que estás convirtiendo la perfección en una obsesión perjudicial:

  1. Plazos incumplidos. Cuando no consigues realizar a tiempo los encargos, porque nunca consideras que están concluidos, es un claro indicio de una conducta negativa que denota más inseguridad que excelencia. Por ello, en lugar de buscar esa perfección, que es subjetiva, los profesionales deben atenerse a unos parámetros objetivos sobre un trabajo bien hecho.
  2. Menosprecio de los demás. Es habitual que los perfeccionistas argumenten su conducta diciendo que su nivel de exigencia es muy alto, lo cual da a entender al resto de personas que los suyos no lo son, lo que puede herir a los demás y perjudicar las relaciones.
  3. Faltas de respeto. Satisfacer a una persona perfeccionista es una ardua tarea, pero si además lleva aparejadas correcciones o reprimendas en público por parte de esta, la dinámica de grupo se verá afectada.
  4. Pérdida de innovación. Acercarse a la perfección se consigue mediante repetición y dominio de una materia, por lo que este tipo de profesionales prefieren mantenerse en su zona de confort y evitar asumir proyectos innovadores que no dominen.
  5. Bloqueo de nuevas ideas. En este mismo sentido, cuando rechazas buenas ideas solo por el mero hecho de que son nuevas y, como tales, suponen un riesgo, estás aplicando un perfeccionismo negativo.
  6. Toma de decisiones lenta. Ser perfeccionista tiene mucho de inseguridad, por lo que si notas que siempre pospones la toma de decisiones porque la solución no te satisface completamente, debes plantearte un cambio de conducta. Recuerda que, en el ámbito empresarial, la gestión necesita agilidad para adaptarse a los nuevos escenarios.
  7. Actitud reactiva. Lo mismo ocurre respecto al comportamiento, donde ser perfeccionista puede llevarte a desarrollar una actitud reactiva, en lugar de aplicar una respuesta proactiva.
  8. Aumento de la ansiedad. El hecho de que nada sea lo suficientemente bueno genera mucha frustración, tanto para la propia persona, como para el resto de colaboradores, lo que incrementará los niveles de ansiedad del equipo.
  9. Falta de confianza. La autoconfianza se consigue probando cosas nuevas, fracasando y superando los errores, así que si ser perfeccionista te impide llevar a cabo este proceso nunca conseguirás evolucionar como profesional.
  10. Productividad baja. La Ley de Pareto dice que el 20% del esfuerzo genera el 80% de las consecuencias, pero los perfeccionistas utilizan otro 80% de su tiempo para aumentar ese porcentaje hasta el 100% (su ansiada perfección, según ellos), lo que hace que su trabajo sea mucho menos eficiente y que la productividad descienda.

No obstante, un punto de perfeccionismo siempre es positivo. ¿Quieres mejorar personalmente? Descubre el Curso Online Desarrolla tus Habilidades Personales de la Escuela Europea de Management, con el que aprenderás a tomar decisiones alternativas, gestionar el estrés, desarrollar el pensamiento creativo y potenciar la inteligencia emocional.

 





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